CRÍTICA
Empezaré diciendo que el director Tomaz Pandur me parece uno de los creadores teatrales más interesantes de la actualidad, y que todo lo que hace merece la pena ser visto. Puede gustar o no, pero no deja indiferente. De ahí su legión de seguidores a la par que de detractores. Su obsesión por la éstetica y capacidad para crear atmósferas sórdidas y opresivas es única. Así como su concepción de las obras escénicas como espectáculos multidisciplinares en los que intenta llegar a una experiencia sensorial completa.
Dicho esto, “La caída de los dioses” sigue fiel al espíritu de su obra anterior, pero no es de sus mejores creaciones. Aunque a priori el tema parecía idóneo para Pandur y la verdad es que sus obsesiones guardan estrecha relación con las viscontinianas. “La caída de los dioses” es una magnífica e intensísima (tal vez en exceso, incluso) película donde el director italiano Luchino Visconti dejaba libre multitud de fantasmas en el marco de la Alemania de los años treinta: el auge del nazismo, las luchas intestinas en el seno de una familia (y del propio partido nazi), pederastia, incesto, homosexualidad, asesinato… Todo en una atmósfera decadente y opresiva, insana y lujuriosa, una mezcla entre un cabaret macabro (famosa es la escena de Helmut Berger travestido como Marlene Dietrich) y Shakespeare (con ecos de Macbeth y Hamlet).
Todo ello lo hacía una obra perfecta para que Pandur con sus propios fantasmas estéticos la adaptara a su mundo y al mundo escénico. Y el resultado, aunque interesante sin duda alguna, es algo insatisfactorio, que hace añorar otros espectáculos suyos. Por un lado, la intensidad que tiene el film durante todo su metraje, Pandur lo consigue únicamente ya avanzada la obra (sobre todo en la segunda parte de la misma, notoriamente más intensa y potente que la primera). Los motivos pueden ser varios. Por un lado, una adaptación del texto que, a pesar de ser bastante fiel, tiene ligeros cambios que despistan y hacen que no se siga bien el hilo de la obra (que ya de por sí es algo complicada debido a la multitud de diferentes lazos familiares que unen a los personajes) si no se ha visto con anterioridad la película. Tal vez Pandur lo haya hecho a propósito, pero no parece beneficioso para que el público pueda entender completamente el espectáculo. Hay cambios, como que el comienzo de la obra sea la celebración de una cena-funeral en honor del patriarca Joachim Von Essembeck. Cambio notable con respecto a la película, ya que en ésta, el patriarca posteriormente será asesinado por otro de los personajes con la pistola de un tercero. Sin embargo esta acusación en la obra al personaje del injustamente perseguido Herbert sí que se articula en torno a este asesinato que no se ve reflejado, y que resulta absurdo al ya haber comenzado la obra con el patriarca muerto. Quedan veladas así también la pederastia de Martin (hay una confusa escena con una muñeca, que creo que despista más que otra cosa) y se potencia el carácter homosexual de todos los personajes. Asimismo desaparece un momento muy importante de la película como es la masacre de “La noche de los cuchillos largos”, sustituida por un momento de lujuria homosexual entre otros dos personajes que desde luego no estaba en el film (no porque a Visconti no le gustara este tipo de escenas, porque en la pelícla lo que había era más exagerado incluso, una bacanal entre los miembros de las SA). La de Pandur es una escena interesante e intensa, que se muestra como símbolo de la relación entre las SS y las SA, pero que de todas formas despista también por inesperada y en cierto modo carente de sentido en la evolución de los personajes. Igual que tampoco aparecía explícitamente la relación entre Martin y Gunther (y desaparece el personaje de la amante de Martin).
Sin embargo hay otras escenas en las que Pandur demuestra su capacidad para impactar, aunque a algunos les parezca que estén cerca del ridículo, como la escena de Belén Rueda cortando repollo violentamente mientras Elisabeth le ruega que la deje marchar. Es una escena muy peligrosa pero desde luego para mí funcionó perfectamente. Esa fisicidad en las puestas en escenas de Pandur (recordemos por ejemplo la sandía de “Barroco”), me parece fantástica y en cierto modo también marca de fábrica del esloveno.
En cuanto al decorado: una cinta transportadora, una pantalla que cubre todo el fondo del escenario y una lámina metálica que hace de espejo sobre los personajes (y que va moviéndose y cambiando de ángulo durante la representación) son los pilares sobre los que se asienta la puesta en escena. Sobre la cinta transportadora van realizándose los cambios de escena y la mayoría de entradas y salidas del escenario. Es un recurso magnífico, increíblemente útil, funcional y a la par muy estético, pero que tal vez juega en contra de la obra, al dotarla de un excesivo estatismo. Lo que vemos ante nosotros son cuadros, pinturas, bellísimas, con claroscuros dignos de Caravaggio, pero carentes de emoción. Acompañadas en todo momento por un piano en directo a la derecha y fuera del escenario, que tal vez puede resultar repetitivo (muy en la línea de creación de atmósferas tipo “Eyes Wide Shut” de Stanley Kubrick). El espejo a su vez (recurso utilizado también en “Infierno”, aunque en ésta de forma más espectacular) aporta imágenes perturbadoras y maravillosas en ocasiones que nos dan otro ángulo con el que observar a los personajes. Y la pantalla del fondo (utilizada con imágenes de la Alemania nazi o como una pantalla en blanco refulgente) en parte nos recuerda al mundo del cine, idea reforzada además por la interrupción y repetición de diálogos (anunciada por una sirena de bombardeo estruendosa) como si de un rodaje se tratara (con aparición del director incluida), que sirven para desdramatizar el transcurso de la historia y potenciar el efecto de distanciamiento. Tal vez falta algo de sus obras anteriores. Podríamos decir que ésta parece más “sencilla” (aunque en Pandur el concepto “sencillo” parece que no exista), comparada por ejemplo con “Infierno”, para mí tal vez su obra maestra, que era un exceso con cabida a todas las disciplinas (incluida danza, canto…aunque en esta obra también podamos encontrar esto último).
En cuanto a la actuación, en general sirven todos a la perfección para la intención de Pandur, con caracterizaciones magníficas de acorde a cada uno de sus personajes. Belén Rueda se erige como uno de los pilares centrales con el personaje de Sophie Von Essembeck. Un personaje humanizado en esta adaptación, ya que vemos un momento de debilidad y desesperación, sola, gimiendo y arrastrándose, que no estaba en la película, y tampoco vemos tan evidentemente su caracter de Lady Macbeth (se ha eliminado en la adaptacion la escena en la que le sugiere a Friederich que asesine a Joachim). Belén Rueda tiene el porte (y el vestuario, fantástico) necesario para convertirse en una digna sucesora de Ingrid Thulin. Pablo Rivero como Martin (Helmut Berger en la película), el hijo de Sophie, sorprende. La verdad es que transmite bastante bien ese carácter tortuoso y lujurioso de su personaje, otro de los pilares del espectáculo. Destaca sobre los demás Fernando Cayo como el primo Von Aschembach, en un registro intenso y en cierto modo algo más contenido con respecto a otros de sus compañeros. Manuel de Blas demuestra su saber hacer como el desagradable Konstantin y Alberto Jiménez dota de mayor seguridad que en la película hacía Dick Bogarde al personaje de Friedrich. Francisco Boira y Nur Levi, como únicos personajes positivos de la obra, cumplen con su cometido también perfectamente (un poco más floja Nur Levi al comienzo del espectáculo, pero remontando en su último discurso). Santi Marin físicamente es el Gunther ideal, aunque le falten algunos recursos actorales, y Emilio Gavira es el perfecto maestro de ceremonias y director. Es cierto que las actuaciones en las obras de Pandur pueden parecer excesivas, llenas de gritos y expresiones desencajadas, pero es a eso a lo que juega, lo que le gusta y lo que pretende.
En definitiva, “La caída de los dioses” es un espectáculo tal vez no apto para todos los públicos (si a alguien no le gusta Pandur, no hace falta que vaya a verlo) pero que merece la pena, oscuro y decadente, primordialmente estético y muy intenso en ocasiones, en el que Pandur sigue haciendo lo que le gusta, poniendo en escena su característico estilo de comprender el hecho teatral.
FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA
LA CAÍDA DE LOS DIOSES
Basada en la historia y el guión original de
Nicola Badalucco, Enrico Medioli y Luchino Visconti
Adaptación para teatro de Tomaž Pandur
NAVES DEL ESPAÑOL
Del 25 de agosto al 23 de octubre
Reparto (por orden de intervención)
Baronesa Sophie von Essenbeck Belén Rueda
Elisabeth Thallmann Nur levi
Baron Konstantin von Essenbeck Manuel de Blas
Herbert Thallmann Francisco Boira
Martin von Essenbeck, su hijo Pablo Rivero
Von Aschenbach Fernando Cayo
Friedrich Bruckmann Alberto Jiménez
Janek Emilio Gavira
Günther von Essenbeck Santi Marín
Pianista Ramón Grau
Equipo Artístico
Dramaturgia Livija Pandur
Escenografía NUMEN (Sven Jonke)
Vestuario Angelina Atlagić
Iluminación Juan Gómez Cornejo
Diseño de videoescena Álvaro Luna
Traducción Pablo Viar
Coordinación Musical Antonio Moreno
Fotografías de escena Alojsa Rebolj
Diseño cartel y retratos de actores Javier Naval
Ayudante de dirección Damià Plensa
Colaborador de dirección Ronald Savković
Ayudante de escenografía y vestuario Nicolás Bueno
Diseño de caracterización Chema Noci
Realización escenográfica Equipo del Teatro Español
Utilería y Atrezzo Nicolás Bueno y Alexandro Lanzillotti,
Creator of Legend, Damyr, Numen
Realización vestuario Sastrería Cornejo
Realización de pelucas Antoñita, Vda. de Ruiz
Realización Espacio Sonoro Ignacio Hita
Versión y Dirección Tomaž Pandur
Una producción del TEATRO ESPAÑOL de Madrid en colaboración con el Teatro Calderón de Valladolid y el Festival GREC de Barcelona
MATADERO, NAVES DEL ESPAÑOL, MADRID
Fecha de la representación a la que alude la crítica:
31/08/2011
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