AMADEU, de Albert Boadella. El simplismo político hecho musical.

 

CRÍTICA

Dónde quedaron los tiempos de Els Joglars, dónde quedaron… Amadeu, el último espectáculo de una de las cabezas pensantes de este mítico grupo teatral, Albert Boadella, nos narra la historia de un periodista aficionado al rock al que le endosan un reportaje sobre la figura del compositor de Zarzuela Amadeo Vives debido a una polémica por la que parece que nadie en Cataluña quiere mantener los gastos de su tumba  y puede acabar en una fosa común. Boadella hace de este material un espectáculo simplista, burdo, sin gracia y aburrido, sólo apto para los muy amantes del género chico. Y no es que yo sienta rechazo ante este tipo de género. He disfrutado enormemente con espectáculos similares, como El gato montés (y más patriótico que eso no hay nada) o Las de Caín, sin ir más lejos. Pero esto es otra cosa muy diferente. La puesta en escena es prácticamente inexistente y el feísmo llega a cotas bastante difíciles de superar. Sólo se encuentra la orquesta sobre el escenario y los dos actores con un piano. El resto de intérpretes van y vienen por ese escenario vacío, que no es el escenario vacío de Peter Brook sino un escenario carente de sentido. O lo que es peor, de un tremendo servilismo político, ya que a la postre el espectáculo se transforma en un burdo homenaje a la figura del músico (a cuento de qué esa caracterización de Antoni Comas que parece casi el jorobado de Notre Dame en versión catalana), mezcla de El conciertazo y el Diario de la Noche de Telemadrid.

Boadella parece que se siente identificado con el compositor y el hecho de que la sociedad catalana le repudie al afincarse en Madrid, después de componer himnos catalanes, para realizar composiciones españolistas como la zarzuela. Y es que el tema está tratado de una forma tan burda que hasta sonroja. Y sin gracia ninguna en los chistes o espectacularidad en los números, como podría ser de esperar. Unos números que tampoco son especialmente brillantes y que los cantantes defienden correctamente, pero no mucho más. Boadella manipula los elementos a su antojo para transmitir su moraleja: el uso de los mismos quince segundos de rock utilizados veinte veces durante la representación para hacer que se les coja asco (en vez de utilizar diferentes fragmentos) es una decisión tan demagógica como obviar la información del funeral multitudinario del que fue objeto Vives en Cataluña.

En cuanto a los intérpretes, Antoni Comas hace lo que le mandan, una caricatura de Vives, y como tal está bien (pero no se me ocurre nada más alejado de un homenaje que esto), y Raúl Fernández (al que vimos en la maravillosa Tres años de la Sala Guindalera) defiende como puede un personaje de encefalograma plano y nula profundidad, cliché vergonzoso de la juventud. Pero él no tiene la culpa y como comento defiende bastante bien lo indefendible. El espectáculo, que dura dos horas sin intermedio, es repetitivo hasta la saciedad y podrá ser del agrado de una parte del público, pero carece completamente de valor artístico, a no ser que la soflama política se considere un arte.

FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

Dirección y dramaturgia: Albert Boadella / Dirección musical: Miguel Roa y Manuel Coves / Dirección del Coro JORCAM ACADÉMICA: Félix Redondo / Coreografía: Ramón Oller / Escenografía: Ricardo Sánchez-Cuerda / Actores: Amadeo Vives (Antoni Comas), Jordi (Raúl Fernández), Jefe de Redacción (Chema Ruiz) / Solistas: Auxiliadora Toledano – soprano (14, 18, 20, 21, 25, 27, 29 de abril, 2, 3 y 6 de mayo); Yolanda Marín – soprano (14, 15, 19, 22, 24, 26, 28 de abril, 1, 4 y 5 de mayo); Joana Thome – mezzosoprano (14, 18, 20, 22, 25, 27, 29 de abril, 2, 3 y 6 de mayo); Lola Casariego – mezzosoprano (14, 15, 19, 21, 24, 26, 28 de abril, 1, 4 y 5 de mayo); Israel Lozano – tenor (14, 18, 20, 22, 25, 27, 29 de abril, 2, 3 y 6 de mayo); Francisco Corujo – tenor (14, 15, 19, 21, 24, 26, 28 de abril, 1, 4 y 5 de mayo)  /JORCAM Académica.

 

EL NACIONAL de Els Joglars, una ceremonia de amor por el teatro

El Nacional (1993)

 

CRÍTICA

Amor al teatro. Esto es lo que respira esta obra de Els Joglars por cada uno de sus poros. Pocas veces se han visto una obra tan crítica con el mundo artístico y a la vez que demuestre tanto amor por su concepto. Un espectáculo hecho por y para gente que ama este mundo.

Don José, antiguo acomodador del que fuera el Teatro Nacional de Ópera (trasunto del Teatro Real), decide representar la ópera Rigoletto con un grupo de indigentes y la limpiadora que queda en el recinto, a cambio de dejarles vivir el el sancta sanctorum de la música. Los delirantes personajes toman el escenario y poco a poco comienzan a cogerle gustillo al tema, tanto para lo bueno como para lo malo, empezando a tener ínfulas como el resto de la gente que tanto odia Don José. Porque la verdad es que esta sátira está repleta de joyas, frases apuntadas contra el mundo artístico seudo intelectual, los organismos públicos, las subvenciones, los personajillos sedientos de poder, las producciones mastodónticas y todo aquello que estaba llevando a la ruina al mundo del espectáculo en 1993 cuando se estrenó esta obra y que sigue vigente (incluso más todavía) en el 2011.

Todos, todos los personajes son memorables y la labor que desempeñan los actores a todos los niveles, caracterización, trabajo corporal y hasta en algún caso vocalmente operístico, como el de la sorprendente soprano Begoña Alberdi  y el tenor que interpreta la jorobado Rigoletto. A todos se les coge cariño, ya que esa picaresca desprende una ternura tremendamente humana.

Boadella y Els Joglars utilizan un escenario único, repleto de velas (falsas unas, verdaderas otras), acogedor y de luz tenue, hace de esta velada un momento íntimo entre esos actores y el espectador (sobre todo si además más de la mitad del teatro Nuevo Alcalá vacío, como sucedió cuando fui a verla, lo que trasmite una sensación de desolación bastante apropiada para meterte en el ambiente de la obra). Es casi una ceremonia. Yo desde luego lo sentí así. Me tocó muy hondo, no sé por qué. Y no sé por qué me pareció tan tremendamente tierna, cuando ante todo es una sátira bastante demoledora con puñaladas lanzadas a diestro y siniestro. Pero a pesar de ese metalenguaje autoreferencial continuo, logró que me introdujera en ese decadente escenario como pocos espectáculos que he visto, disfrutando y sufriendo con esos personajes tan peculiares de Els Joglars.

 

Foto de Nell Becerra

 

FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

 

Dramaturgia, espacio escénico y dirección: Albert Boadella

 

Actores y personajes:

Jesús Agelet: Paganini (violín)

Begoña Alberdi: Manuela Castadiva (soprano)

Ramon Fontserè: Don Josep

Minnie Marx: Yuta (viola)

Lluís Olivé: Sanidad / Periodista/ Arquitecto

Pilar Sáenz: María

Xavi Sais: Carlos

Enrique Sánchez: Finito (barítono)

Dolors Tuneu: Svetlana

 

Ayudante de dirección:  Dolors Tuneu 

Asistente a la dirección: Martina Cabanas

Escenografía: Juan Sanz y M. Ángel Coso

Vestuario: Dolors Caminal

Diseño de iluminación: Bernat Jansà

Diseño de Sonido: Jordi Costa y Estudio Oído

Atrezzo: Jesús Agelet

Iluminación: Fer Lázaro

Coordinación técnica: Jordi Costa

Colab. musicales: JORCAM y  Juanjo Colomer

Clases de canto: Jordi Casanova

Fotografía: David Ruano

Diseño gráfico: Francisco Marcó

Coordinación giras y prensa: Alba Espinasa

Producción ejecutiva: Marcos Amat

 

FECHA DE LA REPRESENTACIÓN A LA QUE ALUDE LA CRÍTICA:

08/11/2011

 

 

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