POR LOS OJOS DE RAQUEL MELLER, ahora en el Teatro Reina Victoria

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Podéis encontrar mi crítica sobre el espectáculo Por los ojos de Raquel Meller, que se representa en el Teatro Reina Victoria de Madrid, en la web de cultura NOTODO.COM. En este enlace.

 

POR LOS OJOS DE RAQUEL MELLER, en la Sala Tribueñe. Un viaje al pasado

Para leer la crítica sobre el espectáculo Por los ojos de Raquel Meller que se representa en la Sala Tribueñe de Madrid, remito a mi reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar pinchando aquí.

CRÍTICA
Dios te guarde Raquel, llena eres de gracia, la emoción es contigo. Divina tú eres entre todas las estrellas, y divino es el fruto de tu arte, el cuplé.

Con un Ave María remozado en honor y gloria de Raquel Meller comienza este espectáculo de la Sala Tribueñe, que varias temporadas lleva ya reviviendo de forma estremecedora la figura de esta cupletista esencial de la cultura popular española. La más reconocida de su tiempo (y olvidada de éste), que celebra 50 años de su muerte. Por los ojos de Raquel Meller es uno de los espectáculos más fascinantes y singulares que se pueden ver en la cartelera de la capital. Un recorrido por la historia artística y vital de un país entero a través de los ojos de una mujer. Un paseo poético por los espectáculos de variedades y los ambientes y músicas de una época, con el fondo de la sempiterna historia de las dos Españas. Sumergirse en este espectáculo es tener un pase para la máquina del tiempo imaginada por H. G Wells. Fecha: cien años atrás. Caras blancas de labios y ojos marcados, melodías de otros tiempos, candilejas, escenarios artesanales, picardía y melancolía en un recorrido sentimental por la primera mitad del siglo XX. Un viaje en el que la magia se infiltra en los oídos y retinas de los espectadores, impregnados de polvos de arroz y cuplé.

Hugo Pérez es el artista renacentista moderno (director, libretista, escenógrafo, figurinista y coreógrafo del espectáculo, ahí es nada) responsable de este pequeño gran titán que sigue luchando contra viento y marea seis años después de su estreno. Y con indudable éxito. Porque consigue transportar durante más de dos horas al público a un tiempo pretérito de encanto indefinible. Con una sutileza y melancolía extremas. Y también con una inocente picardía y gracia absolutamente deliciosas. Un juego de imágenes de gran riqueza conjugado con piezas fundamentales de la música popular española (como La violetera, La flor de té o El relicario) que fascinan y emocionan a partes iguales. Hay infinitos elementos de maravilla, como por ejemplo el vestuario: un derroche de imaginación. Espectacular e inacabable desfile barroco de modelos con un fascinante complejo de horror vacui. El escenario, de aparente sencillez pero indudable elaboración, es un juego de telones pintados a mano que recuerdan los carteles de Tolouse Lautrec o los cuadros de componentes del Die Brücke tipo Kirchner. Imágenes expresionistas para un expresivo espectáculo que utiliza también un maravilloso juego de luces directas y claroscuros para crear un hálito misterioso y una atmósfera sin duda especial, en la que se resalta la palidez de unos intérpretes que parecen rescatados del pasado.

Un completo elenco que canta, baila, hace reír, emociona… Como magnífico elemento cómico hay que destacar a Rocío Osuna (que, entre otras, interpreta a la hermana de la Meller). Como emotivo, a Irina Kouberskaya (podría resultar extraño que una Raquel Meller madura tuviera acento ruso, pero la verdad es que se pasa por alto sin problema). Y por supuesto hay que ensalzar a la protagonista, una inmensa Maribel Per que encarna a la Meller. A su arte, su actitud (tanto la candidez de sus inicios como la prepotencia en su éxito), de forma extraordinaria. Pero todos, los siete actores (que parecen cincuenta en escena) son dignos de aleluyas y aplausos. Sus voces (porque todos cantan en directo acompañados por el piano de Mikhail Studyonov) y caracterizaciones obran el milagro de este misterioso y mágico viaje en el tiempo. Hugo Pérez y su troupe han brindado el mejor homenaje que se puede hacer a una figura, a todo un género y una época. Conseguiendo no resucitar, sino respirarla ahora, como dice Pérez. Porque esto es lo más cerca que se puede estar de un salón de variedades de principios de siglo sin poseer una máquina del tiempo. Adorable Raquel, madre del arte, canta para nosotros, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Vídeo:

Por los ojos de Raquel Meller por salatribuene

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