TRES HERMANAS, dirigida por Declan Donnellan. Puro Chéjov


 


CRÍTICA

Día vendrá
en el que todos sabrán el por qué de todo esto,
el por qué de todos estos sufrimientos; entonces no
habrá misterios de ninguna clase, pero mientras
tanto, hay que vivir…

Son las palabras de una de las tres hermanas al final de esta obra maestra del teatro ruso. Una historia sobre la búsqueda de la felicidad y cómo se escabulle de las manos. “Tres hermanas” es una de las obras fundamentales de Anton Chéjov, y en este caso viene de la mano del gran Declan Donnellan y su compañía rusa, como parte del ciclo Una mirada al mundo del CDN. Una versión fiel, perfecta y sólida que el mismísimo Chéjov seguramente habría aplaudido a rabiar.

Esta obra transcurre durante un período de varios años en un pueblo provincial, en donde las hermanas Prozorov viven junto a su hermano Andrei. Olga, la mayor, es maestra en una escuela; Masha está casada infelizmente con un maestro de la misma escuela e Irina, la más joven, es pretendida por el barón Nikolai, aunque ella no esté muy convencida. Todas sueñan con volver a su ciudad de la infancia, Moscú. Un lugar anhelado que siempre se mantiene como objetivo en el horizonte. Un sueño que nunca se verá realizado. Vershinin, teniente de la armada, se une al grupo (y Masha cae rendida ante él) al que también pertenece el doctor Chebutykin. 
Andrei se casa a su vez con Natalia Ivanovna, mujer aparentemente inocente que decide vengarse de las cuñadas desposeyéndolas poco a poco de todo lo que tienen. Es una obra maravillosa, sin grandes conflictos o héroes, pero que muestra en todo su esplendor la gran dramaturgia del ruso y su capacidad de análisis de la desesperanza humana.




Y Donnellan deja su compañía estable inglesa Cheek by Jowl para volver a utilizar actores rusos, como ya hizo en aquella increíble versión de “Noche de reyes (Twelfth night)” que trajo hace cuatro años al María Guerrero. Un ejercicio de fidelidad al texto extremo, que provoca por otro lado el que tal vez podría ser el único problema del montaje (para aquellos que no sepan ruso, es decir, la gran inmensa mayoría de los madrileños, vamos): y es que la velocidad de los sobretítulos y la cantidad de texto es tal, que resulta francamente difícil poder disfrutar en condiciones de los movimientos y las actuaciones, y es una pena, ya que esto resta algo de emocionalidad a la propuesta, inevitablemente y sin que se pueda solucionar de ninguna forma. Porque por otro lado es una suerte poder escuchar la musicalidad y sonoridad del idioma original (que se entremezcla con la musicalidad de canciones integradas en el montaje). Que si fuera en inglés, pues hay más facilidad para entender sin estar pendiente de los rotulitos, pero en ruso, pues como que resulta algo arduo (tres horas, además)… Y encima con la importancia que tiene el texto. Que si no, pues podía pasar uno un poco del tema. Pero claro, pues no es plan.

 

El caso, que dejando este punto aparte (completamente ajeno a la puesta en escena en sí), hay que reconocer que es un espectáculo increíblemente sólido, bello, y fiel al espíritu chéjoviano. La puesta en escena, minimalista, es un juego de movimientos y coreografías continuo entre los personajes que hace que no decaiga el ritmo en ningún momento (y mira que es difícil). El decorado, unos paneles verticales con un par de fotos en sepia de fondo para ambientar en la primera parte la fachada de la casa y en la segunda los abedules del campo de la finca. Y algunos elementos, unas sillas, mesas y poco más, que los mismos actores mueven en unas maravillosas transiciones que, al ritmo de la música, se transforman en verdaderas coreografías, sencillas pero bellísimas (y además de los pocos momentos en los que uno puede descansar los ojos de las letras y fijarse en los certeros y eficacísimos movimientos de los actores). Una iluminación perfecta (con velas en muchas de las escenas, que le dan un atmósfera especial también) y ambientación sonoro muy acertada, y un espléndido vestuario de época acompañan las portentosas interpretaciones de un reparto compactísimo en el que todos, absolutamente todos, están en su lugar. La Natalia de Ekaterina Sibiryakova es perfecta en su aparente dulzura y tontería. Como que dan ganas de que pegarla por el envenenamiento que poco a poco va introduciendo de forma ladina en esa familia. El Andrei de Alexei Dadonov es un perfecto pelele que conforme va avanzando la acción en más pelele se convierte todavía. El barón Nikolai de Andrei Kuzichev, a pesar de ser uno de los más actores más objetivamente atractivos de todo el reparto pero hacer de feo, dota a su personaje de una vulnerabilidad e inseguridad fantásticas. Y el resto están todos perfectos en sus roles, con mención especial evidentemente para las desdichadas tres hermanas protagonistas, por supuesto. La Olga de Evgenia Dmitrieva, la hermana mayor, es perfecta en su solidez y empaque, dotándola de una empatía maternal tremenda a la vez para con el resto de los personajes. La hermana pequeña, la Irina de Nelli Uvarova, es una delicia en su inocencia y alegría de la primera parte y su desesperanza de la segunda. Y la Masha de Irina Grineva es irresistible en su energía malgastada en ese ambiente, en su pasión y frustración. Tres ejemplos de sueños rotos y vidas malgastadas que podrían ser vecinas nuestras. Un siglo después.

Pasará el tiempo y nos iremos
para siempre. Se olvidarán de nosotras, olvidarán
nuestros rostros, nuestras voces y cuántas éramos;
pero nuestras penas se transformaran en alegrías para
los que vivan después que nosotras, la felicidad y
la paz reinarán en la tierra; los hombres encontrarán
una palabra amistosa para los que vivimos ahora y
nos bendecirán. Oh, mis queridas hermanas, nuestra
vida aún no ha terminado. ¡Viviremos! ¡Esa música
es tan alegre, tan gozosa! Un poco más, y sabremos
para qué vivimos, para qué sufrimos…¡ Si pudiéramos
saberlo, si pudiéramos saberlo!

 





FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

Dirección: Declan Donnellan
Escenografía: Nick Ormerod
Iluminación: Judith Greenwood
Música: Sergei Chekrizhov
Ayudante de dirección: Evgeni Pisarev
Entrenamiento de voz: Aida Jorosheva
Entrenamiento de movimiento: Ramune Jodorkaite
Ayudante de vestuario: Nataliya Vedeneeva
Productor general: Valery Shadrin

Reparto
Andrei Sergeevich Prozorov, Alexei Dadonov
Natalia Ivanovna, su esposa, Ekaterina Sibiryakova
Olga, Evgenia Dmitrieva
Masha, Irina Grineva
Irina, Nelli Uvarova
Fedor Ilich Kuligin, maestro y esposo de Masha, Vitali Egorov/Sergey Lanbamin
Alexander Ignatievich Vershinin, coronel Alexander Feklistov
Nikolai Lvovich Tuzenbach, barón y teniente, Andrei Kuzichev
Vasili Vasilievich Soleni, capitán, Andrei Merzlikin/Evgeni Pisarev
Ivan Romanovich Chebutikin, Igor Yasulovich/Mijail Zhigalov
Alexei Petrovich Fedotik, subteniente, Yuri Makeev
Vladimir Karpovich Rode, subteniente, Denis Beresnev
Ferapont, recadero municipal, Igor Yasulovich/Mijail Zhigalov
Anfisa, nodriza anciana, Galina Moracheva

Coproducción: Rusia – Reino Unido – Francia.- Agencia Federal de Cultura y Cinematografía, Departamento de Cultura de Moscú, Festival Internacional Chéjov de Moscú, Les Gémeaux/Sceaux/ Scène Nationale (París), La Filature/Scène Nationale de Mulhouse, en cooperación con Cheek by Jowl (Londres), con el apoyo del British Council de Rusia. Se estrenó en el teatro «Les Gemeaux» de París en abril de 2005. Con la colaboración del Centro Ruso de Ciencia y Cultura.

Idioma: ruso con sobretítulos en castellano
Duración: 3 horas.

Web del espectáculo


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