EL ALMA BUENA DE SE-CHUAN, dirigida por Vladimir Cruz. Un Brecht pasado por agua


ALMA BUENA de SE-CHUAN(Esta crítica fue publicada en la web de cultura Notodo.com con motivo del estreno de El alma buena de Se-Chuan en el Matadero de Madrid. Un despropósito dirigido por Vladimir Cruz. Para más información podéis hacer clic aquí y ver la reseña en la web de Notodo.)

EL ALMA BUENA DE SE-CHUAN. crítica por Miguel Gabaldón

El montaje empieza con el sonido de agua corriendo. Después asoma la cabeza un aguador: “¡Agua! ¡Agua para beber!” Pero no sólo hay agua para beber aquí. No. Hay agua que cae. Agua que arrastra y agua que lava las palabras. Agua por todas partes es lo que hace esta adaptación de El alma buena de Se-Chuan que ha llegado al Matadero de Madrid. Ya de por sí el texto es de primeras algo extraño en un autor como Bertolt Brecht (aunque luego tiene más de un punto en común con el resto de su cuerpo teatral y temático): Tres dioses, que han bajado a la tierra con el objetivo de comprobar si todavía existe al menos un alma buena, llegan a la ciudad china de Se-chuan después de un periplo por otros pueblos donde no hay ni cristo que quiera recibirles. Pero en Se-Chuan encuentran a una persona (sólo una) que quiere darles cobijo: la prostituta Shen-té. A la buena mujer, como recompensa, le dan una cantidad importante de dinero por proporcionarles un techo durante la noche. Con esas perras la (ahora ya ex) mujer de mala vida abandona el mundo de pecadillo en el que estaba inmersa y monta una cigarrería. Lo que sucede es que no puede parar de hacer el bien, es superior a sus fuerzas, y se ve obligada a recurrir a un alter ego masculino: un falso primo recto e inmisericorde que equilibra la balanza que estaba consiguiendo derribar la existencia de la chiquilla.

La obra plantea una serie de temas interesantes, como la imposibilidad de hacer el bien por el bien en un mundo ruin que le fuerza a uno a ser un hijo de perra. La inocencia de Shen-té es un handicap y su bondad lo único que provoca es llevarla directamente al desastre. La dialéctica entre el bien y el mal está planteada en forma de fábula de desesperanzador mensaje. Hasta ahí todo bien, podía haber tema interesante aquí (raro, pero interesante). Pero el caso es que este alma buena dirigida por Vladimir Cruz (el actor de la famosa Fresa y Chocolate) es un poco tremenda. No quiero hacer sangre del espectáculo, porque detrás de todos los montajes hay un esfuerzo detrás a valorar. En esta ocasión el esfuerzo es visible en los pobres actores, pero no sé yo si estarán muy contentos con la dirección, responsable de pergeñar una propuesta que no hay por dónde coger. Desde el vestuario (todos van con chubasqueros de diferentes tipos y colores, en referencia a esa lluvia constante y supongo al chaparrón social), hasta los número musicales (que además son tres sin solución de continuidad, perdidos entre la función), la escenografía reciclada (una intención loable, pero es que no funciona), hasta (y ahí está el craso error) la forma de enfrentarse al texto de Brecht, todo lleva a este Alma buena de Se-Chuan a acercarse peligrosamente a una función de colegio.

Pero claro, los protagonistas no son el hijo de nadie, con lo cual el rollo de “Ay, mira qué mono está mi Juan haciendo de aguador” ni siquiera lo hace un poco más llevadero y se convierte en un montaje eterno. El tono empleado deja al espectáculo en pañales haciéndole perder cualquier tipo de atractivo, pareciendo una especie de cuento Disney en versión chinesca (aunque lo único que queda oriental sean los nombres y un vestido). El famoso distanciamiento brechtiano se observa en algunas canciones y apartes al público. Pero ya. La verdad es que parece que se ha querido acercar al autor alemán a un público más amplio, hacerlo entretenido con muy buena intención, pero lo que se ha logrado es alejarlo de todos. Tiene tela cómo tienen que salir los actores (lo de los dioses es de traca, si lo que querían era ridiculizarles desde luego lo han conseguido) y en otra tesitura habrían podido hacer una labor bastante más digna y aún más debiendo defender diferentes papeles como hacen, pero la decisión de dirección tal vez no ha sido la más afortunada. En definitiva, una lástima este Brecht pasado por agua. “Será culpa de la lluvia…“.

M.G.

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