DRIVING MISS DAISY, con Vanessa Redgrave y James Earl Jones. Mitos en escena



CRÍTICA

Buceando en Internet me he cruzado con una imagen de Vanessa Redgrave (que me parece una actriz absolutamente impresionante), e inmediatamente me he acordado del montaje de “Driving Miss Daisy (paseando a Miss Daisy)”, que pude ver el año pasado en Broadway, que ella protagonizó (después pasó por el West End londinense y este otoño empezará la gira americana).  Junto a esta brutal y mítica actriz inglesa, James Earl Jones, conocidísimo actor y famoso entre otras cosas porque suya es la voz de Darth Vader (en su versión original, claro, aquí forever Constantino Romero in our hearts). El caso es que fue una gozada poder ver a dos actores de esta talla sobre un escenario. Últimos titanes de una generación que han interpretado casi todos los papeles posibles en cine y teatro, de una experiencia y presencia escénica absolutamente brutales. Y que hacían este texto de Alfred Uhry (que fue llevada al cine con Jessica Tandy y Morgan Freeman), a pesar de no ser un Shakespeare o un Chèjov (y tener algo de exceso de azúcar en algunos momentos), un espectáculo obligatorio para los amantes del teatro.

La historia, para quien no la conozca: el hijo de la protagonista (interpretado por Boyd Gaines), decide que su madre ya está mayor para conducir (algún accidente que otro ha tenido, pero ella es demasiado orgullosa como para reconocerlo). Así que decide contratar a un chófer. Ella tiene 72 años pero él chófer tampoco es un jovencito. Ambos entablarán una entrañable y divertida relación de amor-odio (con múltiples insultos por el camino) que acabará en una de las más tiernas historias de amistad y compañerismo.

David Esbjiornson dirigió el espectáculo, con una puesta en escena sencilla pero atmosférica. Una escalera en el medio del escenario para ambientar la casa. Una plataforma giratoria que con un banco encima simula el coche. Algunos elementos de atrezzo, una mesa y poco más. Una iluminación que generaba unas imágenes floridas en las paredes con manchas del escenario y una música de época para ambientar los cambios de escena (la historia transcurre durante varios años), aparte de un acertado vestuario, eran el resto de elementos. Tal vez era un escenario en exceso minimalista para esta historia, que lo mismo pedía otra cosa, no tanta desnudez. Yo me sorprendí al verlo, la verdad.

Pero es que los protagonistas absolutos eran sin duda estos dos monstruos de la escena: Vanessa Redgrave y James Earl Jones. Los dos con una caracterizaciones marcadísimas (se nota que son de la vieja escuela) pero absolutamente memorables. El carácter cínico e irónico y orgulloso de la protagonista (como de una mujer hecha a sí misma) tiene que chocar con el tierno pero fuerte chófer desde el principio hasta el final, pero al mismo tiempo debe transmitirse ese cariño infinito que se van cogiendo el uno al otro (muy a su pesar). Y la verdad es que la evolución se mascaba. La energía de ambos además (y tienen sus añitos, ella 75 y él 81, ahí es nada) es espectacular. El desparpajo de Vanessa Redgrave en su personaje era absolutamente delicioso. Y Earl Jones tenía un trabajo de voz brutal (y es que además tiene una voz portentosa, de las más potentes que he oído). Un acento cerrado hasta decir basta, que hacía difícil incluso en ocasiones entenderle, pero funcionaba de forma espectacular para crear la imagen de este chófer negro, de origen humilde pero con un corazón gigante que se gana a la dura Miss Daisy. El final, con Miss Daisy ya senil, es de las imágenes más tiernas que he visto en escena.

Sólo por ver a estos dos pedazo de mitos ya merecía la pena dejarse conducir a través de las carreteras de esta sencilla pero emotiva historia. Hubiera preferido verles tal vez en otro texto de mayor calado, también es verdad, pero no se puede tener todo en esta vida, no?


Foto: Annabel Clark

 


FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

By Alfred Uhry; directed by David Esbjornson; sets by John Lee Beatty; costumes by Jane Greenwood; lighting by Peter Kaczorowski; projections by Wendall K. Harrington; music by Mark Bennett; sound by Christopher Cronin; technical supervisor, Larry Morley. Presented by Jed Bernstein, Adam Zotovich, Elizabeth Ireland McCann, Roger Berlind, Beth Kloiber, Albert Nocciolino, Jon B. Platt, Stylesfour Productions, Ruth Hendel/Shawn Emamjomeh, Larry Hirschhorn/Spring Sirkin, Carl Moellenberg/Wendy Federman and Daryl Roth/Jane Bergère, in association with Michael Filerman. At the Golden Theater, 252 West 45th Street, Manhattan; (212) 239-6200; telecharge.com. Through Jan. 29 2011. Running time: 1 hour 30 minutes.

WITH: James Earl Jones (Hoke Coleburn), Vanessa Redgrave (Daisy Werthan) and Boyd Gaines (Boolie Werthan).
Página web de espectáculo: www.daisyonbroadway.com/

 


FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE MERIDA

 

Para leer la noticia sobre la programación del Festival de Teatro Clásico de Mérida, remito al artículo publicado en NOTODO.COM que podéis leer pinchando en el siguiente link:

 

http://www.notodo.com/citas/festival_de_teatro/3710_festival_de_mrida_varias_sedes_mrida.html

El Festival de Teatro Clásico de Mérida regresa a la capital extremeña con su cita anual

Escuchad. ¿No oís ecos de tragedia? Porque un año más se acerca el festival de teatro más clásicamente violento y dramático que se celebra por estos lares. Hijos enamorados de sus madres, progenitoras que se cargan a sus retoños, amantes que se piran de viaje durante veinte años, incestos, obsesiones y coros agoreros (todos ellos elementos con los que Freud quedó un poco colgado) se dan cita de nuevo como cada año en el Festival de Teatro Clásico de Mérida. Muestra tremenda en lugar inmejorable de las más trágicas obras del mundo clásico, que, en esta ocasión se centra en el mundo griego. Porque si Europa tiene la vista fija en Grecia (con miedito, todo sea dicho), Mérida no va a ser menos.

Seis estrenos se podrán ver en el Teatro Romano de la ciudad extremeña entre el 5 de julio y el 26 de agosto. Una cita ineludible para aquellos amantes de las emociones fuertes y las historias truculentas. Y del teatro, por supuesto:

– Del 5 al 8 de julio se representará Hélade, espectáculo inaugural dirigido por Joan Ollé y protagonizado por algunos de los actores más archiconocidos de la escena española: Lluís Homar, José María Pou, Concha Velasco y Maribel Verdú. Junto a ellos estarán los músicos Ara Malikian y Toti Soler. Una retrospectiva y viaje por la Grecia clásica de la mano de sus creadores con el objetivo de sentirla y mirarla desde el siglo XXI. Pero también un paseo por la Grecia desgarrada y trágica actual. Un mix de emociones y reflexiones que promete.
– Del 11 al 15 de julio se podrá ver también Anfitrión de Plauto (el único intruso romano entre tanto heleno), montaje dirigido por Juan Carlos Pérez de la Fuente y protagonizado por Roberto Álvarez, Juanjo Cucalón, Patxi Freytez, Jorge Roelas, Natalia Millán y María Felices. En palabras de Pérez de la Fuente, Gran carnaval de celos, caos, confusión y neurosis, de donde nacerá el humor. Vamos, una receta llena de problemas mentales de narices para divertir al respetable, que también viene bien.
– Del 20 al 22 y del 24 al 29 de julio José Carlos Plaza dirigirá otro de los platos estrella, Electra de Eurípides, en el que repite con Ana Belén y Fran Perea después de la muy interesante Fedra. También en el reparto la gran Julieta Serrano o Carlos Álvarez Novoa. La intensidad está servida.
– Del 1 al 5 y del 8 al 12 de agosto el hiperactivo Rafael Álvarez El Brujo dirigirá y protagonizará La odisea de Homero. El actor y director se lleva a su terreno este épico poema griego que narra las vicisitudes del héroe Odiseo en su periplo de veinte años de regreso a su patria, Ítaca. Un one man show clásico marca El Brujo.
– Del 16 al 19 de agosto se representará Bacantes de Eurípides bajo la dirección de Carlos Álvarez Ossorio. Una compleja tragedia en la que las cosas nunca son lo que parecen. Una descarga brutal de adrenalina que lleva a la esencia de la tragedia griega. Además como extra, el freak Matthew Herbert, que lo mismo te utiliza un periódico que una sartén o una bolsa de patatas fritas para componer, actuará en directo poniendo la banda sonora a este espectáculo, en el que precisamente la música pone en trance a todos los habitantes de la ciudad de Tebas. Ahí es nada.
– Y por último (but not least), del 22 al 26 de agosto Denis Rafter dirigirá Áyax de Sófocles, la historia de un hombre que prefiere morir a vivir humillado. Cual Che helénico.

Pero esta parada de los monstruos extremeñamente clásica no acogerá sólo representaciones, sino también otras actividades, como el Foro de Festivales, en el que se reunirán los máximos responsables de algunos de los más importantes encuentros teatrales del mundo para compartir problemas (que en todos sitios cuecen habas). Además Mérida albergará un ciclo de conferencias a cargo de destacadas personalidades de la cultura europea y otras actividades artísticas callejeras (que no todo va a ser el Anfiteatro). Vamos, que va a haber para elegir. Y luego se atreverán a decir que en Extremadura no hay nada que ver y que sólo sirve para cruzar a Portugal…

AMERICAN IDIOT, un musical rabioso

CRÍTICA

El estreno del musical elaborado con las canciones de Joaquín Sabina, “Más de 100 mentiras” (que no he  tenido ocasión de ver), me ha recordado otros musicales que ya han aprovechado composiciones preexistentes de diferentes músicos, como el exitoso y naif “Mamma Mia”, con las canciones de Abba como telón de fondo, el flojo (al menos en su versión española) “We will rock you”, sobre las partituras de Queen, o este “American Idiot” del que voy a hablar, que tuve la oportunidad de ver en el St. James Theater de Nueva York, que versionaba el álbum completo del grupo de punk rock Green Day.

“American Idiot” es una opera-rock (en su sentido literal del término, viendo de donde viene), con una historia bastante vista, pero que gracias a las composiciones del conjunto estadounidense y a la total entrega del cast se convierte en una experiencia super potente que se queda en la memoria durante largo tiempo. Puede parecer extraño hacer un musical entero con las canciones de un álbum (aunque incluyen también algunas del “21st Century Breakdown”), y desde luego todo un reto. Pero viendo el resultado hay que reconocer que la idea es buena y las piezas funcionan perfectamente como un todo. Desde el comienzo, con ese himno que es “American Idiot”, hasta el final, las canciones se suceden de forma natural (no como en algún que otro musical de este estilo que hemos podido ver, en los que se meten los temas con calzador), fluyendo una tras otra acompañando el transcurso de la narración. También es verdad que la estructura original del álbum ya ayudaba

La historia es sencilla. Tres amigos deciden escapar de su hogar en el interior de los EEUU para viajar a la gran ciudad y experimentar la vida allí. Uno de ellos no logra siquiera empezar el viaje, ya que su novia queda embarazada y finalmente decide permanecer junto a ella a pesar de no desearlo. Otro llega a su destino y se enrola en el ejército, perdiendo algo más que la confianza en la todopoderosa América en su camino. Y el tercero y protagonista de la obra, Johnny, decide dedicarse a la música pero se ve envuelto en una turbia historia (drogas incluidas) arrastrado por su nuevo amigo de la gran ciudad, St. Jimmy, una especie de reverso malvado del protagonista. Durante hora y media vemos cómo los sueños de los tres se van haciendo pedazos mientras la rabia y la impotencia se apodera de ellos.

El tema como digo está bastante trillado: la llegada a la gran ciudad, la juventud, desaprovechada, la decepción y la rabia proveniente de esta decepción…Son todos temas ya bastante utilizados con anterioridad en muchas historias. Y al principio así se ve, con una media sonrisa de “ya vamos con lo mismo de nuevo”, pero la verdad es que luego se transforma en algo bastante dramático y desolador, reflejo de una generación perdida, que cobra una fuerza inusitada en un código poco dado a este tipo de reflexiones como el musical. La historia cuadra a la perfección con el inconformismo de las letras de Green Day, y hay que decir que no he visto a un elenco tan entregado en ninguna otra representación musical. Y no hablo sólo de los protagonistas sino de absolutamente todos los bailarines, cantantes y músicos que participan en él. Sin esta potencia y rabia que transmiten sus caras y cada uno de sus movimientos esta obra no sería ni una fracción de lo que es. Es extraordinaria la fuerza que tienen en su conjunto. Evidentemente con mención especial para sus tres protagonistas. Quien está un poco más fuera de onda y en otro registro completamente diferente al resto es la chica de la que se enamora el protagonista, interpretada por Rebeca Naomi Jones, que se pasa en su énfasis y gesticulación (por lo menos en la representación a la que yo asistí). Y hay que destacar también a St. Jimmy, aunque es una pena no haber podido asistir a alguna de las representaciones en las que este personaje era interpretado por el mismísimo cantante de Green Day, Billy Joe Amstrong.

El director Michael Mayer tiene a su disposición un decorado único magnífico de Christine Jones de estética industrial, con sus altos muros recubiertos de posters y pantallas de televisión, y otros elementos como la parte delantera de un coche colgando en vertical, un carrito de la compra sujeto con cadenas que sube y baja, una escalera que se desplaza por el escenario y que sirve tanto para interacción de los personajes como para que se sitúen músicos encima… No muchos elementos pero muy bien utilizados para ayudar a crear un ambiente algo caótico y buscadamente desastrado y beneficiando el movimiento escénico de los actores con respecto a cambios de decorado. La iluminación, con cambios violentos y utilizando en bastantes momentos luces estroboscópicas ayudan a crear un caos en escena propio de un concierto punk (aunque más controlado, eso sí), algo a lo que también ayuda el vestuario. Hay momentos magníficos, como el número de “Before the lobotomy”, en el que los heridos de guerra comparten a varias voces se sentimiento de desolación y sus ansias de soñar, que emociona y pone los pelos de punta, así como el “Wake me up when september ends” con los tres protagonistas cantando y tocando la guitarra a kilómetros de distancia unos de los otros.

Sin duda es uno de los más energéticos espectáculos que he tenido posibilidad de ver. Y hay que reconocer que se te acaba incrustando en el cerebro, tanto por las composiciones de Green Day como la angustia de los personajes y las magnífica labor del reparto. Es incluso algo adictivo. Aunque también hay que decir que poco tiene de espíritu punk e inconformismo pagar lo que hay que pagar para ver esta función. En una crítica leí que los punks seguramente se reirían de este musical como se reían los east villagers del de Rent (que por otra parte a mí me parece fantástico). Es decir, que se pretende reflejar una realidad, pero hay cosas que no cuadran…lo primero porque es un espectáculo de Broadway, con todo lo que esto implica. Pero esto ya es otro tema.

FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

AMERICAN IDIOT

Music by Green Day; lyrics by Billie Joe Armstrong; book by Mr. Armstrong and Michael Mayer; directed by Mr. Mayer; choreography by Steven Hoggett; musical supervision, arrangements and orchestrations by Tom Kitt; sets by Christine Jones; costumes by Andrea Lauer; lighting by Kevin Adams; sound by Brian Ronan; video and projections by Darrel Maloney; technical supervision by Hudson Theatrical Associates; music coordinator, Michael Keller; music director, Carmel Dean; associate choreographer, Lorin Latarro; associate director, Johanna McKean. Presented by Tom Hulce and Ira Pittelman, Ruth and Stephen Hendel, Vivek J. Tiwary and Gary Kaplan, Aged in Wood and Burnt Umber, Scott M. Delman, Latitude Link, HOP Theatricals and Jeffrey Finn, Larry Welk, Bensinger Filerman and Maellenberg Taylor, Allan S. Gordon and Élan V. McAllister and Berkeley Repertory Theater, in association with Awaken Entertainment and John Pinckard and John Domo. At the St. James Theater, 246 West 44th Street, Manhattan; (212) 239-6200. Running time: 1 hour 30 minutes.

WITH: John Gallagher Jr. (Johnny), Stark Sands (Tunny), Michael Esper (Will), Rebecca Naomi Jones (Whatshername), Christina Sajous (the Extraordinary Girl), Mary Faber (Heather) and Tony Vincent (St. Jimmy).

Fecha de la representación a la que alude la crítica:

29/03/2011

DIARY OF A MADMAN, Geoffrey Rush y la locura

Photo by Stephanie Berger

CRÍTICA

(NUEVA YORK, Harvey Theater BAM)

Poder ver a Geoffrey Rush, actor ganador de un Oscar y un Tony, en una obra como ésta, es un auténtico regalo. El relato de Nicolai Gogol se transforma con Rush en una exhibición de capacidades interpretativas sin duda digna de verse.

Adaptada por David Holman y dirigida por Neil Armfield, “Diary of a madman” fue estrenada por el este mismo equipo por primera vez en Australia en 1989, rescatándola y el año pasado en Sidney, y recalando éste en el BAM de Nueva York. Lo primero que hay que decir es que ya sólo poder acudir al Harvey Theater del BAM (Brooklyn Academy of Music) de Nueva York, merece la pena. Es ésta una institución cultural reconocida internacionalmente y que desde siempre ha apostado por demostraciones culturales nuevas y artistas que no tenían cabida en otros escenarios de Nueva York. La programación teatral del BAM (así como sus exposiciones, conciertos y ciclos de cine) son un referente dentro de la vida cultural neoyorquina. Y en particular una de sus sedes, el Harvey Theater, es un local magnífico y tremendamente evocador que recuerda a una decadente sala de teatro en obras, con andamios al aire y paredes desconchadas, con gente sentada en el mismo suelo del escenario en las primeras filas y sillas de bronce tipo taburete antiguo en el gallinero. Un look que choca al principio pero que atrapa inmediatamente y te hace saber que estás en un sitio diferente.

Gogol habla en su texto sobre un hombre llamado Poprischkin, un funcionario ruso en el San Petersburgo del s.XIX con delirios (algunos de grandeza, y otros delirios a secas). La alienación que vive en su día a día le arrastra lentamente al abismo de la locura, hasta el punto de estar convencido de presenciar el intercambio de correspondencia entre dos perros o creerse el heredero al trono de España. En su viaje hacia la locura le acompaña su sirvienta finesa Touvi (una tierna Yael Stone, que también interpreta a la hija del jefe, de la que Poprishkin está secretamente enamorado, y a otra interna del manicomio en el que acaba el protagonista). En el original estos personajes por lo visto no aparecen directamente en la historia, o se nombran muy tangencialmente, pero Armfield ha decidido introducirlos aquí tal vez para humanizar más el personaje protagonista. Cierto es que tal vez no hacían falta estas intervenciones, pero aportan un punto de dulzura (sobre todo las de la sirvienta, personaje que defiende en todo momento al loco) que en el momento de la despedida del protagonista se transforma en verdadera emoción.

El escenario, una buhardilla con un tragaluz, se convierte en un escenario único que se transformará después en el manicomio. Sencillo, colorido en cierto modo (esas paredes rojas) pero decadente, asfixiante también, se ve completado con algunos pocos y desvencijados elementos más: una cama de metal, una mesa y una silla, algunas pilas de periódicos antiguos y algunos cubos desperdigados por la habitación con el objeto de recoger el agua proveniente de las goteras del techo del escenario.

Photo by Sara Krulwich/The New York Times

Hay un elemento muy de moda ahora también que es el tema de los músicos en escena (en este caso en uno de los palcos). Un elemento que siempre aporta un valor añadido y que además en este caso sirve para en múltiples ocasiones crear un efecto de “mickey-mousing”, acompañando con diferentes sonidos movimientos del personaje protagonista.

Hay que destacar también sin duda alguna la iluminación, un trabajo portentoso de Mark Shelton. Un diseño de luces que utiliza llamativos colores y focos directos (que en algunos momentos podría tener reminiscencias hasta en cierto modo circenses), que demanda además una precisión importante, tanto para aquél técnico manejándolas como para el propio actor en escena, que milagrosamente aparece en la marca exacta para que funcione el cambio de iluminación (parece fácil pero no lo es en absoluto). Otro punto para remarcar el tremendo trabajo y la profesionalidad de un actor como Geoffrey Rush.

Porque sin duda es él el centro y reclamo de esta adaptación. Y la verdad es que merece la pena asistir aunque sólo fuera para verle. Simplemente el hecho de permanecer durante dos horas en escena (realmente se podría hablar de un “one-man-show”) y sin que la atención del público decaiga en ningún momento, ya es digno de alabanza.Es cierto que tal vez está enfocado a una interpretación muy física y llamativa, que en cierto modo dificulta poder introducirnos realmente en la mente y la lucha interior brutal de este loco merecedor de compasión que es Poprischkin. Pero aún así creo que la obra sigue funcionando, y detrás de la risa se deja ver la tristeza y la desesperación. Porque la verdad es que uno se ríe, y mucho, con la actuación de Rush. Realmente se disfruta como viendo la actuación del mejor “clown” de circo.Aparte de que la modulación de su voz es fantástica, su trabajo corporal es sencillamente increíble. Digno de un personaje de los más desatados dibujos animados. Sencillamente impresionante. Y no está al alcance de cualquiera. Tal vez los mejores momentos de esta risa desatada que provoca se encuadran dentro de los momentos en los que narra la correspondencia entre los dos perros. Ahí es cuando se nos confirma la locura del personaje (y se reafirma cuando empieza a decir fechas imposibles como encabezados de las cartas, momento realmente fantástico). Aunque la risa se atraganta en la última parte de la obra cuando llevan a Poprishkin al manicomio.

Poprischkin acabó mal, muy mal.  Aunque él en su locura no se diera cuenta, el público es perfectamente consciente. Al igual que hay otra cosa de la que el público es consciente también: que la de Geoffrey Rush en este “Diary of a madman” es una actuación para recordar durante mucho, mucho tiempo.

 

Photo by Heidrun Lohr

 

FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

DIARY OF A MADMAN

By Nicolai Gogol, adapted by David Holman with Neil Armfield and Geoffrey Rush; directed by Mr. Armfield; sets by Catherine Martin; costumes by Tess Schofield; lighting by Mark Shelton; sound by Paul Charlier; music by Alan John (after Mussorgsky); stage manager, Mark Lowrey; American stage manager, R. Michael Blanco. A Belvoir production, presented by the Brooklyn Academy of Music, Karen Brooks Hopkins, president. At the Harvey Theater, 651 Fulton Street, Fort Greene, Brooklyn; (718) 636-4100, bam.org. Through March 12. Running time: 2 hours 10 minutes.

WITH: Geoffrey Rush (Aksentii Poprishchin) and Yael Stone (Tuovi/Sophia/Tatiana).

FECHA DE LA REPRESENTACIÓN A LA QUE ALUDE LA CRÍTICA:

06/03/2011

THE WOOSTER GROUP’S VERSION OF TENNESSEE WILLIAMS’ VIEUX CARRÉ, una alucinación magistral

Photo by Steven Gunther

CRÍTICA

(NUEVA YORK, Baryshnikov Arts Center)


Hablar de The Wooster Group es hablar del grupo de teatro experimental más importante de Nueva York, y por ende de todo Estados Unidos. Este grupo de avant-garde teatral, nacido en 1975, es uno de los máximos exponentes de la concepción del hecho teatral como experiencia. Desde los setenta, sus miembros (entre cuyos fundadores se encuentra Willem Dafoe), siguen adaptando piezas de múltiples autores (Shakespeare, Chejov, O’Neill, Arthur Miller), dándoles un giro total y convirtiéndolas en algo mucho más cercano a la performance que al teatro convencional.

La adaptación de esta obra tardía de Tennessee Wiliams les hace encontrarse por fin con uno de los dramaturgos más importantes de Estados Unidos. Vieux Carré es un texto que Williams tardó cuarenta años en escribir, terminándolo ya en su vejez, que recopila las experiencias vividas en su juventud en una vieja casa de huéspedes del barrio de Vieux Carré en la ciudad de Nueva Orleans. Un texto fragmentario, meláncólico, con una parte autobiográfica importante, que no fue muy bien recibido en su momento (en parte por un evidente carácter homosexual de alguno de sus personajes) llegando a convertirse en una de las grandes obras olvidadas de Williams.

Un texto perfecto para The Wooster Group, que lo transforma en un viaje alucinatorio, lleno de erotismo y caos, a través de los recuerdos y la memoria del protagonista, ese joven escritor (alter ego de Williams) que despierta a la sexualidad y a la creatividad en esa casa de Nueva Orleans.

The Wooster Group sumerge al espectador en un sueño, o más bien en una pesadilla con un estado de duermevela constante. Un brutal lirismo se mezcla con la carnalidad más explícita. Todo sucede en un en un ambiente cargado, sinuoso y envolvente. En un escenario diáfano pero lleno de elementos desperdigados por el suelo, colchones, sillas, mesas, botellas, libros…un caos total, sucio y decadente por el que deambulan los personajes. Unos personajes llevados al límite, completamente excesivos, por unos actores increíbles que se desdoblan a su vez en varios personajes.

Ari Fliakos encarna al escritor, continuamente presente en escena (y casi continuamente también en ropa interior), que nos guía a través de sus recuerdos. Y consigue arrastrar al espectador dentro de su mente en el torbellino de emociones que está experimentando, en una mezcla de soledad, indecisión y deseo. Scott Shepherd interpreta a Nightingale, un viejo atormentado y lascivo artista homosexual tuberculoso, y a Tye, el brutal compañero de una de las inquilinas, Jane, interpretada con ternura increíble por Kate Valk, que a la vez interpreta a Mrs. Wire, la casera que parece sacada de una película de terror (brutal caracterización de Valk aquí también). Daniel Pettrow interpreta a un fotógrafo, itinerante en la historia, y a Sky, ése espiritu libre del que se enamora el escritor y con el que consigue escapar al final.

Toda la obra está impregnada de sexualidad: el escritor luchando por encontrar su camino, el viejo artista, obsesionado con tener una última relación, Tye utiliza el sexo para sus intereses, tres pantallas que hay en escena alternan imágenes pornográficas con otras de los propios actores en directo u otras imágenes evocadoras. Scott Shepherd en sus dos personajes lleva un falo de plástico (gran parte del tiempo a la vista en el viejo artista homosexual que viste con un simple batín, que recuerda a un kimono japonés), o embutido en la ropa interior en el rudo personaje de Tye (que puede llegar a prostituirse con hombres por una cantidad razonable de dinero). El sexo está explícitamente presente de forma continua, pero no de manera gratuita. Forma parte de la vida de esos personajes.

Unos personajes que se deslizan entrando y saliendo de la escena, como de la mente del escritor, que les convoca a todos, que finalmente, cuando consigue salir del bloqueo que le atenaza, comienza a escribir. Sus palabras se ven reflejadas en el fondo del escenario. Y esas palabras son a a la vez las palabras que salen de la boca de los personajes de la casa de huéspedes en una plasmación directa del hecho creativo. Son estos recursos lo que hacen de The Wooster Group algo inimitable: el mágnífico uso de los pantallas (que además del uso ya descrito, proyectan también imágenes de las películas de los sesenta de Ryan Trecartin y también de Paul Morrisey para Andy Warhol), la escenografía (que posee además plataformas rotatorias para cambios de escena), la iluminación (sencillamente magnífica, irreal y tenebrosa, con cambios continuos de diferentes filtros para las diferentes escenas que se producen a la vez en el escenario, con ondulaciones en momentos de pausa que provocan un efecto hipnótico, como cuando observas el mar o el fuego de una chimenea). Por no hablar de un diseño de sonido como nunca he oído en un teatro, potenciando su capacidad expresiva al máximo, otorgando a cada uno de los personajes unas cualidades sonoras diferentes (ecos, volúmenes, gravedad…), además de crear unos ambientes evocadores y muy ricos y utilizar unas composiciones musicales perfectas que fomentan la melancolía necesaria para experimentar esta pieza.

Todo, y digo todos y cada uno de sus elementos, están en una armonía superior para crear este viaje alucinatorio. Por lo visto en The Wooster Group todos los departamentos trabajan a la vez en la preparación de las escenas. De un día de seis horas sacan en claro diez minutos de obra, en un diálogo constante y conjunto entre actores, escenógrafos, iluminadores, sonidistas, equipo audiovisual…todo supervisado por la directora, Elisabeth LeCompte. Sin duda es una forma de trabajar que les beneficia.

Podría estar hablando horas y horas sobre este increíble espectáculo, pero voy a parar. Simplemente decir que si alguna vez tenéis la oportunidad de asistir a un espectáculo de esta compañía, no lo dudéis ni un solo momento. Es una experiencia catártica. Y de lo mejor (si no lo mejor a secas) que he visto sobre un escenario jamás.

 

Photo by Paula Court

 

FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

VIEUX CARRÉ
by Tennessee Williams

The Writer: Ari Fliakos
Photographer: Judson Williams (2009), Daniel Pettrow (2010-11)
Mrs. Wire: Ellen Mills (2009), Kate Valk (2010-11)
Nursie: Kaneza Schaal
Jane Sparks: Kate Valk
Nightingale: Scott Shepherd
The Pickup: Daniel Jackson
Mary Maude and Miss Carrie: Alan Boyd Kleiman (on video)
Tye McCool: Scott Shepherd
Avatar: Andrew Schneider
Dancer: Casey Spooner (on video)
The Judge: Ben Williams (voice-over)
Sky: Raimonda Skeryte (2009), Daniel Pettrow (2010-11)

Director: Elizabeth LeCompte
Associate Director: Kate Valk
Lighting: Jennifer Tipton
Sound: Matt Schloss, Omar Zubair
Video: Andrew Schneider
Production Manager: Bozkurt Karasu
Stage Manager: Teresa Hartmann
Technical Director, Additional Video: Aron Deyo
Master Electrician: Rob Reese (2009), Kent Barrett (2010-11)
Technical Assistant: Daniel Jackson
Wardrobe: Enver Chakartash
Sound Consultant: Jamie McElhinney
Special Advisor: Casey Spooner
Cineturg: Dennis Dermody
Producer: Cynthia Hedstrom
General Manager: Edward McKeaney
Grants/Operations Manager: Jamie Poskin
Archivist: Clay Hapaz
Media Projects: Geoff Abbas
Arts Education Manager: Kaneza Schaal
Administrator: Jason Gray Platt
Strategic Consultant: Joel Bassin
Video Blog: Zbigniew Bzymek with Jean Coleman

VIEUX CARRÉ is presented by special arrangement with Samuel French Inc. on behalf of the University of the South, Sewanee, Tennessee. A co-production between Théâtre National de Strasbourg, Les Spectacles Vivants-Centre Pompidou, Festival d’Automne à Paris.


Production History

November, 2008: Rehearsals at The Performing Garage
December, 2008: Research and film shoot in New Orleans, Louisiana
May, 2009: Rehearsals at The Performing Garage
August-October, 2009: Rehearsals at The Performing Garage
November 19 – 23, 2009: Performances at Festival d’Automne at Centre Pompidou in Paris, France
November 6 – 14, 2009: Performances at Festival Premieres at Théâtre National in Strasbourg, France
May – June, 2010: Rehearsals at The Performing Garage
August 21 – 24, 2010: Performances at the Edinburgh International Festival at Royal Lyceum Theater in Edinburgh, Scotland
October – November, 2010: Rehearsals at The Performing Garage
December 1 – 12, 2010: Performances at REDCAT in Los Angeles
February 2 – March 13, 2011: Performances at the Baryshnikov Arts Center in New York

Web de la compañía:

http://thewoostergroup.org/twg/twg.php?vieux-carre

FECHA DE LA REPRESENTACIÓN A LA QUE ALUDE LA CRÍTICA:

13/03/2011


HIGH, la historia de una adicción

CRÍTICA

(NUEVA YORK, Booth Theater)

Acabo de leer que HIGH, obra de Broadway que tuve la oportunidad de ver en Nueva York el pasado marzo (en una de sus funciones anteriores al estreno), fue suspendida después de ocho funciones oficiales debido a la baja recaudación que estaba obteniendo. Una pena, porque la verdad es que me pareció una pieza fantástica.

High es una texto algo excesivo, puede ser, demasiado dramático y psicológico (en el sentido obvio de la palabra), pero que funcionaba muy bien gracias a todos sus elementos, en especial a unas actuaciones espectaculares por parte de sus protagonistas. Kathleen Turner (muy alejada de su imagen de mujer fatal de formas perfectas), interpreta a una monja (como habéis oído) bastante malhablada (ahí ya cuadra más la cosa) e irónica, que se encarga de la rehabilitación de un joven (Evan Jonigkeit) marcado por una adicción terrible a las drogas y por la sospecha de haber tenido algo que ver en la muerte de un adolescente en una habitación de motel. La hermana Jamison no quiere aceptar este encargo y se enfrenta con su amigo el padre Michael, su superior y quien le ha encargado esta tarea. (Voy a hacer un paréntesis en este momento, y es que el resto de este párrafo es un spoiler y puede descubrir elementos vitales para la trama. En otra ocasión no lo haría, pero dado el carácter de esta crítica ya que es una obra que ya no está en cartel, me he tomado la licencia de hacerlo) Bueno, continúo: Los miedos de la religiosa son bien fundados ya que cabe la posibilidad de que el joven les arrastre a todos en su espiral hacia el vacío porque ella misma estuvo enganchada a las drogas en su juventud. Pero el padre Michael necesita que alguien se encargue del chaval porque es el hijo de su hermana fallecida y no tiene a nadie más. Entre la hermana y Cody se establece una relación de amor odio jalonada por bromas, lágrimas e incluso intentos de violación provocados por las drogas. Desde luego la obra no es sutil. Y peca del fallo de necesitar traumas terribles en todos los personajes (al final se descubre que el personaje Kathleen Turner tiene un complejo de culpa terrible por invitar a su casa de adolescente a un chico que mataría a su hermana). Pero a pesar de ello, te sumerges inevitablemente en la relación de estos personajes vapuleados por la vida. Matthew Lombardo, el autor, adorna además la obra con multitud de puntos cómicos sin los que tanto dolor sería insoportable. Y consigue así eso tan difícil que es pasar de la risa a la lágrima en un instante.

En cuanto a la puesta en escena, una pantalla con un cielo despejado por el que van pasando lentamente cúmulos de nubes reciben a los espectadores en un fondo negro mientras se van sentando. Después la pantalla se eleva y desaparece y el fondo se llena de puntos luminosos, estrellas que inundan el escenario. Y ahí es cuando Kathleen Turner sale y llena la escena. Posteriormente un par de simples elementos en blanco, dos paneles con una puerta y un par de sillas, aparecen deslizándose desde diferentes puntos de la escena en un movimiento fantasmagórico (los paneles salen desde la oscuridad de las estrellas sin saber muy bien cómo y se giran colocándose en sus posiciones) utilizando luz negra creando la fosforescencia de estos elementos. No hay muchos cambios (simplemente aparecen y desaparecen en los monólogos de Kathleen Turner) y al final el mobiliario es sustituido por un par de muros de ladrillos blancos para la calle en la que la monja encuentra a Cody. Todo ello potenciado por una iluminación basada en luces directas y potentes sin filtros, como el foco que ilumina al personaje principal en sus monólogos, asilándola de la oscuridad exterior entre las estrellas. La música asimismo, unas pocas notas que parecen de sintetizador y que se repiten en diferentes momentos, ayudan a crear esta atmósfera melancólica y pacífica, ensoñadora, que se contrapone a la dolorosa realidad de los personajes.

Kathleen Turner está inmensa en su personaje. Le dota de una fuerza y presencia increíbles, y a la vez de gran humanidad y fragilidad. Entre escenas con los otros dos personajes la vemos en monólogos, únicamente ella en el centro del escenario, contando historias de su infancia y juventud (es más, la obra empieza y termina así), con lo que se establece una conexión emocional inmediata con este personaje.  Además, quieras o no, es Kathleen Turner en escena, un mito de Hollywood, protagonista de películas como “Fuego en el cuerpo (Body Heat)” de Lawrence Kasdan (aunque ahora esté más cercana en físico a la genial “Los asesinatos de mamá (Serial Mom)”, del iconoclasta John Waters) y sólo eso ya es impresionante.

En cuanto a los otros dos actores, Stephen Kunken como el padre Michael realiza una labor perfecta de acorde con su personaje, que tiene que ser más invisible, apoyo de los otros, fuerte pero también débil y arrastrando pesadas cargas en su espalda. Y Evan Jonigkeit, que interpreta al joven Cody, hace una labor de caracterización espectacular, en un continuo temblar y agitarse a causa del mono de la droga. Con la culpa continuamente sobre él se debate en una lucha constante (con su propia sexualidad, con sus adicciones,contra su terrible final) que acaba por perder en una callejón solitario. En algunos momentos puede parecer excesivo, pero comentaré un punto por el que se me quitó esa idea de la cabeza: al acabar la representación hubo un encuentro con el equipo, que se transformó repentinamente en una reunión improvisada de un centro de rehabilitación. Lombardo, el autor, confesó que era ésta una obra con componentes autobiográficos, ya que estuvo él mismo enganchado durante años a la droga, pero llevaba cuatro años limpio. Así como varios de los asistentes que se encontraban entre el público. Y algunos de ellos hasta lloraron al comentar que se habían visto completamente reflejados (a ellos o a gente cercana) en este personaje. Hasta en los más mínimos detalles. Esto hace darse cuenta de que en ocasiones la realidad supera la ficción.

La obra acaba de forma amarga. Tal vez todo lo que ha pasado ha servido de algo a los personajes, tal vez no. Tal vez el personaje de Cody ha encontrado la paz por fin, “high in the sky” como dice el personaje de Kathleen Turner (en contraposición a otra acepción de “high”, que en inglés también significa “colocado”, en relación a las drogas). Tal vez era lo que tenía que pasar.

Hay obras que te emocionan, te tocan por dentro, y ésta es una de ellas. Ya han pasado varios meses, pero sospecho que por mucho que pase el tiempo seguiré sintiendo emoción al pensar en esta obra.

FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

HIGH

By Matthew Lombardo; directed by Rob Ruggiero; sets by David Gallo; costumes by Jess Goldstein; lighting by John Lasiter; music and sound by Vincent Olivieri; makeup by Joe Rossi; production supervisors, Arthur Siccardi and Patrick Sullivan; production stage manager, Bess Marie Glorioso; company manager, Jennifer Hindman Kemp; associate producer, Lawrence J. Moss; general manager, Leonard Soloway. Presented by Leonard Soloway, Chase Mishkin, Terry Schnuck, Ann Cady Scott, Timothy J. Hampton, James and Catherine Berges, Craig D. Schnuck, Barbara and Buddy Freitag, Lauren Class Schneider, David Mirvish, Gene Fisch Jr./Stu Sternbach, David Fagin/Rosalind Resnick, Jacki Barlia Florin/Michael A. Alden and Lizabeth Zindel, the Shubert Organization and the Repertory Theater of St. Louis. At the Booth Theater, 222 West 45th Street, Manhattan; (212) 239-6200, Running time: 2 hours 15 minutes.

WITH: Kathleen Turner (Sister Jamison Connelly), Stephen Kunken (Father Michael Delpapp) and Evan Jonigkeit (Cody Randall).

FECHA DE LA REPRESENTACIÓN A LA QUE ALUDE LA CRÍTICA:

31/03/2011

DON GIOVANNI, DE W. MOZART, Coliseu do Porto (Portugal)

CRÍTICA

Mozart es Mozart, en España, Portugal, o allá donde se represente. Esta ópera representada en el Coliseu de la ciudad de Oporto, en Portugal, dirigida en lo musical por Antonio Saiote y en lo escénico por Antonio Salgado, es una versión sencilla pero efectiva de la obra maestra de Mozart.

El escenario es esquemático: una pantalla de tela blanca enmarcada al fondo, que va cambiando con la iluminación de la escena; unas cuerdas colgadas aquí y allá por el escenario; una entrada que cambia de sitio un par de veces; unos módulos en rampa que sirven tanto para que caminen por allí los personajes como de mesa del banquete final… Desde luego no nos encontramos ante un derroche de presupuesto, algo que se nota en algunos momentos, pero ante todo está la música de Mozart y las voces que los cantantes, ante las que hay que quitarse el sombrero.

Todos defienden a la perfección su partitura y actuación, con especial atención a las tres sopranos, Carla Carmujo, Sara Braga y Susana Milena, que consiguen un conjunto tanto en su espectacular voz como en su actuación realmente dignas de alabanza. Son el motor de la identificación del público, en contra del truhán Don Giovanni, y consiguen su objetivo a la perfección.  El único componente del reparto que tal vez no esté a la altura de sus compañeros tal vez sea el actor que juega el rol de campesino, Bruno Pereira, pero aún así no llega a desviar en exceso la atención.

Lo único tal vez algo más pobre es la puesta en escena, como ya he dicho anteriormente. Sobre todo porque uno de los elementos, el de las cuerdas, podría dar muchísimo más juego. Sólo interactúan un par de veces con ellas (el mejor, el momento en el que el sirviente envuelve a una de las conquistas de D. Giovanni con ellas), pero ya está. Como elemento simbólico funcionan a la perfección, todos son marionetas del don juan y están atrapados en su red, pero como ya digo se echa en falta un uso más creativo de ellas, ya que están allí.

Sin embargo se sigue disfrutando (a pesar de que pierda un poco de ritmo en la segunda parte). Por algo es una de las óperas más famosas de la historia.

 

FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

Direcção Artística: António Salgado

Direcção Musical: António Saiote 

Encenação: Nuno M. Cardoso e Marcos Barbosa

Assistente de Encenação: Diana Sá

Direcção de Produção: Álvaro Santos

Produção Executiva: Filipa Lã

Orquestra: Sinfonieta da ESMAE

Cravo: Alvaro C. Barriola 

Coro: OperaNorte/CEOTM-UA

Correpetição: Angel Gonzalez Casado

 

Concepção Plástica

Luz: Pedro Carvalho 

Cenografia: Ricardo Preto

Figurinos: Susana Abreu

 

Solistas

Don Giovanni (nobre) LUÍS RODRIGUES (barítono)

Leporello (criado de Don Giovanni)  ANTÓNIO SALGADO/Bruno Pereira (baixo barítono)

Donna Anna (filha do Comendador) CARLA CARAMUJO (soprano)

Don Ottavio (noivo de Donna Anna) MÁRIO JOÃO ALVES (tenor)

Donna Elvira (nobre) SARA BRAGA SIMÕES (soprano)

Comendador (pai de Donna Anna) VALTER MATEUS (baixo)

Zerlina (jovem camponesa) SUSANA MILENA (soprano)

Masetto (camponês, noivo de Zerlina) BRUNO PEREIRA/Ricardo Rebelo (baixo barítono)

Fecha de la representación a la que alude la crítica:
09/07/2011
TEATRO COLISEU DO PORTO (OPORTO, PORTUGAL)

 

 

FESTIVAL DE MÚSICA SUPER BOCK SUPER ROCK (PORTUGAL), polvo y música

CRÍTICA

En cuanto a este festival que se ha realizado en Portugal, en la localidad de Meco, a 50 km. de Lisboa, hay que especificar varias cosas. Y la primera de todas es que por un lado hay que separar la calidad de los conciertos y por otro lado la calidad de la organización. Una organización que por momentos oscurecía el disfrute de los conciertos que se estaban celebrando allí.

Dentro de esas deficiencias de organización se encuentra un problema muy serio con el aforo, que se notaba tanto en el palco principal, como en la zona de acampada, facilidad para acceder al recinto en coche (con atascos de varias horas en carreteras locales), etc. Así como la cantidad de polvo que desprendía el suelo del recinto, llegando a ser en algunos momentos insoportable, con gente llevando mascarillas como en un holocausto nuclear. Son problemas importantes que tienen que solucionar para años venideros, porque si no puede llegar a haber otros problemas, y graves.

Pero hablemos de los conciertos, que es a lo que iba todo el mundo y lo más importante. Por partes:

 

The Walkmen

Este grupo indie de post punk consiguió calentar el ambiente del primer día del festival por la tarde. Una serie de canciones que conectaban con el público en parte gracias a la actitud y carisma de su cantante, Hamilton Leithauser. Un concierto energético y animado que sirvió como comienzo prometedor (después de Sean Riley & The Snowriders) de tres días de música.

 

 

The Kooks

Gran concierto de los ingleses con un entregado y chulesco (a la par que divertido) Luke Pritchard muy cercano en su look a un Jim Morrison joven. Con su single “Naive” llegaron a la cumbre del que fue uno de los mejores conciertos de la noche.

 

 

Beirut

El grupo de Zach Condon empezó falto de fuelle pero logró remontar en el que fue un concierto algo atípico, remanso de paz entre el rock que le precedió y que vendría. Da gusto que un grupo así, tipo folk con reminiscencias a Goran Bregovic y su música más cercana a los gitanos de la europa del este triunfe de esta forma.

 

 

Arctic Monkeys

El grupo inglés atrajo al mayor número de público del primer día, que se entregó a su garage rock. Aún así estuvieron algo fríos en su puesta en escena y actitud, con su cantante, Alex Turner, muy en la línea de “mírame y no me toques” de otros ingleses famosos como son Oasis.

 

 

The Gift

El grupo portugués aportó la alegría y vitalidad que se necesitaba en su concierto, una explosión de color (e incluso confeti) acompañada por la muy interesante voz y carisma de su cantante, Sonia Tavares, y de su cabeza pensante, Nuno Gonçalves.

 

 

Portishead

El grupo de trip hop consiguió un milagro al hipnotizar a miles de personas con sus proyecciones (así es como se hace un espectáculo) y la increíble voz de Beth Gibbons. Una voz que ya no es la misma que en su primer disco, Dummy (del que repasaron gran parte de sus canciones), sino mejor, más rota y con más experiencia. Verla cantar con los ojos cerrados, sintiendo cada palabra que decía fue una maravilla. Y algo a tener en cuenta: durante todo el concierto no dijo ni una palabra entre canción y canción, para no perder la intensidad, pero en la última canción bajó del escenario y estuvo abrazando y saludando al público de las primeras filas en una explosión de cariño, cosa que no hizo nadie más. Eso para los que pudieran dudar y decir que son fríos. Sin duda una maravilla de espectáculo y algo que merece la pena experimentar, profundamente emotivo.

 

 

Arcade Fire

No hay nada de este grupo que no se haya dicho ya. Un espectáculo en toda regla con todo tipo de matices, intenso… Fantásticos musicalmente hablando y en todos los sentidos. Tal vez lo mejor del festival, en términos generales. Con su himno “Wake up” y 40.000 personas cantando a coro se desató la locura.

 

 

Brandon Flowers

El cantante de “The Killers” tal vez sea algo egocéntrico pero hay que reconocer que tiene una voz privilegiada. Buen concierto a pesar de que tuviera que recurrir para acabar a alguna composición de su banda estrella.

 

 

Ian Brown

El concierto del cantante los extintos y míticos “Stone Roses” fue algo desconcertante. Por momentos funcionaba perfectamente y por momentos parecía algo desastrado. Gran parte de la culpa la tuvo un Ian Brown que parecía iba en chándal, con una actitud que rayaba en la pérdida de respeto a su propia banda cuando en un par de momentos paró él mismo el concierto. De todas formas tuvo grandes momentos con composiciones de su antiguo grupo, o su hit “Stellify”, con una línea de trompeta que siempre ayuda. De todas formas daba impresión de ver un concierto de una vieja gloria, ya pasado su momento.

 

 

Slash

El mítico guitarrista de los Guns’n’roses no defraudó a sus fieles, acompañado en la parte vocal por un muy resultón Myles Kennedy. Cuando sonó Sweet Child O’Mine la gente se lanzaba al palco para presenciar esos acordes de guitarra.

 

 

The Vaccines

La banda inglesa de indie rock demostró que la reputación que se está labrando es completamente merecida. El escenario pequeño se llenó de vida y bailes en una actuación que levantó el ánimo de los presentes, con temas muy pegadizos como “If you wanna”.

 

 

The Strokes

El grupo neoyorkino repasó temas de su nuevo disco sin olvidar hits como “Last Nite”. Un concierto de este tipo, debido a la calidad musical que tienen, siempre funciona y consigue un público fan entregado, pero pasa un poco como Arctic Monkeys: son fríos. Julian Casablancas, al igual que el Alex Turner de los Arctic toman una pose de estrella del rock demasiado elevada como para ni siquiera sonreir.

 

 

Como conclusión: han sido unos días llenos de música de alto nivel cubiertas por demasiado polvo.

 

 

SPIDER-MAN: TURN OFF THE DARK, el musical postmoderno

Photo by Jacob Cohl © Broadway.com

CRÍTICA / REVIEW

Ayer tuvo lugar en Nueva York el estreno oficial de Spider-Man, después de seis cambios de fecha, más de 180 representaciones previas, 75 millones de dólares, varios accidentes y el despido de su directora inicial. Muchas cosas para una sola obra.

Yo tuve la oportunidad de ver el montaje en marzo, cuando todavía se mantenían las previews de la función según imaginó Julie Taymor, la directora inicial y propulsora del proyecto, a quien decidieron despedir por esas fechas. Con lo cual las opiniones vertidas aquí harán referencia a este montaje, ya inexistente pero del que parece quedan elementos.

La verdad es que lo que yo vi en aquel momento en el Foxwood Theatre de Nueva York fue simplemente brutal.  Desmedido, demencial y megalómano, pero brutal. Lo más espectacular que he visto encima de un escenario.

Eso sí, si espectáculo es lo que se busca. Si se pide una historia, comprensible, en la que poder seguir a los personajes, eso ya es otro tema. La historia mezclaba demasiados elementos sin centrarse en ninguno y precisamente por ese lado atacaban todas las críticas negativas que ha tenido durante todo este tiempo: el caos argumental.

El guión mezclaba tal vez demasiados elementos, pero a Julie Taymor, también coguionista, se notaba que le interesaba básicamente una parte de la historia: la de Aracne y Spider-man. Una línea argumental inexistente en los comics, con personaje nuevo. Este personaje de la mitología griega, la primera mujer araña, aparece casi como el verdadero hilo conductor de la historia. En su deseo de evitar la soledad y conseguir que Peter Parker la acompañe para toda la eternidad, Aracne se mostraba como guía y a la par como némesis del protagonista. Aparecían también el Green Goblin y los Evil Six (seis malvados ataviados con un vestuario cada cual más exagerado, todo hay que decirlo), pero realmente sin peso dramático en la historia. La verdadera antagonista era Aracne, y ese arco argumental (si lo conseguías aislar del caos que lo rodeaba) resultaba bastante interesante en gran parte por lo oscuro pero a la par comprensible de los anhelos de ese personaje.

En cuanto al cast, la verdad es que me parecieron todos muy correctos, y algunos espectaculares, como por ejemplo el protagonista. Aunque tengo que hacer una aclaración, y es que el día de la representación a la que acudí no estaba el protagonista regular (Reeve Carney) sino el suplente (Matthew James Thomas). Y la verdad es que creo que fue una suerte. Ya que, según vídeos que he podido ver, James Thomas (el Peter Parker que pude ver) poseía una voz rasgada y un aspecto aniñado e indefenso muy atractivos, mientras Carney tiene una voz más limpia y look un poco chulesco. Con lo cual creo que la presencia del suplente beneficiaba (sin duda alguna, por lo menos a mi parecer) a la obra, gracias a la intensidad e identificación con el personaje que otorgaba este actor. Jennifer Damiano como Mary Jane aportaba la dulzura y valentía necesarias, Patrick Page como el Duende Verde salía bastante bien parado y T.V. Carpio en el papel de Aracne suplía ciertas deficiencias dramáticas con un voz espectacular en las canciones que interpretaba, que llegaba a convertirse en hipnótica.

En cuanto a la música, compuesta por Bono y The Edge, del grupo U2, con un par de guitarras eléctricas prácticamente todo el tiempo en escena, resulta muy potente. En especial las más recurrentes y espectaculares “Rise above” y “Boy falls from the sky”. Todo con un toque rockero muy U2 (y yo tampoco es que sea muy fan del grupo irlandés), que hace todo bastante espectacular y poco “musical de Broadway” a la antigua usanza.

Capítulo aparte merece la puesta en escena y la escenografía (de george Tsypin), absolutamente espectaculares.  Con cambios de escenario cada pocos minutos, vuelos por el patio de butacas y acción por todos lados, era muy difícil no quedarse con la boca abiera en más de un momento. Los decorados tipo desplegables de cartón con referencias al mundo pop y del comic, con perspectivas imposibles, carreteras que se levantan, vistas desde lo alto del Chrysler building (con pequeñas luces en la pared del fondo del escenario, moviéndose como filas de coches…), el laboratorio hipnótico de Norman Osborn, la sede del periódico con esa coreografía de secretarias desplazándose con sus sillas con ruedas, las calles de Nueva York que van cambiando como páginas plegándose una y otra vez mientras Peter y Mary Jane siguen cada uno su camino hacia su casa cantando mientras caminan por unas cintas transportadoras… Hay una cantidad ingente de imágenes novedosas, pero a la vez construidas mediante elementos artesanales, que lo hacen más meritorio todavía.

Aunque en la segunda parte del espectáculo cambiaba el estilo y se abusaba tal vez de jugar con cinco pantallas gigantes verticales para crear los escenarios y presentar y mostrar las acciones de los “Evil Six”, unos malos como ya he dicho antes algo exagerados en su vestuario. Un vestuario, obra de Eiko Ishioka (responsable del magnífico vestuario de la película Drácula de Bram Stoker, por ejemplo), que en algunos momentos, como en éste, patina.

Sin embargo aunque en el musical había momentos algo ridículos, también hay momentos increíbles, como la presentación de Aracne, con las tejedoras, o su otra aparición detrás de paneles en los que el cielo estrellado se transforma en telas de araña, que hacen olvidar esos otros algo más prescindibles. Hay que reseñar que todos los cambios de escenario y coreografías aéreas eran tan complejas que en un momento tuvieron que parar la representación porque no habían enganchado el arnés al actor principal (lo raro es que no pasara más veces).

La parte mala es que la historia se quedaba muy difuminada. El Green Goblin tenía presencia la primera mitad del espectáculo, pero luego desaparecía y era sustituido por los seis villanos que de forma caótica eran presentados y después eliminados por Spider-Man. La historia de MJ y Peter Parker estaba ahí, pero casi tenías más ganas de que Spider-man acabara con Aracne que con Mary Jane. Asimismo la existencia de un coro de frikis de los cómics, que al principio narran la historia pero desaparecían al final misteriosamente, no ayudaba mucho.

Sin embargo y pese a todo, el resultado era tan demencial y megalómano, con referencias de todo tipo: a la cultura pop, a los comics, a la mitología, a la cultura popular… Pero también con cierto intento de llegar a algo más, con un interés desmedido por llegar a abarcar todo lo abarcable,  mezclándolo en una batidora inmensa y carísima. El objetivo era conseguir algo que no se hubiera conseguido nunca, y la verdad es que el objetivo para mí se conseguía, y este Spider-Man llegaba a ser algo nuevo por completo, en el cual la historia como tal, lineal, ya no es tan importante. Lo que tenías ante ti eran retazos, imágenes que tú tenías que montar. La evolución del musical. El musical posmoderno.

Pero la megalomanía e innovación tienen su precio. 65 millones de dólares. Y es un precio demasiado alto para que los productores vean a la gente salir del teatro sin que se haya enterado de nada. Necesitan un espectáculo que dure años y que puedan sacar de gira. Con lo cual tomaron una decisión drástica y despidieron a Julie Taymor, sin duda el corazón de este espectáculo, que, aunque desmedido, era suyo (como suyo es uno de los grandes éxitos de Broadway, El rey león).

Yo sin duda alguna habría recomendado a cualquiera que fuera a Nueva York que viera este espectáculo. Ahora, que ha cambiado de director (por Philip William McKinley, responsable de algunos espectáculos circenses de los Ringling Brothers, que son una horterada de tomo y lomo) (y lo digo con conocimiento de causa) y de guión, realizándose modificaciones en historia, canciones y puesta en escena, no estoy tan seguro. He leído que ha habido algunos cambios con los que estoy de acuerdo: el desarrollo de la relación de Peter Parker con sus tíos (excesivamente breve en el montaje original), así como una mayor presencia del Green Goblin y relación con los Evil Six, que antes aparecían un poco de repente  y ahora son esbirros de Osborne. También estoy de acuerdo con la eliminación del Geek Chorus, como le llamaban (los adolescentes frikis que comentaban desde un punto de vista completamente externo la acción pero que en algunos momentos mosqueaban interactuando con los personajes), aunque tal vez este grupo podía haber dado juego y riqueza enfocado de otra forma. Así como sospecho habrán eliminado el que sin duda era el número más ridículo y criticado: una canción entera de Aracne con un coro de arañas y ella misma con zapatos de tacón, celosa cantando que por qué las terrícolas pueden ponerse tacones y ellas no (ejem) y que por eso Spider-Man prefiere a Mary Jane.

Pero lo malo es que, aparte de este número (infame, aunque fantástico visto desde un punto de vista fetichista y kitsch), este personaje mitológico por lo visto ha sido recortado mucho más, quedando el algo anecdótico. De un personaje perturbador, erótico y malvado, pero a la vez muy desdichado, ha evolucionado (o involucionado) a una especie de hada madrina que vela por el protagonista (con lo cual se habrá eliminado uno de los climax de la obra, la lucha de Spider-Man contra Aracne en su red).

Eso, entre otras cosas, es lo que dice Ben Bratley, el crítico del New York Times, uno de los más agresivos contra el musical: “this singing comic book is no longer the ungodly, indecipherable mess it was in February. It’s just a bore.” (“Este comic cantado ya no es el tremendo, idescifrable lío que era en febrero. Ahora simplemente es un aburrimiento”). Por lo visto se ha trasformado en un historia lineal con personajes más definidos pero más normal también, aunque siga manteniendo gran parte de los elementos (estéticos al menos) del montaje original. Aunque Bratley dice que sólo mantiene un escaso parecido con el sueño enfebrecido que era. “The first time I saw the show, it was like watching the Hindenburg burn and crash” (“la primera vez que vi el espectáculo era como ver el Hindenburg arder y estrellarse”).

Ciertamente ésa tal vez era la sensación que tenías cuando salías del teatro. De algo muy grande, que no habías visto nunca: un caos que te sobrepasaba pero que por ello mismo era fascinante. Ahora parece que se ha transformado en algo más normal. Tal vez del Hinderburg estrellándose ha pasado a ser un globo de helio normal y corriente en un fiesta de cumpleaños. Una pena, la verdad. Y sobre todo una pena muy cara.

FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

SPIDER-MAN: TURN OFF THE DARK

Music and lyrics by Bono and the Edge; book by Julie Taymor, Glen Berger and Roberto Aguirre-Sacasa; original direction by Ms. Taymor; creative consultant, Philip William McKinley; choreography and aerial choreography by Daniel Ezralow; additional choreography by Chase Brock; sets by George Tsypin; lighting by Donald Holder; costumes by Eiko Ishioka; sound by Jonathan Deans; projections by Kyle Cooper; masks by Ms. Taymor; hair design by Campbell Young Associates/Luc Verschueren; makeup design by Judy Chin; aerial design by Scott Rogers; aerial rigging design by Jaque Paquin; projection coordinator/additional content design by Howard Werner; arrangements and orchestrations by David Campbell; music supervisor, Teese Gohl; music producer, Paul Bogaev; music direction by Kimberly Grigsby; music coordinator, Antoine Silverman; vocal arrangements by Mr. Campbell, Mr. Gohl and Ms. Grigsby; additional arrangements/vocal arrangements by Dawn Kenny and Rori Coleman; production manager, Juniper Street Productions and M B Productions; general managers, Alan Wasser, Allan Williams and Aaron Lustbader; associate producer, Anne Tanaka; executive producers, Glenn Orsher, Stephen Howard, Martin McCallum and Adam Silberman. Presented by Michael Cohl and Jeremiah J. Harris, Land Line Productions, Hello Entertainment/David Garfinkle/Tony Adams, Sony Pictures Entertainment, Norton Herrick and Herrick Entertainment, Billy Rovzar and Fernando Rovzar, Stephen Bronfman, Jeffrey B. Hecktman, Omneity Entertainment/Richard G. Weinberg, James L. Nederlander, Terry Allen Kramer, S2BN Entertainment, Jam Theatricals, the Mayerson/Gould/Hauser/Tysoe Group, Patricia Lambrecht and Paul McGuinness, by arrangement with Marvel Entertainment. At the Foxwoods Theater, 213 West 42nd Street, Manhattan; (877) 250-2929, Running time: 2 hours 45 minutes.

WITH: Reeve Carney (Peter Parker/Spider-Man), Jennifer Damiano (Mary Jane Watson), T. V. Carpio (Arachne), Patrick Page (Norman Osborn/Green Goblin), Michael Mulheren (J. Jonah Jameson), Ken Marks (Uncle Ben/Buttons), Isabel Keating (Mrs. Gribrock/Aunt May/Maxie), Jeb Brown (M J’s Father/Stokes), Laura Beth Wells (Emily Osborn), Matt Caplan (Flash/Bud), Dwayne Clark (Boyle/Robertson) and Luther Creek (Kong/Travis).

Página web del musical:

http://spidermanonbroadway.marvel.com/

Fecha de la representación a la que alude la crítica:

16/03/2011

Photo by Jacob Cohl © Broadway.com