CONCHA (YO LO QUE QUIERO ES BAILAR), en el Teatro de La Latina.

 

Reseña originalmente publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar pinchando aquí.

Concha Velasco se explaya como ella sólo sabe en Concha (Yo lo que quiero es bailar)
Mamá, quiero ser artista… ¡Oh! Mamá, ser protagonista… Un escenario desnudo y Concha Velasco, con una camisa blanca, unas medias oscuras y unos tacones de infarto. Y ya. Para qué más. Esto es Concha (yo lo que quiero es bailar), que después de girar por nuestra península ha recalado por fin en el Teatro de la Latina de Madrid. ¿Que qué hace este espectáculo reseñado aquí? Pues porque (n)os conocemos, y sabemos que hay por ahí mucho retro freak suelto que daría lo que fuera por escuchar en vivo y en directo La chica ye yé en voz de su progenitora. ¿O no? Además, de vez en cuando está bien escapar de tanto dramón existencialista y divertirse un rato. Así que, amantes de la cultura popular española: ¡¡¡ya está aquí la Velasco en todo su esplendor!!!

El espectáculo, dirigido por José María Pou, es un one woman show muy a lo Broadway, en el que la actriz narra anécdotas de su carrera artística y humana. Una puesta en escena extremadamente elegante la de Pou, con muy pocos elementos: un acertado diseño de iluminación y algunas sencillas pero efectivas proyecciones. Pero todo regado con música. Y es que a sus 72 tacos, la mítica actriz (y cantante/presentadora/etc,etc) posee una energía que ya me gustaría tener a mí. Cierto es que bailar, lo que se dice bailar no baila mucho (a pesar del título). Pero cantar y contar, de lo lindo. Y da igual que por problemas del directo se le escacharre el micro el día del estreno. Para eso es Concha Velasco, con 50 años de experiencia a sus espaldas y puede sacarlo adelante sin problema, leche.

Desde su infancia en Marruecos, pasando por sus primeros pasos como artista de (la mano de Celia Gámez), hasta sus comentarios sobre por qué la escogieron para anunciar compresas (Tengo el muelle flojo… pero a todos os llegará la hora), todo cabe en este monólogo entretejido por Juan Carlos Rubio. Un texto básicamente cómico y algo blandito y/o faciloncillo en ocasiones (al muelle flojo me remito), pero con darditos envenenados sobre algunos temas, como sus relaciones con los hombres (que toca muy de refilón, aunque pone al género masculino a caldo) o las escuelas de interpretación (Yo no soy del método Stanislavski, soy del método Staniswhisky). Y tampoco se le caen los anillos (y hasta tiene su aquél) por exponer unas deliciosamente anacrónicas confesiones en este mundo tan políticamente correcto (su afán por comprarse un abrigo de visón o su, por otra parte especial, religiosidad). De lo mejor, la anécdota sobre la obra Buenas noches, madre con Mary Carrillo, y la lucha entre ambas por acaparar el protagonismo de la obra (Fuera éramos realmente como madre e hija, pero en escena éramos dos auténticas perras), o el que tal vez es culmen cómico de la noche, su divertidisísimo monólogo de “La noche en que no gané el Goya” (que es para llorar de la risa). En cuanto a las canciones, admitámoslo, ahora Concha Velasco canta un poco como un camionero búlgaro. Pero un camionero encantador, con gusto y que entona bien. Y escuchar ese Mamá quiero ser artista, por ejemplo, es total. Igual que te entran unas ganas irreprimibles de volver a los cincuenta en cuanto suena su medley dedicado a Augusto Algueró con Las chicas de la Cruz Roja y El día de los enamorados. Incluso hay momento emotivo y se te cae la lagrimita con su interpretación de La primavera miente (dramón total de letra, a lo me quiero cortar las venas ya, pero taaaaan bonito…). Así como hay un par de versiones castellanizadas de temazos de Broadway, como el Nothing de A chorus line o el gran I’m still here de Follies, que no están nada mal. Además el acompañamiento musical viene de la mano de un cuarteto de músicos que, aparte de que toquen bien y se marquen un Hello Dolly a voces realmente interesting, tienen un look retro-fifties completamente fascinante. Una mezcla entre Don Draper y el propio Algueró, pero por cuadriplicado. Todos igualitos ellos, como cuatrillizos creciditos, con el mismo traje, gafas y peinado que parecen escupidos de una máquina del tiempo.

Y bueno, además si se asiste a un momento para la posteridad, como que la Velasco acabe cantando el icono pop La chica ye yé (provocando la locura generalizada, mayormente entre el público septuagenario) y se la dedique a Lina Morgan, que presenciaba el estreno desde su palco (además todo por una pullita que le lanzó desde ese gran programa que es Cine de Barrio), terminando con un Agradecida y emocionada, solamente puedo decir: gracias por veniiiiir… te dan ganas de llorar y dar gracias a Dios por haber presenciado un momento de condensación de cultura popular tan absoluto y total que se lo podrás contar a los nietos (o, en su defecto, a los gatos). El caso, que es un show de dos horas de la historia de una mujer mítica de nuestro imaginario colectivo, que puede gustar o no (ahí que cada uno decida), pero poseedora todavía de un brillo en los ojos y unas piernazas que ya le gustaría a muchas jovenzuelas. Y ahora cantemos juntos: no te quieres enterar ye ye, que te quiero de verdad ye ye ye ye, y vendrás a pedirme de rodillas un poqui-i-i-to de amor…

Concha
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Nombre del montaje: Concha (Yo lo que quiero es bailar)

Disciplina: Teatro musical

Director: José María Pou

Autor: Juan Carlos Rubio (Sobre biografía y relato oral de Concha Velasco)

Reparto: Concha Velasco

Piano y vocal: Xavier Mestres
Violín, teclado y vocal: Tomás Alcaide
Saxo, batería y vocal: Roger Conesa
Contrabajo y Vocal: Xavi Sánchez
Dirección musical y arreglos: Xavier Mestres
Ayudante de dirección y coreografía: Joan Maria Segura
Escenografía y diseño de vídeo: Eugenio Szwarcer
Iluminación: Juanjo Beloqui
Sonido: Jordi Balbé
Vestuario: Nina Pawlowsky
Una producción Focus

D�nde: Teatro La Latina

Direcci�n: Plaza de la Cebada, 2. Madrid

Hasta: Diciembre

Horario: Miércoles y jueves 20h. Viernes y sábados 18:30h y 21:30h. Domingos 19h

Precio: De 20 a 30€.

Venta de entradas: www.teatrolalatina.es

IVÁN-OFF, Chejov en un bajo de La Latina

 


Para leer la crítica sobre el espectáculo “Iván-Off” que se representa en La casa de la portera, Madrid, remito a mi reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar en el siguiente link:

http://www.notodo.com/escena/teatro_contemporaneo/3555_ivnoff_la_casa_de_la_portera_madrid.html


DESAPARECER, Poe entre la niebla

 

CRÍTICA

La niebla invade el patio de butacas y las notas de piano de Maika Makovski se derraman sobre los espectadores de las primeras filas, subiendo después hasta las alturas del anfiteatro en una nube bajo la que todo desaparece. Desde el escenario hasta casi uno mismo. Calixto Bieito decide envolver así los poemas y relatos de Edgar Allan Poe y ponerlos en la voz de Juan Echanove. Una voz profunda y potente, o desvalida y desgarrada según la ocasión lo merezca, al igual que los quiebros musicales de la cantante y compositora Maika Makovski, que aporta una banda sonora etérea e inquietante apoyando los textos de Poe con composiciones musicales propias elaboradas para la ocasión que encajan a la perfección con los textos de este maestro de la poética del horror y la desolación.

El asimétrico escenario, con tragaluces a los laterales que se alternan en la iluminación fantasmagórica con otros elementos, como unos focos a los pies del escenario que crean borrosas imágenes, es el desnudo lugar sobre el que se desplazan fantasmagóricamente Echanove, Maikovski y la perenne niebla que les acompaña en este espectáculo, que más que una obra de teatro en sí es un recital-concierto con una atmosférica propuesta escénica en el que se alterna el recitado de Echanove con las canciones de Makovski. Echanove (que ya coincidió con Bieito en la fantástica “Plataforma” de Michel Houllebecq) va creciendo a lo largo del espectáculo, convirtiéndose en un verdadero titán de la declamación en El gato negro y El cuervo, dejándose la piel y el alma en estos textos. A su vez, la música, la voz (que recuerda por momentos a Tori Amos o Kate Bush) y la increíble elegancia de Makovski al piano, a la percusión o deslizándose lentamente por el escenario son prácticamente hipnóticas y se establecen como uno de los grandes logros de este espectáculo. Un espectáculo al que, por otra parte, hay que asistir con un determinado estado de ánimo y poder de concentración, ya que se trata de una representación especial y no apta para todos los públicos. También hay que reconocer que la puesta en escena de Bieito tiene sus momentos de flaqueza, pero compensados por otros hipnóticos y tremendamente evocadores. Sin duda una propuesta y experiencia especiales para desaparecer dentro de la niebla, la música y los textos de Poe.

 

 

FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

DESAPARECER
Director: Calixto Bieito
Autor: Edgar Allan Poe
Adaptación: Calixto Bieito
Reparto: Juan Echanove y Maika Makovski
Traducción: Julio Cortázar
Música original: Maika Makovski
Escenografía: Aida Guardia
Iluminación: Calixto Bieito y Txema Orriols
Vestuario: Marian Coromina
Espacio sonoro: Jordi Ballbé
Carecterización: Toni Santos
Producción: Grec 2011 Festival de Barcelona y Teatre Romea

Duración: 75 minutos

TEATRO DE LA LATINA, MADRID

Fecha de la representación a la que alude la crítica:

09/03/2012

 

LA SONRISA ETRUSCA, protagonizada por Héctor Alterio. El gesto de un gran actor

Para leer la crítica sobre el espectáculo “La sonrisa etrusca” que se representa en el Teatro La Latina de Madrid, remito a mi reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar en el siguiente link:

http://www.notodo.com/escena/teatro_contemporaneo/3175_la_sonrisa_etrusca_teatro_la_latina_madrid.html

Héctor Alterio llena el escenario de La Latina con La sonrisa etrusca

La sonrisa etrusca, de José Luis Sampedro, es una novela que permanece en el imaginario de muchos lectores, como la Rusca, ese cáncer con nombre de hurona, vive en el interior de Salvatore, el protagonista. Es la historia de un arisco y rudo hombre de un pueblo del sur de Italia, que en el ocaso de sus días va a Milán en contra de su voluntad para que le atiendan los médicos de la metrópoli mientras permanece en casa de su hijo, donde conocerá a su nieto. Un hecho que le removerá por dentro y redireccionará su sentido vital. Es una historia sencilla y directa, profundamente humana y emotiva, sobre una evolución en un momento en el que parece que ya todo está hecho. El espectáculo dirigido por José Carlos Plaza que recala estos días en el Teatro de la Latina de Madrid, y que vuelve a esta ciudad después de haber girado por varias otras de la geografía española, sigue manteniendo esa emotividad aun superando ciertos obstáculos. Uno de los principales, la traslación del papel a la escena de ese personaje fundamental que es Brunettino, el nieto de trece meses, una presencia que la adaptación de Juan Pablo Heras González se ve forzada a reducir, al ser imposible establecer de forma realista sobre las tablas. Aún así se mantiene la esencia de ese vínculo que se crea entre abuelo y nieto, y se comprende a la perfección la narración. De esta manera toma protagonismo la historia del amor ya maduro y más bien platónico entre el protagonista y Hortensia, interpretada por la gran Julieta Serrano, una mujer comprensiva y entregada que conoce a Salvatore en el momento justo de su vida. Aunque la modificación de su primer encuentro (en la novela se conocen porque ella acude a preocuparse por el niño solo e indefenso en su carrito mientras que aquí se conocen en un museo donde Salvatore despliega sus dotes de galán) varía tal vez la esencia del personaje con respecto al original. El resto de personajes eran allí y son aquí secundarios también, aunque ayuden al personaje principal en su humana evolución, y sufren pequeñas modificaciones y alteraciones en pro de la claridad de la adaptación teatral.

La puesta en escena de José Carlos Plaza, si profesional como siempre, también podría ser discutible. El abuso de ciertos elementos, como las proyecciones sobre las paredes de la habitación desnuda que nos ubican en uno u otro espacio (lo que hace innecesario un continuo movimiento de un sofá de un lado al otro del escenario), o la voz en off de Salvatore (líneas que en muchas ocasiones tendrían más fuerza en boca del propio Alterio), puede no convencer. Al igual que puede no convencer una irregular labor de los secundarios. Pero La sonrisa etrusca, en su esencia, Salvatore (o Bruno, el sobrenombre que escogió él mismo en sus tiempos de guerra como partisano). Y Héctor Alterio es él, sin duda alguna. Perfecto. El personaje para el actor y el actor para el personaje. Grande. Sólo por ver su maestría en el escenario merece la pena ver la función. Su naturalidad, la progresión del personaje desde la tosquedad al florecimiento de su sensibilidad, sus gestos, sus miradas, todo, hace a Bruno-Salvatore de carne y hueso y traspasa el escenario hasta llegar al patio de butacas. Es él el gran acierto de la función y lo que mantiene intacta la esencia de la novela de Sampedro. Lo que provoca esa fundamental y tierna sonrisa en el espectador, que acompaña a la de Salvatore, la cual a su vez emula a la de esos amantes sobre el féretro etrusco en la plenitud del cierre de su ciclo vital.

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Nombre del montaje: La sonrisa etrusca

Disciplina: teatro contemporáneo

Director: José Carlos Plaza

Autor: José Luis Sampedro

Adaptaci�n: Juan Pablo Heras González

Reparto: Héctor Alterio, Julieta Serrano, Nacho Castro, Israel Frías, Sonia Gómez Silva, Carlos Martínez Abarca, Cristina Arranz, Olga Rodríguez

Escenografía e iluminación: Francisco Leal
Vestuario: Ana Rodrigo
Visuales: Rocío Westendorp
Música original: Mariano Díaz
Productor: Jesús Cimarro

D�nde: Teatro La Latina

Direcci�n: Pza. de la Cebada, 2. Madrid

Hasta: 04. 03

Horario: De martes a sábado a las 20.30h. Domingos a las 19h.

Precio: De martes a viernes de 18 a 25€. Sábados y domingos de 22 a 28€

Venta de entradas: www.telentrada.com