LOS MÁCBEZ, dirigida por Andrés Lima

A3-los-macbez-foto(Esta crítica fue publicada en la web de cultura Notodo.com con motivo del estreno de Los Mácbez en el Teatro María Guerrero de Madrid. Para más información podéis hacer clic aquí y ver la reseña en la web de Notodo.)

LOS MÁCBEZ. Shakespeare en versión galega.
Crítica por Miguel Gabaldón

“Salve Mácbez, presidente de la Xunta. El castillo de Inverness es el Pazo de Betanzos. Las brujas, meigas (y algo putas). Y Macbeth y esposa, Los Mácbez (Javier Gutiérrez y Carmen Machi). El director Andrés Lima y el dramaturgo Juan Cavestany (ambos curtidos en Animalario) han traído su particular versión de la obra de Shakespeare al Teatro María Guerrero. Una adaptación en la que el Barón de Glamis es en esta ocasión director general en la Xunta de Galicia. Y que no ansía el reinado de Escocia sino la presidencia galega. Una adaptación de claros y meridianos tintes políticos, con todos los dirigentes y sus manos manchadas de sangre. Y es que esta tragedia sobre la ambición y la traición más ruines tiene mucho de contemporánea (ya lo vimos hace poco también con ese MBIG empresarial y retro).

Cavestany versiona el texto, haciéndolo más llano y coloquial aunque manteniendo ciertos retazos literarios. Aún así las referencias cambian y hasta se habla (y canta) en gallego. Y el caso es que la idea es interesante y parecía que podía tener bastante miga, pero ta tampoco aporta nada nuevo a la historia (además de que hay acciones y reacciones que no cuadran trasladadas desde la época shakesperiana hasta la actualidad, por supuesto). Con lo cual uno se queda un poco igual a la salida que cuando entró (si no cabreado en caso de los puristas, que entonces ni acercarse, claro). La retranca algo esperpéntica con que se le ha proveído a la historia parece que le resta fuerza a la tragedia Shakespeariana. Y Los Mácbez no llega finalmente a impactar ni mover a la reflexión, haciéndose en ocasiones algo larga.

Y aunque la puesta en escena es interesante (un cubo luminoso en el que se mueven los personajes), hay algo que le falta que hace que no llegue a despegar. Y eso que empieza de forma muy interesante (con la pareja en escena y Gutiérrez con los pantalones por los tobillos mientras se canta en directo una canción muy à la Lynch). Interesante la violencia en escena, eso sí. Muy conseguida, así como los momentos sexuales MachiGutiérrez, tremendos (la relación está basada en el sexo, y se transmite a la perfección sin falsedad ninguna). Y las actuaciones, tanto las de todos los secundarios (triplicados o cuadriplicados en diferentes personajes) como las de los protagonistas son más que interesantes. Javier Gutiérrez es un Mácbez apocado, muy influenciable en las tremendas manos de su mujer. Y por supuesto el intérprete lleva el personaje con su buen hacer. Y Machi es una Señora Mácbez bastante terrorífica, y ambiciosa hasta la médula. Estupenda en este registro tan diferente a los que tiene habituados al gran público.

En definitiva, que este Los Mácbez ni bien ni mal sino todo lo contrario. Macbeth es mucho Macbeth, y aunque siempre resulta interesante, esta adaptación tal vez no era demasiado necesaria. Y es que lo del refrán de Mexan por nós e temos que dicir que chove (o Nos mean y tenemos que decir que llueve, vamos) no hace falta que nos lo digan, que ya lo vemos en el telediario todos los días.

M.G.

LA MONJA ALFÉREZ, de Domingo Miras. Aunque la mona se vista de seda…

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Reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar en este enlace.

El Teatro María Guerrero acoge a La monja alférez de Domingo Miras

Pero, ¿qué es esto, Don Alonso de mi alma?“, le preguntan a una madura Catalina de Erauso travestida nada más comenzar el espectáculo. Y la verdad es que uno se pregunta eso también durante La monja alférez, el texto de Domingo Miras dirigido por Juan Carlos Rubio que se ha estrenado en el Teatro María Guerrero de Madrid. La obra es un recorrido por la vida de este personaje histórico de principio del s. XVII que escapó de un convento (parece que rezar no era lo suyo) para convertirse en soldado y viajar a las Indias donde se puso a matar a diestro y siniestro. Pero, a pesar de que la idea puede poseer su potencial, el espectáculo tiene sus más y sus menos. Entre sus más, un envoltorio muy conseguido: Catalina se queja de haberse convertido en un espectáculo, en una mona de feria. Así que se ha elegido una barraca de feria como ambientación, un circo, con sus saltimbanquis, malabares y trucos de magia (aunque éstos sean bastante cutrecillos, todo hay que decirlo). La escenografía es muy pero que muy interesante (a pesar de que no se llegue a explotar todo lo que se podría), así como vestuario, iluminación y diseño de sonido. Pero, y aquí están los menos, hay un problema de base: y es que la historia no engancha en absoluto. Vamos, que resulta ligeramente soporífera. Y muestra de ello son unas cuantas deserciones, mini estampiditas, que tenían lugar en el patio de butacas durante el transcurso de la obra. Ni la llamativa estética ni el continuo travestismo de todos los intérpretes (a la monja la interpretan ocho actores, por ejemplo) consiguen levantar el espectáculo. Todo parecen esfuerzos inútiles por hacer ameno algo que no hay por donde cogerlo.

Y eso que el reparto es resultón. Desde una fantástica Nuria González, una muy eficiente Cristina Marcos o un enorme Ramón Barea, hasta un reclamo comercial como puede ser Martín (o Martiño, como se hace llamar ahora) Rivas, que aparca sus anuncios de Loewe para subirse a las tablas con desigual resultado. Pero la estructura del texto, en cuadros independientes, sin una línea argumental en condiciones, no tiene demasiada enjundia y hace que uno desconecte al segundo, aunque contenga hermosos versos. Y además si se analiza desde un punto feminista, pues la verdad es que tiene tela. Porque si la manera de la monja de realizarse es repudiar todo lo que significa ser mujer y disfrazarse de maromo pues… muy feminista, muy feminista, no es. Hay un interesante juego de identidades y de roles, eso sí y pone de relieve el que para que una mujer fuera tomada en cuenta debía utilizar las mismas armas que los hombres (metafórica y literalmente). Ni siquiera la homosexualidad de la susodicha novicia causa interés, ya que su objeto de deseo es tan simple que da sonrojo. La obra, en vez de escrita en 1986 parece escrita en el Siglo de Oro, pero más por sus contras que por sus pros. Además hay una reiteración tanto en el texto como en la puesta en escena que hace entrar en barrena al espectáculo, empezando por el recurso de Barea leyendo para luego representarse en escena su lectura. Y es una lástima, porque el inicio, cuando se presenta ante nosotros ese circo, es realmente brutal y promete todo un espectáculo, presenciando a continuación la mejor escena de todas (y la más divertida, ya que tampoco consigue la risa del público después aunque la busque): la del convento, con las tres monjas peleándose y llamándose putas tranquilamente, que la verdad es que no tiene desperdicio. Pero el caso es que este montaje, con su brillante escenografía y exterior (y al pelo viene con la historia que narra) nos recuerda una vez más aquel refrán de Aunque la mona se vista de seda, mona se queda…

La monja alférez

+ INFO

Nombre del montaje: La monja alférez

Disciplina: Teatro clásico

Director: Juan Carlos Rubio

Autor: Domingo Miras

Reparto: Manu Báñez, Ramón Barea, Carmen Conesa, Nuria González, Mar del Hoyo, Kike Inchausti, Fernando Jiménez, Cristina Marcos, José Luis Martínez, Daniel Muriel Chavarría, Toño Pantaleón, Martiño Rivas, Ángel Ruiz

Escenografía: Eduardo Moreno
Iluminación: José Manuel Guerra
Diseño de sonido: Sandra Vicente
Vestuario: Pedro Moreno
Música: Miguel Linares
Maestro de esgrima: Jesús Esperanza
Coreógrafo de lucha escénica: Kike Inchausti
Ayudante de dirección: Chus Martínez

D�nde: Teatro María Guerrero

Direcci�n: Tamayo y Baus, 4. Madrid

Hasta: 02.06

Horario: De martes a sábados a las 20.30h. Domingos 19.30h.

Precio: De 4 a 20 €

Venta de entradas: www.entradasinaem.es

 

ANOMIA, en el Teatro María Guerrero. Corrupción sobre las tablas

 

Reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar pinchando aquí.

Anomia, de Eugenio Amaya, aterriza ahora en el barcelonés Teatre Tantarantana
Anomia

 

Conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación. Ésa es la definición de la RAE de Anomia, palabra que da nombre a la obra de Eugenio Amaya que se estrena el Teatre Tantarantana de Barcelona tras varios meses de gira. Una pieza de cámara sobre la corrupción política que, para qué nos vamos a engañar, podía ser reflejo fiel de los entresijos de cualquier ayuntamiento de nuestra querida geografía española. La protagonista es una concejala de urbanismo forzada a abandonar su puesto porque van a salir a la luz ciertos trapos sucios. Y con las elecciones cerca, sus compañeros de partido no quieren que forme parte de las listas. Éstos pasan de uno en uno por un despacho desolado, habitáculo al que anteriormente fue desterrado otro defenestrado miembro del partido (que es sombría imagen del futuro de la protagonista, Carmen), para convencerla. Pero ella se opone, cueste lo que cueste y se lleve a quien se lleve por delante. Y para ello utilizará toda la información de la que dispone, que no es poca.

Este reciente texto de Eugenio Amaya es un inteligente y poco amable retrato de nuestra clase política.  Los políticos de este ayuntamiento que vemos sobre las tablas son todos animales que se despedazan los unos a los otros. Eso sí, anteponiendo siempre al Poderoso Caballero Don Dinero, por supuesto. El espectáculo es arriesgado, en el aspecto de que no es nada complaciente y se basa directamente en hechos que salen a la luz día sí y día también en las noticias. La puesta en escena se centra en los diálogos y movimientos de los actores sobre un escenario prácticamente desnudo, con sólo una mesa y tres sillas. Y el ritmo es preciso, exceptuando una escena con el marido de la concejala en la que el espectáculo decae. Pero, salvo en ese momento, Amaya (director también del montaje), lleva la función por donde quiere, provocando frecuentemente una sonrisa cínica en el espectador. Que, por supuesto, reconoce perfectamente los tipos que tiene ante él.

La corrupción es…el fluido que nos permite avanzar o La ley está para incumplirla, ¡otra cosa es la justicia! son sólo algunas de las múltiples perlitas que salen de la boca de estos personajes. Unos personajes interpretados por un elenco bastante compacto, en el que destaca por méritos propios la protagonista, María Luisa Borruel. Y es que además es de agradecer que se escriban y representen textos como éste, que permiten salir de los eternos papeles de madre o secundaria a actrices de cierta edad (y no es que esté llamando mayor a María Luisa Borruel, para nada, pero vamos, que por adolescente tampoco pasa). El caso es que Borruel interpreta de forma muy sólida a esta concejala corrupta, con unos matices que incluso por momentos consiguen que te caiga hasta bien y todo. Y mira que si te dicen que el personaje ya trapicheaba en preescolar te lo creerías sin problema, porque además la forma en que habla entre dientes en ciertos momentos (que además se aprecia perfectamente en el pequeño espacio de la Sala de la Princesa) resulta hasta inquietante. Pero básicamente esta pseudo-identificación (porque no diremos que te identificas con un personaje así, que sería un poco gore) sucede por contraposición a los otros personajes. Que parecen incluso más mezquinos que ella y le quieren hacer todo el lío,cuando lo cierto es que nadie se libra de pecado para poder tirar la primera piedra: Pablo Bigeriego es el frío enviado del partido, una especie de asesino a sueldo con sus puntos flacos, que ofrece una interpretación bastante correcta. Elías González interpreta con naturalidad a un joven con aires idealistas e intenciones de limpiar el partido y eliminar la corrupción, un personaje que puede resultar un lobo con piel de cordero. Y Quino Díaz aporta el punto más cómico con su patético alcalde que baila el agua según convenga. Cándido Gómez, que interpreta al marido de la concejala, es quien desentona ligeramente. Y aunque su presencia física resulta perfecta para este esposo con depresión crónica, su actuación no llega a convencer, resulta forzada, y su escena desluce algo el conjunto. Pero exceptuando este detalle, Anomia es un muy entretenido e inteligente espectáculo sobre un tema nada lejano: una reflexión de total actualidad sobre una clase política que se ha ido perpetuando y afianzando a lo largo de los años en este país. Y lo peor, y el espectáculo deja una imagen meridianamente clara del asunto, es que a ver quién logra cambiar algo ahora.

+ INFO

Nombre del montaje: Anomia

Disciplina: Teatro contemporáneo

Director: Eugenio Amaya

Autor: Eugenio Amaya

Reparto: Pablo Bigeriego, María Luisa Borruel, Quino Díez, Cándido Gómez y Elías González

Diseño escénico e iluminación: Javier Mata
Caracterización: Pepa Casado
Diseño y realización de sonido: Koke Rodríguez
Coproducción: Centro Dramático Nacional, Arán Dramática

D�nde: Teatre Tantarantana

Direcci�n: Carrer Flors, 22. Barcelona

Hasta: 14.07

Horario: De martes a sábados a las 21h. Domingos a las 19h.

Precio: Miércoles y jueves: 16 € / Resto de días: 20 €

Venta de entradas: www.telentrada.com

LA LOBA, protagonizada por Nuria Espert

La loba
Foto: David Ruano

Para leer la crítica sobre el espectáculo “La loba” que se representa en el Teatro María Guerrero de Madrid, remito a mi reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar en el siguiente link:

http://www.notodo.com/escena/teatro_contemporaneo/3486_la_loba_teatro_mara_guerrero_madrid.html

Nuria Espert interpreta a La loba en el Teatro María Guerrero

Regina Hubbard (o Nuria Espert) baja las escaleras del salón de su espectacular mansión. Por un momento pasea la mirada a su alrededor, con porte de dueña y señora que es de todo y todos (como veremos posteriormente). Al momento una de las paredes se hace traslúcida y vemos el comedor con el resto de los protagonistas de la La Loba, la obra de Lillian Hellman que Gerardo Vera ha llevado a las tablas del Teatro María Guerrero de Madrid. Un inicio simbólico y eficaz para la historia de una familia de avariciosos personajes en la Alabama de 1900. Regina y sus dos hermanos, Ben y Oscar, consiguen un trato con un empresario de Chicago para construir una fábrica textil en la localidad donde la familia explota sus campos de algodón. Lo que les hará inmensamente ricos. Para ello necesitan invertir un capital del que los dos hermanos varones disponen sin problema pero que la hermana mayor debe pedir a su marido, lo que desatará el conflicto. Los tres hermanos Hubbard y Leo, el insoportable hijo de Oscar, son The little foxes (Los pequeños zorros), título original de la obra de Hellman. Una manada de seres despiadados dispuestos a todo para medrar y conseguir sus deseos de poder y riqueza. La función nos presenta a otros tantos personajes positivos (la hija y el marido de Regina, su cuñada y la sirvienta negra), pero completamente dominados por la oscuridad y avaricia de sus oponentes.

Gerardo Vera pone en pie otro espectáculo típicamente americano pero a la vez universal, como hizo hace poco con Agosto (uno de los grandes montajes de la temporada), aunque sin llegar a la maestría de éste. Con un único escenario, una puesta en escena clásica (con puntos cinematográficos como las proyecciones en los cambios de escena), y apoyada por una efectiva ambientación y un gran vestuario que permite a los personajes instalarse completamente en ese comienzo de siglo XX del sur americano, Vera nos sumerge en esta historia en la que un capitalismo galopante sustituye al régimen eslcavista anterior, con resultados igual de nefastos. El texto de Lillian Hellman arremete de forma brutal contra un sistema que incita a devorarse los unos a los otros. Y como tal esta adaptación mantiene su fuerza. Pero no llegar a convertirse en una obra redonda. El espectáculo es tremendamente sólido, pero no llega a emocionar del todo. No juega a su favor tampoco el recuerdo de la impresionante película de William Wyler protagonizada por Bette Davis, inolvidable en el personaje. La loba, Regina Hubbard, es un regalo para una actriz, y Bette Davis nos lo incrustó en la retina para siempre. Aunque aquí tenemos a otro monstruo de la interpretación patria para intentar hacernos olvidar a la legendaria actriz de Hollywood. Cosa que consigue, aunque sólo parcialmente. Porque uno de los factores que impide a  La lobaconvertirse en la obra magna que debería ser es precisamente la elección de la Espert como eje central del espectáculo, que no se corresponde con la edad del personaje ideado por Hellman para su obra. Regina Hubbard en el texto original tiene 40 años y la Espert está más cerca de doblar ese número que de acercarse, lo que fuerza a modificar la edad de otros de los personajes. Como el de su hija Alexandra, que debería tener diecisiete años pero es interpretado por Carmen Conesa (de cincuenta años). No estoy hablando de las interpretaciones, que en el caso de Conesa es maravillosa (de lo mejor de la función), contenida, tierna y matizada. Sino de ciertos comportamientos de los personajes que por este desfase provocan extrañeza en el espectador. Aunque esto también resulta curioso, ya que lo que en el texto original es completamente plausible (como la motivación de Regina: escapar de ese ambiente pueblerino e instalarse en Chicago, donde llevará la vida que siempre ha deseado), aquí se transforma en algo más cercano a una obsesión malsana, ya que la protagonista no tiene edad para realmente poder aprovechar ese cambio de vida. La Espert aporta así a este personaje (ya de por sí todo un dechado de virtudes) una desesperación y maldad que superan la avaricia para convertirse en algo cercano a una psicopatía. Y hay que reconocer que (con sus característicos recursos y forma de hacer que a unos encantará y a otros pondrán de los nervios) crea un potente personaje que los seguidores de la actriz apreciarán enormemente. El resto del reparto crea también grandes personajes, con especial mención, además de la ya citada Carmen Conesa, para un inmenso Víctor Valverde, que interpreta a James, el marido enfermo de Regina, que llena de forma espectacular el escenario con su voz y presencia. Y también para Jeannine Mestre, que crea otra entrañable caracterización como Birdie, la esposa de Oscar, una tierna flor aristócrata del sur con buen corazón aplastada por la inquina de la familia Hubbard. Una maldad la de esta familia que se expande por todos sitios, como dice Ben (un Hector Colomé que por cierto consigue llegar a que se le odie profundamente, todo sea dicho, así que bravo por él también): El mundo está lleno de Hubbards. Tal vez no se llamen como ellos, pero sin duda tienen los mismo intereses y es prácticamente imposible detenerles. Cuidado. Los zorros se encuentran allá donde mires.

La loba
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Nombre del montaje: La loba

Disciplina: teatro contemporáneo

Director: Gerardo Vera

Autor: Lillian Hellman

Adaptaci�n: Ernesto Caballero

Reparto: Nuria Espert, Héctor Colomé, Carmen Conesa, Ricardo Joven, Paco Lahoz, Markos Marín, Jeannine Mestre, Víctor Valverde, Ileana Wilson

Escenografía: Gerardo Vera
Vestuario: Franca Squarciapino
Iluminación: Juan Gómez-Cornejo
Música y diseño de sonido: Luis Miguel Cobo
Videoescena: Alvaro Luna
Coproducción: Centro Dramático Nacional y Juanjo Seoane Producciones

D�nde: Teatro María Guerrero

Direcci�n: Tamayo y Baus, 4. Madrid

Hasta: 10.06

Horario: De martes a sábado 20.30h. Domingos 19.30h.

Precio: De 11 a 18 €. Día del espectador 50% descuento

Venta de entradas: www.ticketmaster.es