EL TRIÁNGULO AZUL, de Laila Ripoll y Mariano Llorente

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(Esta crítica fue publicada en la web de cultura Notodo.com con motivo del estreno de EL TRIÁNGULO AZUL en el Teatro Valle-Inclán de Madrid. Para más información podéis hacer clic aquí y ver la reseña en la web de Notodo.)

EL TRIÁNGULO AZUL. Chotis en el campo de concentración.
Crítica por Miguel Gabaldón

El amarillo para los semíticos. El marrón para los judíos. El rosa para los homosexuales. Y “Azul como el cielo azul es el triángulo de España…” Los españoles fueron los primeros en entrar en Mauthausen y los últimos en salir. Ningún gobierno se preocupó de si estaban vivos o muertos y tuvieron que lucir el distintivo azul, el de apátrida, porque el gobierno de Franco así lo decidió. Siete mil españoles pasaron por Mauthausen. Los que sobrevivieron no llegaron a dos mil, según comentan los autores de El triángulo azul. El espectáculo escrito por Laila Ripoll y Mariano Llorente (que forma parte también del reparto) y dirigido por aquélla, que se acaba de estrenar en el Teatro Valle-Inclán y que rinde homenaje a estos apátridas que sufrieron y cantaron en el campo de concentración de Mathausen. Porque El triángulo azul es una atípica propuesta que aúna la narración histórica, el vodevil y la intriga con un expresionismo satírico que lo convierte en un montaje mucho más que interesante.

El triángulo azul no busca la conmoción fácil, sino que juega con el humor negro para conseguir sus fines. Un humor negro como el de uno de sus protagonistas, Paco, que ríe porque es lo único que puede hacer allí para caer en las garras de la locura y poder así seguir viviendo. Según comentan también los autores, en la Navidad de 1942 los españoles consiguieron, por primera y única vez en la historia de los campos, autorización para representar teatro. Sabían que, para sobrevivir, no tenían más arma que su moral y su sentido del humor. No escogieron un gran texto áureo, ni una tragedia universal, no. Los deportados españoles del campo de Mauthausen representaron una revista musical repleta de suripantas, vicetiples y pelucas rubias fabricadas con virutas de madera.

Y el espectáculo utiliza hábilmente este punto de partida y trufa la narración con múltiples números musicales de género netamente español, desde el pasodoble del triangulito hasta el chotis del crematorio (fantásticos) consiguiendo un esperpento trágico que ayuda a tratar de forma muy poco ortodoxa un tema tan espinoso como éste. La historia de estos españoles es narrada por el miembro de las SS Paul Ricken (Paco Obregón), como un arrepentido ojo que todo lo ve, un personaje omnipresente en escena, muy hábil recurso de Ripoll y Llorente para contar la historia. Él era el fotógrafo del campo, y sus documentos poseen un lugar fundamental en el montaje (tanto en la narración como en la puesta en escena, ya que se proyectan en múltiples ocasiones). El escenario, tirando a expresionista, recuerda a la cantera en la que se veían forzados a trabajar (con un desagüe en el centro que parece aludir a las infames duchas de gas). Hay un bloque de piedra que sirve de mesa de trabajo y otros bloques de piedra que los personajes desplazan. La sugerente iluminación y un muy certero diseño de sonido acompañan la labor de los actores, espléndida. Un sólido elenco que resulta completamente creíble en cada uno de sus papeles y que (para más INRI), son buenos hasta cantando (acompañados por un grupo de tres músicos en directo). Vamos, que El triángulo azul es uno de los espectáculos más recomendables que hay en cartelera en la actualidad. Un homenaje sui generis al heroísmo de los españoles en los campos y que adopta la peculiar manera de algunos de ellos para enfrentarse al horror. “Azul como el cielo azul, azul como el cielo azul…¡es el triángulo de España!”

M.G.

ESPERANDO A GODOT, dirigida por Alfredo Sanzol. ¿Absurdo?

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Para leer la crítica sobre el espectáculo Esperando a Godot que se representa en el Teatro Valle-Inclán de Madrid, remito a mi reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar en este enlace.

Alfredo Sanzol lleva un divertido Esperando a Godot al Teatro Valle-Inclán

No hay nada que hacer”, dice Estragón al comienzo de Esperando a Godot. Pero Alfredo Sanzol hace y se atreve a poner el clásico de Samuel Beckett sobre las tablas del Teatro Valle-Inclán de Madrid, llenando el escenario de las palabras de irlandés. Colmando el teatro de absurdo. Y de risas, muchas risas. Porque el texto de Beckett se puede afrontar de mil maneras (más cáusticamente, más oníricamente… rollo arte y ensayo mortal death) pero Sanzol opta por la comedia pura y dura, cercana al slapstick (e incluso por momentos podría decirse que al chanantismo) y con guiños a clásicos tales como los Hermanos Marx.

Telas de azul infinito que se elevan hacia las alturas del escenario del Valle-Inclán (interminables, con un mar de focos a medio recorrido) dan la bienvenida al espectador. En escena, poco más: algunos arbustos y el famoso árbol (que más bien podría ser otro arbusto más) a la vera del cual Estragón y Vladimir esperan a Godot sin que éste llegue jamás. Los que sí que llegarán serán Pozzo, un hombre exagerado y pagado de sí mismo, Lucky, su criado, con el cuello atado a una cuerda para tirar de su amo y un chico de los recados. Gogo y Didi esperan, esperan y esperan, intentando matar el tiempo de las formas más absurdas que se les ocurren. No sucede nada a nivel dramático. No existe planteamiento, nudo y desenlace (qué diría Syd Field de esto…). En su lugar hay dilación, retraso, una prórroga continua. Y en esa espera, una multitud de detalles. Y nada sucede mientras tanto. Bueno, sí. La vida.

Sanzol centra su puesta en escena en potenciar la vertiente más cómica y loca de estos personajes, que consiguen momentos realmente divertidos. Paco Déniz y Juan Antonio Lumbreras conforman un tándem conseguidísimo como los dos protagonistas, con un química y ternura entre ambos (y un rollito gay evidente, aunque más solidario que otra cosa) que consigue alcanzar el patio de butacas. El Pozzo de Pablo Vázquezrecuerda al Sombrerero Loco de Alicia en el país de las Maravillas, y funciona en ese registro regalando algunos momentos delirantes. Y el Lucky de Juan Antonio Quintana es espléndido, conmovedor y patético. Ese hombre amarrado, frágil y agotado, que cuando le ordenan bailar, baila, y cuando tiene que pensar, piensa (geniales esos dos momentos, por cierto) es una imagen que continúa siendo tremendamente potente.

Sanzol consigue un espectáculo ligero, lleno de luz y de movimiento, que divierte (y muestra son las risas de la chavalada presente en la función, hordas de excursiones de instituto) con este absurdo clásico del siglo pasado. Y es que, como dice el director: “No se entiende el teatro que hacemos sin Beckett. Tampoco el cine. Su influencia va desde Pinter a Tarantino. Sin Beckett no existiría la escena «del masaje en los pies» de Pulp Fiction”. Así que es una ocasión perfecta para acercarse a esta obra y saber por qué sigue representándose medio siglo después. Porque, detrás de la risa, de esa obra “horriblemente cómica”, como decía el propio autor, está la angustia infinita, ese absurdo del ser humano. Un ser humano desolado, desorientado tras los grandes conflictos bélicos de la primera mitad del siglo XX. A la espera siempre de algo o alguien (¿un dios?, ¿un gurú?, ¿un mecenas?) que nos ilumine, dé respuestas y nos eche un cable en el marasmo de la vida. Y que jamás llega a aparecer. “¿Qué? ¿Nos vamos?”, dice Vladimir al final de la obra. “Vamos”, le contesta Estragón. Pero ninguno de los dos se mueve. Y la espera continúa.

Esperando a Godot
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Nombre del montaje: Esperando a Godot

Disciplina: Teatro contemporáneo

Director: Alfredo Sanzol

Autor: Samuel Beckett

Adaptaci�n: Ana María Moix

Reparto: Miguel Ángel Amor, Paco Déniz, Juan Antonio Lumbreras, Juan Antonio Quintana, Pablo Vázquez

Escenografía y vestuario: Alejandro Andújar
Iluminación: Pedro Yagüe
Ayudante de dirección: Pietro Olivera
Ayudante de escenografía: María Matas
Producción: Centro Dramático Nacional

D�nde: Teatro Valle-Inclán

Direcci�n: Pza. Lavapiés, s/n. Madrid

Hasta: 19.05

Horario: De martes a sábados a las 20.30h. Domingos 19.30h.

Precio: 20 €. Día del espectador descuento 50%.

Venta de entradas: entradasinaem.es

LA COPLA NEGRA, de las Chirigóticas, en el Teatro Valle-Inclán

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Para leer la crítica sobre el espectáculo La Copla Negra que se representa en el Teatro Valle-Inclán de Madrid, remito a mi reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar en este enlace.

EL HIJO DEL ACORDEONISTA, de Bernardo Atxaga. Dolorosa música

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Reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar en este enlace.

La novela de Bernardo Atxaga, El hijo del acordeonista, en el Teatro Valle-Inclán

Unas cortinas nos dejan entrever una habitación de hospital en la primera escena y la última. Unas cortinas que podrían ser el fuelle de un acordeón. Igual que los estores que suben y bajan ayudando a crear diferentes espacios. Acordeones son piedras en un río. Un acordeón arde. Otro acordeón se desprende violentamente resquebrajándose. Y se utiliza como gancho para colgar a un torturado. Música de acordeón es tocada en directo, sonando y resonando, como poético leit motiv de este El hijo del acordeonista, la adaptación teatral de la novela de Bernardo Atxaga que, después de haber girado por diferentes ciudades, podemos ver ahora en el Teatro Valle-Inclán de Madrid.

David y Joseba son amigos desde la infancia. David vive ahora en California, y se encuentra delicado de salud. Joseba le visita para hablar sobre un traición del pasado. Y acaba leyendo las memorias de su amigo. Reviviendo de nuevo el pasado. “Empecé a escribir para comprender, pero no lo he conseguido”, dice David. De jóvenes los dos decidieron, por razones ideológicas uno, emocionales el otro, militar en la incipiente ETA de comienzos de los 70. Y la obra transita por treinta años de la vida de estos personajes, desde ese microcosmos imaginario y crisol vascuence de las novelas de Atxaga que es el pueblo de Obaba, hasta Francia o California, centrándose en la época de juventud de los dos protagonistas. “No te metas en política”, le repiten en varias ocasiones al joven David. Y parece que Atxaga, a pesar de utilizar como trasfondo la problemática del terrorismo, se impuso a sí mismo esta máxima también en El hijo del acordeonista. Quienes vayan buscando un posicionamiento o una reflexión de calado incómoda respecto al tema de ETA, no lo encontrarán aquí (esto es algo que ya echaron en cara en el momento de la publicación de la novela y seguramente muchos lo piensen ahora con la adaptación teatral). Una vez sabiendo esto, lo que queda es un hermoso, muy hermoso, espectáculo sobre la amistad, el amor y el peso del pasado. Una historia sobre dos amigos en un tiempo convulso. Las bellas palabras de Atxaga son adaptadas por Patxo Tellería y dirigidas por Fernando Bernués de forma poética. La estructura, heredera de la novela y poco teatral al basarse en escenas breves, podría hacer resentirse a la narración. Pero no es así. La fluidez de las transiciones y estas escenas nos hacen sentir casi como si se tratara de una composición musical. Como si siguiéramos el rítmico movimiento del acordeón que suena permanentemente. La funcionalidad y sencillez de la escenografía es extrema, pero consigue un efecto espectacular en esta simplicidad. Apoyada además por un diseño de iluminación sobresaliente para crear los espacios y emociones. Las emociones de unos personajes interpretados por un reparto que consigue conmover. Y en el que destacan los dos amigos de jóvenes, unos creíbles y perfectos Aitor Beltrán e Iñaki Iriarte. Y una Amancay Gaztañaga que enamora en el personaje de Teresa, el primer amor de David. Ella es la hija del falangista del pueblo pero que “consigue flotar sobre todo ello”, como le dicen, sobre todos los problemas políticos que hay a su alrededor. Un personaje que, a pesar de ser arquetípico (intensa joven de los años setenta que habla en francés y vive su existencia como si se tratara de una obra de teatro), está lleno de vida y atrae irremediablemente cada vez que aparece en escena. Aunque si hay que poner algún en cuanto al reparto, Joseba Apaolaza en el David adulto tal vez se encuentra demasiado afectado y choca con la naturalidad de la mayoría del resto de las interpretaciones.

A algunos la obra les parecerá algo tibia políticamente. Incluso algo sentimental. Y algo sentimental es, si se quiere llamar así, ya que consigue emocionar con su historia de amor, familia y amistad truncada. Pero de forma elegante y sin acudir a dramatismos facilones. Sus personajes se te quedan en la memoria. Y la sencillez y poesía de sus palabras y puesta en escena (esas mujeres removiendo agua en unas peceras delante de dos micrófonos para simular el sonido de un río es sólo un ejemplo) hacen de este hijo del acordeonista un espectáculo tremendamente recomendable. Como dicen sus creadores “La «Historia» está compuesta por miles de «historias». Y ésta es una de ellas. Sólo una de ellas”.

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Nombre del montaje: El hijo del acordeonista

Disciplina: teatro contemporáneo

Director: Fernando Bernués

Autor: Bernardo Atxaga

Adaptaci�n: Patxo Tellería

Reparto: Joseba Apaolaza, Mattin Apaolaza, Aitor Beltrán, Mireia Gabilondo, Amancay Gaztañaga, Asier Hernández, Mikel Losada, Anke Moll, David Pinilla, Iñaki Rikarte, Vito Rogado, Iñaki Salvador, Mikel Telleria, Patxo Telleria

Música: Iñaki Salvador
Escenografía: José Ibarrola
Iluminación: Xabier Lozano
Vestuario: Ana Turrillas
Traducción: Asun Garikano, Bernardo Atxaga
Coproducción de Tanttaka Teatroa, Teatro Arriaga (Bilbao), Teatro Principal (Vitoria) y Teatro Victoria Eugenia (San Sebastián)

D�nde: Teatro Valle-Inclán

Direcci�n: Pza. de Lavapiés, s/n. Madrid

Hasta: 07.04

Horario: De martes a sábados a las 20.30h. Domingos a las 19.30h.

Precio: 20€. Día del espectador descuento 50%.

Venta de entradas: www.entradasinaem.es



http://youtu.be/jH_9g_8jFuA

EL MALENTENDIDO, de Albert Camus, dirigida por Eduardo Vasco

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Para leer la crítica sobre el espectáculo El malentendido que se representa en el Teatro valle-Inclán de Madrid, remito a mi reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar aquí.