LLUVIA CONSTANTE, de Keith Huff


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(Esta crítica ha sido publicada en la web de cultura Notodo.com con motivo del estreno de Lluvia constante, dirigida por David Serrano, en los Teatros del Canal de Madrid. Para más información podéis hacer clic aquí y ver la reseña en la web de Notodo.)

LLUVIA CONSTANTE. Puñetazos escénicos.
Crítica por Miguel Gabaldón.

La lluvia moja. Y mantenerse hora y media bajo ella (aunque sea dentro de un teatro) te cala hasta el alma. Sobre todo con un texto sólido como una roca y dos monstruos en escena. Y es que eso es Lluvia constante, un texto de Keith Huff (muy bien adaptado por David Serrano) que se puede ver en los Teatros del Canal. Lluvia constante tiene olor a película de Scorsese, a teatro clásico, drama de enjundia y a humedad. Serrano ha optado por un montaje minimalista (con un eficaz diseño de iluminación) para contarnos la historia de Rodo y Dani, dos amigos de la infancia y compañeros policías. Dani es un hombre brusco y algo animal pero noblote, que daría su vida por su familia (“Hay algo en la sangre que va más allá de toda lógica”). Rodo es un ex alcohólico (aunque bastante cabal) al que Dani ha acogido bajo su pétrea ala desde que eran niños. En un par de días una serie de acontecimientos les cambiarán para siempre.

Lluvia constante tiene un inconfundible sabor americano (sobre todo porque estamos acostumbrados a esos estereotipos en las películas estadounidenses, además de que los tiroteos gracias a dios aquí no son demasiado normales). Pero sus conflictos, y esa violencia y depresión que se respiran en la narración, lamentablemente podrían nacer en los barrios deprimidos de muchos otros países. El texto consigue mantener la atención en todo momento, estructurado como si los protagonistas estuvieran narrando al público de la sala de forma directa esta historia acerca de la amistad, la familia, la lealtad y los límites de la moralidad. Y la inconmensurable labor de sus dos intérpretes lo hacen llegar desde la primera hasta la última fila del teatro.

Roberto Álamo
consigue una interpretación de premio con su agotador y pétreo Daniel. Impresionante cómo se mete este gigante en la piel de este su personaje, logrando una simbiosis absoluta con una verdad y humanidad descomunales. Es, sencillamente, acojonante (lo siento, pero no hay otra palabra para expresarlo). Y Sergio Peris-Mencheta no le va a la zaga. Su Rodo es un prodigio de autenticidad y establece una conexión con su compañero brutal. Es un placer poder ver en escena unas interpretaciones tan emocionantes y entregadas como éstas. En definitiva, Lluvia constante, gracias un texto sin fisuras y unas interpretaciones de ésas para el recuerdo, acaba por ser un espectáculo sólido y redondo mucho más que recomendable. Un puñetazo en la boca del estómago, thriller oscuro y húmedo que dispara de forma certera haciendo blanco en pleno corazón.

M.G.

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