THE LIFE AND DEATH OF MARINA ABRAMOVIC, en el Teatro Real, el evento cultural de la temporada

Marina Abramovic. Foto: Lucie Jansch

Para leer la crítica sobre el espectáculo “The life and death of Marina Abramovic” representado en el Teatro Real de Madrid, remito a mi reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar en el siguiente link:

http://www.notodo.com/escena/teatro_contemporaneo/3457_the_life_and_death_of_teatro_real_madrid.html

El evento cultural de la temporada, The life and death of Marina Abramovic, en el Real

he funeral is the artist last art piece before leaving (El funeral es la última pieza del artista antes de partir). Son palabras del Manifesto de la serbia Marina Abramovic, la abuela de la performance, reina y señora de la acción artística extrema que lleva convirtiendo su cuerpo desde hace más de cuarenta años en materia artística maleable. Y parece que el esteta Robert Wilson ha tenido en cuenta esta frase a la hora de llevar su vida a escena en el que es el acontecimiento cultural de la temporada, objeto de deseo para cualquier buen moderno que se precie: The Life and death of Marina Abramovic. Una producción del Teatro Real protagonizada por la mismísima Abramovic en (maltratada) carne y hueso, el archiconocido actor americano Willem Dafoe y el singular cantante Antony Hegarty (de Antony & the Johnsons). El espectáculo comienza con su funeral y, después de recorrer su existencia, acaba con la ascensión de Abramovic a los cielos cual Virgen María o Santísima Trinidad de la performance (conformada por ella y otras dos figuras portadoras de máscaras con el rostro de la serbia).

El espectáculo es sobresaliente y disfrutar de estos astros en escena es lo más cercano que se puede estar del Olimpo de la cultura escénica contemporánea. La sensación de estar inmerso en un sueño persiste durante las tres horas que dura la obra, gracias a la puesta en escena de Wilson y la conjunción de todos sus elementos. Pero los seguidores de Abramovic tal vez echen de menos algo más de riesgo. De la marca de la casa. De esas acciones artísticas impactantes, extremas y sin límites de la serbia. Asimismo se presenta un ejercicio de desacralización de su figura (enfocando aspectos de su vida de manera cómica y grotesca) que realmente no es tal puesto que a la vez que se está elevando un panegírico (al fin y al cabo ella es la protagonista aboluta). Paradoja, al igual que la semilla misma del proyecto: Abramovic, a pesar de odiar el teatro como toda buena performer que se precie (criticando la falsedad inherente de esta disciplina frente a la verdad de sus acciones artísticas), siente la necesidad cada cierto tiempo de otorgar poderes plenos a algún director de escena para que lleve su vida a las tablas. Y en este caso le ha tocado a Robert Wilson, uno de los visionarios de la escena, en activo desde los sesenta que aunque (para qué engañarnos) a estas alturas ya se repita, sigue teniendo un increíble poder hipnótico (con esa lentitud de movimientos, exquisita iluminación, vestuario y paisajes sonoros) y logra cuadros estáticos de sublime belleza. Una oda al minimalismo escénico como es característico en él y que,a pesar de ciertas contradicciones, irregularidades o paradojas, no deja de ser un espectáculo profundamente especial y perturbador.

En este caso con la vida de la Abramovic ha realizado una serie de tableaux vivants centrados especialmente en su infancia y juventud. La obra de la artista se ve imbricada en la historia por algunas proyecciones y en forma de personajes que recuerdan a algunas de sus performances: un hombre con una serpiente (vivita y coleando) enroscada al cuello, féminas cuchillo en ristre, parejas sadomasoquistas…. El texto alude asimismo (en ciertos momentos de forma algo obvia, todo hay que reconocerlo) a esa necesidad patológica de infligirse daño. Ante nuestros ojos aparecen escenas oníricas bellísimas y otras profundamente perturbadoras, casi de pesadilla. La imagen de un Dafoe completamente desatado con la boca llena de sangre (acompañada de un angustioso paisaje sonoro) sospecho que se va a quedar grabada en la retina para el resto de mi vida. El caso es que la fuerza artística del personaje de la serbia se deja entrever pero no llega a revelarse completamente. Y si nos atenemos al libreto, aunque no se pretenda un desarrollo linear y convencional sino la escenificación de una serie de imágenes para provocar una sensación, finalmente hay que reconocer que se queda en una algo simplista visión psicoanalítica de la tormentosa relación con su madre (elevándola así a motivación primordial de las acciones de Abramovic). Y Wilson plasma esto de manera grotesca a la vez que estetizante, mezclando tragedia y comedia con elementos surrealistas. ¿Qué importancia puede tener por ejemplo que la familia de Abramovic fuera la primera en tener una lavadora en su ciudad comparada con algunas de sus performances? Pues Wilson decide hacer un episodio entero sobre ello, mientras que pocas escenas tenemos acerca de sus acciones artísticas (por otro lado eso sí que se convertiría en un fake de momentos irrepetibles). En cuanto a los intérpretes, el guía principal de esta sátira es Willem Dafoe, maestro de ceremonias en un registro exageradísimo que sin embargo resulta completamente hipnótico y muestra la increíble fuerza de este actor. Dafoe, que fue fundador de The Wooster Group (grupo de teatro neoyorquino experimental por excelencia, con lo cual no le pilla lejos esto de la escena contemporánea) hace aquí una demostración de sus extraordinarias dotes y recursos. Su personaje, un remedo de Joker vestido de uniforme militar (Abramovic no se libra de la inlfuencia de los conflictos de su país natal y esto también se refleja en el espectáculo), narra en tono jocoso los hitos de la vida de la artista mientras en segundo plano se representa la acción por multiplicados personajes, todos maquillados hasta el extremo, máscaras que recuerdan al teatro oriental. Antony por su parte aparece y desaparece del escenario en un personaje indefinido (presencia oscura pero protectora, hombre y mujer simultáneamente) y en el instante en el cual escuchamos su voz se congela el tiempo. Sus temas consiguen elevar el espectáculo hasta cotas estratosféricas y lo único que se lamenta es que no le hayan otorgado algo más de protagonismo. Él asimismo es el responsable de la dirección musical y de ensamblar sus propios temas con la magnífica música (atmosféricos paisajes sonoros) creada para la ocasión de otros dos compositores, William Basinski y Svetlana Spajic. Ésta última aparece también en escena interpretando sus piezas, de una fuerza extraordinaria, inspiradas en los cantos populares serbios. Y Marina Abramovic, el eje del espectáculo, se interpreta a sí misma (en numerosas ocasiones de forma estática, muy al gusto de Wilson) pero también a su madre, en un juego en el que se enfrenta a sus demonios interiores. Las propias performances de Marina Abramovic son una manera de combatir estos miedos, como ella misma ha comentado, y este espectáculo ahonda en ese camino. Quizá incluso Wilson se vea reflejado (por lo visto tampoco sus años de juventud fueron un camino de rosas). Es la visión (escenario lleno de fantasmas como testigos de un sueño enfebrecido) de un director y un personaje sobre la vida y la redención. Una forma de exorcizar demonios, de purgar la existencia para enfrentarse de nuevo con el mundo de forma libre. De utlizar la catarsis como medio de purificación. El réquiem entonado por la sobrenatural voz de Antony lo expone desde el primer instante: I’ll tell you a story / Through my man’s eye / Your story / My way / Your black and blue story / Through the white of my eye / My loneliness / My pain (…) I’m gonna cry / I’m gonna use our eyes / I’m gonna cry / I’m gonna cry through your eyes.

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Nombre del montaje: The life and death of Marina Abramovic

Disciplina: teatro contemporáneo

Director: Robert Wilson

Autor: Robert Wilson y Marina Abramovic

Reparto: Marina Abramovic, Willem Dafoe, Antony Hegarty, Svetana Spajic, Christopher Nell

DIrector musical: Antony

Compositores
: Antony, William Basinski, Svetlana Spajic

Figurinista
: Jacques Reynaud

Iluminador
: A.J.Weissbard

Diseñador de sonido
: Nick Sagar

DIseñador de maquillaje
: Joey Cheng

Diseñador de video
: Tomasz Jeziorski

D�nde: Teatro Real

Direcci�n: Plaza de Oriente, s/n

Hasta: 22.04

Horario: De martes a sábado 20h. Domingos 18h.

Precio: De 7 a 90 euros

Venta de entradas: http://www.generaltickets.com

AMADEU, de Albert Boadella. El simplismo político hecho musical.

 

CRÍTICA

Dónde quedaron los tiempos de Els Joglars, dónde quedaron… Amadeu, el último espectáculo de una de las cabezas pensantes de este mítico grupo teatral, Albert Boadella, nos narra la historia de un periodista aficionado al rock al que le endosan un reportaje sobre la figura del compositor de Zarzuela Amadeo Vives debido a una polémica por la que parece que nadie en Cataluña quiere mantener los gastos de su tumba  y puede acabar en una fosa común. Boadella hace de este material un espectáculo simplista, burdo, sin gracia y aburrido, sólo apto para los muy amantes del género chico. Y no es que yo sienta rechazo ante este tipo de género. He disfrutado enormemente con espectáculos similares, como El gato montés (y más patriótico que eso no hay nada) o Las de Caín, sin ir más lejos. Pero esto es otra cosa muy diferente. La puesta en escena es prácticamente inexistente y el feísmo llega a cotas bastante difíciles de superar. Sólo se encuentra la orquesta sobre el escenario y los dos actores con un piano. El resto de intérpretes van y vienen por ese escenario vacío, que no es el escenario vacío de Peter Brook sino un escenario carente de sentido. O lo que es peor, de un tremendo servilismo político, ya que a la postre el espectáculo se transforma en un burdo homenaje a la figura del músico (a cuento de qué esa caracterización de Antoni Comas que parece casi el jorobado de Notre Dame en versión catalana), mezcla de El conciertazo y el Diario de la Noche de Telemadrid.

Boadella parece que se siente identificado con el compositor y el hecho de que la sociedad catalana le repudie al afincarse en Madrid, después de componer himnos catalanes, para realizar composiciones españolistas como la zarzuela. Y es que el tema está tratado de una forma tan burda que hasta sonroja. Y sin gracia ninguna en los chistes o espectacularidad en los números, como podría ser de esperar. Unos números que tampoco son especialmente brillantes y que los cantantes defienden correctamente, pero no mucho más. Boadella manipula los elementos a su antojo para transmitir su moraleja: el uso de los mismos quince segundos de rock utilizados veinte veces durante la representación para hacer que se les coja asco (en vez de utilizar diferentes fragmentos) es una decisión tan demagógica como obviar la información del funeral multitudinario del que fue objeto Vives en Cataluña.

En cuanto a los intérpretes, Antoni Comas hace lo que le mandan, una caricatura de Vives, y como tal está bien (pero no se me ocurre nada más alejado de un homenaje que esto), y Raúl Fernández (al que vimos en la maravillosa Tres años de la Sala Guindalera) defiende como puede un personaje de encefalograma plano y nula profundidad, cliché vergonzoso de la juventud. Pero él no tiene la culpa y como comento defiende bastante bien lo indefendible. El espectáculo, que dura dos horas sin intermedio, es repetitivo hasta la saciedad y podrá ser del agrado de una parte del público, pero carece completamente de valor artístico, a no ser que la soflama política se considere un arte.

FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

Dirección y dramaturgia: Albert Boadella / Dirección musical: Miguel Roa y Manuel Coves / Dirección del Coro JORCAM ACADÉMICA: Félix Redondo / Coreografía: Ramón Oller / Escenografía: Ricardo Sánchez-Cuerda / Actores: Amadeo Vives (Antoni Comas), Jordi (Raúl Fernández), Jefe de Redacción (Chema Ruiz) / Solistas: Auxiliadora Toledano – soprano (14, 18, 20, 21, 25, 27, 29 de abril, 2, 3 y 6 de mayo); Yolanda Marín – soprano (14, 15, 19, 22, 24, 26, 28 de abril, 1, 4 y 5 de mayo); Joana Thome – mezzosoprano (14, 18, 20, 22, 25, 27, 29 de abril, 2, 3 y 6 de mayo); Lola Casariego – mezzosoprano (14, 15, 19, 21, 24, 26, 28 de abril, 1, 4 y 5 de mayo); Israel Lozano – tenor (14, 18, 20, 22, 25, 27, 29 de abril, 2, 3 y 6 de mayo); Francisco Corujo – tenor (14, 15, 19, 21, 24, 26, 28 de abril, 1, 4 y 5 de mayo)  /JORCAM Académica.

 

ASUFRE, cabaret en los siete círculos del infierno



CRITICA

Sufre ¡¡Asufre!! Es el grito de guerra de los cuatro actores de este espectáculo visto en la Sala Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes que, con el único acompañamiento de una fila de butacas de teatro (un asiento para cada uno de ellos) nos guían a través del inframundo y sus muy diferentes círculos, salas, antesalas, pasillos y ataúdes. Dante (An Dante), Orfeo (Solfeo), el Señor K (K) y Fausto (bueno, Faustino) hablan, cantan y se cuestionan temas vitales y filosóficos sobre unos zapatos de tacón. La compañía Dei Furbi hace un remix de textos de Sarte, Dante, Goethe y Strindberg (entre otros) en un dinámico juego escénico dirigido por Gemma Beltrán y que fue primer premio en el XIV Certamne Nacional de Directores de Escena 2011. En poco más de una hora los cuatro protagonistas (interpretados virtuosamente por Óscar Bosch, Toni Vinyals, Marc Vilayella y David Marcé) recorren el infierno en un continuo juego lingüístico y musical hasta descubrir lo que ya nos dijo Sartre hace tiempo. Carcajadas aseguradas (aunque hay que reconocer también que algunos gags son en exceso facilones) para una visita humorística a los bajos fondos de la tierra.

FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

Intérpretes: Óscar Bosch, Robert González, Marc Vilavella, Jordi Llordella, en alternancia con Toni Vinyals y David Marcé

Dramaturgia y dirección: Gemma Beltrán

Iluminador: David Bofarull

Escenografía y vestuario: Ramón Ivars


DE RATONES Y HOMBRES, dirigida por Miguel del Arco. Los hijos de la Ira

 

Para leer la crítica sobre el espectáculo “De ratones y hombres” que se representa en el Teatro Español de Madrid, remito a mi reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar en el siguiente link:

http://www.notodo.com/escena/teatro_contemporaneo/3458_de_ratones_y_hombres_teatro_espaol_madrid.html

De ratones y hombres, de John Steinbeck en montaje de Miguel del Arco, llega al Español

Una oscura masa de individuos bajo un cielo plomizo se abalanza sobre la escena. El humo y la ténebre iluminación impide vislumbrar con exactitud qué sucede en el escenario. Al momento vemos las siluetas de los dos protagonistas corriendo desesperadamente bajo un cielo tormentoso que vaticina una tragedia. Éste es el potente comienzo del último montaje de Miguel del Arco, De ratones y hombres, que se puede ver en el Teatro Español de Madrid. El texto de Steinbeck sigue de actualidad 75 años después de su publicación y nos muestra a dos seres obligados a trabajar como bestias, vagando de lugar a otro con el sueño de poder llegar a establecerse en un terreno de su propiedad y ser por fin felices. Dos personajes increíblemente humanos: Lennie, un hombretón con la mente de un niño de seis años, todo ternura y cariño para George, su compañero de fatigas, que decidió un buen día protegerle y con el cual desde entonces vaga por la California de la Gran Depresiónamericana. Juntos llegarán a unos terrenos donde comenzarán a trabajar y encontrarán (como tantas veces antes) el producto de una época: hombres llenos de ira, violencia, cansancio y temor.

Miguel del Arco muestra de nuevo (tras obras como Juicio a una zorra o Veraneantes) sus magnífica dotes para la dirección teatral conjugando muy eficazmente comedia y drama. En este caso nos presenta una potentísima puesta en escena, tenebrosa y atmosférica. El decorado, gracias a un elaborado juego escénico, se transforma en un ente vivo (transformado por los propios personajes en los cambios de escena, como si formara parte de su trabajo de jornaleros) y transmite poderosamente la atmósfera sórdida y opresiva de la época y de los personajes, apoyado por un perfecto vestuario y un diseño de iluminación que juega con los claroscuros y asfixia a los personajes. Asimismo un riquísimo diseño de sonido ambienta (en ocasiones muy sutilmente) la acción transmitiendo sensaciones potenciadas por la música original de Arnau Vilá. Pero principalmente Del Arco se apoya en un conjunto de actores magnífico que hacen de la función un espectáculo profundamente conmovedor. Todos son notables, pero destacan por méritos propios los dos protagonistas. Fernando Cayo confecciona un George simplemente espléndido, contenido, matizado, que casa a la perfección con la interpretación de Roberto Álamo como el inocente Lennie, una especie de Frankenstein enternecedor incapaz de contener su fuerza. No hace falta explicar el pasado de estos personajes para percibir desde el primer minuto el inmenso afecto que se profesan el uno al otro. La historia que le pide Lennie a George que le cuente una y otra vez lo dice todo: Los hombres como nosotros no tienen familia. Ganan un poco de dinero y lo gastan. A nadie le importa lo que les pase. Pero nosotros no. Yo te cuido a ti. Y tú me cuidas a mí.

Muy emotiva también es la creación de Antonio Canal como el viejo manco Candy, que se une sin dudar a los sueños y esperanzas de la pareja protagonista. Y destacada también la actuación de Irene Escolar como la mujer del hijo del capataz (magnífico el íntimo momento con Lennie, apoyado por unas proyecciones de tono naïf que se utilizan en un par de instantes de la función y son un verdadero acierto). Bajo una fachada provocativa y peligrosa que desencadenará la tragedia esconde algo tan sencillo como la necesidad imperiosa de ser querida y poder conversar con alguien. Simplemente. Porque éste es el motor de los personajes. La necesidad de compartir. Avistar el cariño y la compasión en medio de la tragedia. George y Lennie han puesto remedio a esto aliándose. El viejo Candy desea salir del brutal mundo en el que se encuentra para unirse a esta pura pareja. Crooks(interpretado por Emilio Buale), el negro apartado de todos que ataca para defenderse lamenta verse obligado a sufrir su soledad noche tras noche mientras los demás ríen en el barracón. Éstos y el resto de los personajes de De ratones y hombres nos descubren al hombre y el animal, los sueños y esperanzas enfrentados al cansancio vital y la crisis de un mundo que se cae a pedazos. Un universo que recuerda de forma escalofriante al mundo en el que nos movemos hoy en día. Contra el que hay que luchar para no perder la esperanza. Mira Lennie, allá a lo lejos, al otro lado del río…

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Nombre del montaje: De ratones y hombres

Disciplina: Teatro contemporáneo

Director: Miguel del Arco

Autor: John Steinbeck

Adaptaci�n: Juan Caño Arecha y Miguel del Arco

Reparto: Fernando Cayo, Roberto Álamo, Antonio Canal, Rafael Martín, Josean Bengoetxea, Irene Escolar, Eduardo Velasco, Diego Toucedo, Alberto iglesias, Emilio Buale

Espacio escénico: Eduardo Moreno
Iluminación
: Juanjo Llorens
Música original
: Arnau Vilá
Coreografía
: Chevi Muraday
Diseño de sonido:
Sandra Vicente – Estudio 340
Figurinista:
Ana López
Producción: Concha Busto Producción y Distribución

D�nde: Teatro Español

Direcci�n: Principe, 25. Madrid

Hasta: 27.05

Horario: De martes a sábado 20h. Domingos 18h.

Precio: De 4 a 22 €. Martes y miércoles 25% descuento

Venta de entradas: www.telentrada.com

 

UNA LUNA PARA LOS DESDICHADOS, de Eugene O’Neill. Risa y llanto en América

 

Para leer la crítica sobre el espectáculo “Una luna para los desdichados” que se representa en el Matadero de Madrid, remito a mi reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar en el siguiente link:

http://www.notodo.com/escena/teatro_contemporaneo/3422_una_luna_para_matadero_madrid.html

Una luna para los desdichados, la última obra de Eugene O’Neill, brilla en el Matadero de Madrid

Poesía y realismo. Alcohol y desesperación. Risas y llanto para llegar a la expiación y la catarsis. Todo esto es Una luna para los desdichados, de Eugene O’Neill, que se representa estos días en el Matadero de Madrid. Durante un día y una noche de luna llena observamos los personajes de este gran dramaturgo americano ante nosotros. Todo sucede en la granja, terreno baldío lleno de pedruscos, arrendada por Phil Hogan, un hombre mayor aunque todavía fuerte, bravucón y con querencia por el whisky pero noble. Junto a él habita su hija Josie, la única de los hermanos que ha decidido no abandonar al padre, mujer que adopta una actitud grosera y basta para esconder su fragilidad. El tercero en discordia es James Tyrone, trasunto del propio hermano de O’Neill, hombre de posibles del que está enamorada Josie, pero a quien el alcohol está destrozando. Éstos son los tres pilares de una obra profundamente íntima que nos sumerge en un mundo lleno de polvo y sudor. En una barraca en medio de la tierra seca con una luna llena ante cuya poesía e influjo los personajes se confiesan. Y que sin embargo no carece de un humor que despierta carcajadas mientras se percibe cristalinamente un poso de amargura continuo. Aparte de estos personajes principales aparecen otros como el hermano de Josie (Gorka Lasaosa), un personaje que aunque no muy agradecido tiene la responsabilidad de abrir la función, y Harder(Ricardo Moya), enemigo acérrimo de Phil (que tal vez presenta un registro excesivamente caricaturesco, uno de los pocas pegas que se pueden achacar a la función).

Una luna para los desdichados es la última obra que pudo escribir O’Neill, padre del teatro estadounidense junto con Tennessee Wiliams y responsable de devastadores cuadros psicológicos del realismo americano como Largo viaje hacia la noche o Deseo bajo los Olmos. Y John Strasberg, hijo de uno de los más famosos directores del Actor’s Studio de Nueva York, dirige la obra. En este caso dejando el protagonismo a tres actores inmensos que provocan escalofríos de emoción en el espectador. José Pedro Carrión es un Phil robusto de imponente presencia, voz y movimientos, debajo de los cuales deja entrever un gran corazón. Un personaje que en otras manos podría llegar a la sobreactuación o a resultar cargante pero que Carrión defiende de forma magnífica y emocionante. El otro pilar masculino de la función es Jim, interpretado por Eusebio Poncela, ante quien uno no tiene más remedio que quitarse el sombrero. Su interpretación de este personaje incapaz de amar, destruido por el alcohol y profundamente amargo se transforma en las manos de Poncela en un hermoso ser roto abocado a la destrucción. Su trabajo, con el riesgo para el exceso que supone que el personaje se encuentra permanentemente borracho, juega con la risa amarga y la emoción de una delicada manera hasta que llegamos a empaparnos por completo de su infinita tristeza. El monólogo final, medio susurrado, entre sueños y abrazos a la luz de esa hermosa luna llena es sencillamente memorable. Y Mercé Pons interpreta a Josie, el amor correspondido de Jim pero tan difícil de hacer realidad. Aunque físicamente Mercé Pons no se correspondería con el personaje descrito por O’Neill en su obra (tan sobredimensionada para una mujer que parece un fenónemo), su interpretación es maravillosa y hace olvidar ese pequeño obstáculo, elaborando un personaje decidido a esconder sus verdaderas emociones y sentimientos bajo una capa de fortaleza que esconde una sensibilidad y necesidad de cariño hermosísimas. La interpretación de Pons, natural y sencilla, emociona hondamente con sus silencios y escuchas, con el brillo de la emoción en sus ojos. Una luna para los desdichados es una obra emocionante, íntima y poética sobre unos personajes profundamente desgraciados que ríen cuando, en realidad, lo que quieren hacer es llorar.

 

Una luna para…
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Nombre del montaje: Una luna para los desdichados

Disciplina: Teatro contemporáneo

Director: John Strasberg

Autor: Eugene O’Neill

Adaptaci�n: Ana Antón Pacheco

Reparto: Mercé Pons, Eusebio Poncela, José Pedro Carrión, Gorka Lasaosa, Ricardo Moya

Escenografía y vestuario: Elisa Sanz
Iluminación: José Manuel Guerra
Ayudante de dirección: Emilio del Valle
Espacio sonoro: Jorge Muñoz

D�nde: Naves del Español (Sala Dos). Matadero

Direcci�n: Paseo de la Chopera, 14

Hasta: 27.05

Horario: De martes a sábado 20.30h. Domingos 19h.

Precio: 22 euros. Martes y miércoles 25% descuento

Venta de entradas: www.telentrada.com

EL CRIMEN DE LORD ARTHUR SAVILLE, un divertido, oscuro y musical Wilde


CRÍTICA

La temporada pasada la compañía catalana Egos Teatre ya sorprendió a todos con ese fantástico musical de pequeño formato llamado RUDDIGORE O LA ESTIRPE MALDITA. Un espectáculo oscuro, tenebroso y divertídisimo que conquistó a todos aquellos que lo vieron en la sala pequeña del Teatro Fernán Gómez en Madrid. La mezcla de cabaret, tragedia victoriana, humor negro y música fue uno de los mejores espectáculos del año. Ahora vuelven al Fernán Gómez después de haber pasado por el TNC de Cataluña, pero esta vez a la sala grande. Y aunque se les queda algo grande y no llega a las cotas de delirio y grandeza de su espectáculo anterior, hay que reconocer que merece la pena presenciar este Crimen de Lord Arthur Saville, un espectáculo musical en la estela del Sweeney Todd de Stephen Sondheim.

La historia, basada en un relato de Oscar Wilde, narra cómo Lord Arthur Saville, joven prometedor a punto de contraer matrimonio, asiste a un espectáculo de adivinación en el que el ilusionista El Gran Séptimo le hace una atroz premonición. Y es que en poco tiempo asesinará a un familiar. A partir de este momento el protagonista entrará en una obsesión criminal por quitarse de encima de este futuro y evitar así herir a su prometida. Se ve que a Egos Teatre les gusta eso del crimen por obligación cuando uno no tiene tendencia para ello, ya que su anterior espectáculo también partía de una base bastante similar. El caso es que en ambos la mala suerte acompaña a los protagonistas, mezclada con un negro sentido del humor y pegadizas canciones que interpretan los seis actores, algunos en varios papeles. Todos realizan una labor fantástica ya que no tienen posibilidad de apoyarse en un coro y defienden los temas ellos solos ante el peligro junto con la orquesta repartida sobre el escenario. Un escenario sencillo pero efectivo con la escalinata y el escenario del ilusionista siempre como presencia permanente. La puesta en escena intenta aprovechar todo el difícil escenario del Fernán Gómez, aunque no lo llega a conseguir plenamente y en momentos queda algo vacío, a pesar de que el juego con el decorado sea bastante efectivo. Otro elemento que en algunos momentos juega en contra es la excesiva duración del espectáculo, que llega a las dos horas y media y que en algún momento se hace ligeramente largo. Aún así su mayor parte se disfruta con una sonrisa en la boca cuando no una carcajada, disfrutando de las composiciones compuestas por Rubén Montaná y Toni Sans (que interpretean a Lord Arthur y al Gran Séptimo respectivamente) y el buen hacer de esta joven compañía, con momentos francamente espectaculares. Y aunque los ataques de risa que sacudían la platea con la obsesión por una conocida canción con una cabra como protagonista que tenía el personaje de María Santalluisa en Ruddigore no llegan aquí a hacer acto de presencia, sin duda alguna es un espectáculo que merece la pena ver, hecho por una compañía con un sello y estilo propios y reconocibles. Ojalá Egos Teatre visite Madrid en muchas más ocasiones. Yo desde luego pienso ir a ver todo lo que tengan a bien regalarnos.

FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA

Versión libre de la obra de Oscar Wilde de la Compañía Egos Teatre. Una producción del Teatre Nacional de Cataluña y Egos Teatre


Ficha artística y técnica

Texto y Letras de las canciones: Rubèn Montañá – Toni Sans
Música: Francesc Mora
Coreografía: Lali Camps – Joan Maria Segura
Dirección musical: Francesc Mora
Dirección escénica: Joan Maria Segura Bernadas

REPARTO

Anna Alborch (Sybil Merton)
Lali Camps (Salomé/Lady Windermere)
Rubèn Montañá (Lord Arthur Savile)
Albert Mora (Mr Percy)
Toni Sans (El Gran Séptimo)
Maria Santallusia (Mrs Percy)

MÚSICOS

Francesc Mora (piano)
Vassil Lambrinov (violín y sierra)
Elisabet Garrigosa (viola)
Francisco Amor (violonchelo)
Oriol Mula i Forné (flauta y piccolo)
Gener Salicrú – Oriol Codina (clarinete y duduk)
Pedro Blanco (trompa)
Enric Monfort (percusión)

Escenografía y atrezzo: Enric Planas y EGOS teatre
Iluminación: David Bofarull
Sonido y Espacio sonoro: Damien Bazin
vestuario: EGOS teatre
Caracteritzación: Sònia Montañá y EGOS teatre
Sombreros Sybil y Mrs Percy: Nina Pawlowsky
Asesor de magia: Enric Magoo
Ayudante de dirección musical: Albert Mora
Ayudante de escenografía: Jordina Salvadó
Construcción de escenografia: Arts-Cenics
Construcción de vestuario: Goretti Puente
Diseño gráfico: Rubén Montañá

TEATR FERNÁN GÓMEZ DE MADRID

LA PIEL EN LLAMAS, de Guillem Clua. Las heridas de la guerra

 

 

Para leer la crítica sobre el espectáculo “La piel en llamas” que se representa en el Teatro María Guerrero de Madrid, remito a mi reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar en el siguiente link:

http://www.notodo.com/escena/teatro_contemporaneo/3386_la_piel_en_llamas_teatro_mara_guerrero_madrid.html

El impactante texto de Guillem Clua La piel en llamas llega al teatro María Guerrero

Rascar un poco en la superficie de un dolor que ninguna obra de arte será jamás capaz de transmitir. Son palabras del autor Guillem Clua sobre las intenciones de su obra La piel en llamas, que se ha estrenado en la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero. Y la verdad es que no sólo llega a rascar. La piel en llamas es una patada en el estómago que hace reflexionar sobre la cómoda y aprovechada situación del mundo occidental. Dirigida por José Luis Arellano, la obra habla sobre un conflicto bélico en una ciudad no especificada (pero reconocible en tantas otras como Sarajevo, Bagdad o Saigón) con personificación en cuatro individuos. Dos parejas que observamos en un mismo espacio, la suite de un hotel tercermundista. Por un lado un fotógrafo famoso gracias a una instantánea de una niña en llamas y una periodista que quiere hablar con él con la excusa de realizar una entrevista. Por otro, un doctor occidental y una mujer local dispuesta a hacer cualquier cosa por su hija ingresada en un hospital. Dos historias y un solo espacio. Dos ejemplos de la enferma relación Oriente-Occidente y las profundas heridas abiertas entre ambos. Dos líneas argumentales que en un primer momento no llegamos a situar temporalmente (realmente no sabemos si son habitaciones contiguas o incluso si la acción sucede a la vez o en tiempos distintos), pero que el texto, con una estructura casi de thriller, poco a poco va desvelando.

Esta estructura, que juega con las historias de las dos parejas manejando los tiempos de forma exacta e intercalando escenas alternativamente de una y otra, es una máquina de relojería que mantiene al espectador en vilo durante la hora que dura el montaje. Intenso y cerebral al mismo tiempo, fuerza al espectador a reflexionar sobre unas escenas con momentos de terrible crudeza tanto física como emocional. La efectiva puesta en escena de José Luis Arellano juega continuamente con el movimiento de los personajes y cede el protagonismo a unos actores que ponen rostro y cuerpo a estos seres heridos. José Luis Alcobendas y Marina Seresesky dan vida al fotógrafo y la periodista. Una pareja compacta en una continua lucha dialéctica sobre sus posiciones encontradas. Mientras que Chani Martín y Helena Castañeda interpretan al doctor occidental y a la víctima de su poder en un cruel juego de dependencia y humillación que deja momentos escalofriantes. Todos desprenden una energía imponente que se ve multiplicada por el pequeño espacio de la sala. Pero hay que reconocer que la interpretación de Helena Castañeda como la madre desesperada, con su terrible indefensión, deja huella de una forma especial. La obra ocasiona un impacto en el espectador que tarda en desaparecer una vez abandonada la sala y logra su objetivo de incomodar e incitar a la reflexión. La mercantilización del dolor ajeno (escenificada en esa fotografía que remite a la de la niña Kim Phuc ardiendo a causa del napalm en la guerra de Vietnam), la dudosa posición de las Naciones Unidas, la explotación por parte de occidente de los países en conflicto, el dolor y la desesperación son los mimbres ideológicos con los que Clua teje la base de esta Piel en llamas. Unas llamas que siguen ardiendo y dejan profundas heridas.

La piel en llamas
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Nombre del montaje: La piel en llamas

Disciplina: teatro contemporáneo

Director: José Luis Arellano

Autor: Guillem Clua

Reparto: José Luis Alcobendas, Helena Castañeda, Chani Martín, Marina Seresesky

Escenografía: José Luis Raymond
Iluminación: Juan Gómez-Cornejo
Vestuario y caracterización: Ikerne Giménez
Música y diseño de sonido: David Rodríguez Peralto
Movimiento escénico: Chevi Muraday
Producción: Centro Dramático Nacional

D�nde: Teatro María Guerrero. Sala de la Princesa

Direcci�n: Tamayo y Baus, 4. Madrid

Hasta: 06.05

Horario: De martes a sábado a las 19h. Domingos a las 18h.

Precio: 15€. Día del espectador reducción del 50%

Venta de entradas: www.servicaixa.com