EL PÚBLICO, una experiencia lorquiana en el Teatro Real

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Podéis encontrar mi reseña de la ópera El público que se acaba de estrenar en el Teatro Real, pinchando aquí, en la web de cultura de Notodo.com. Una espectáculo único y fascinante compuesta por Mauricio Sotelo y basada en la obra de Federico García Lorca que envuelve con su surrealismo al espectador.

LOHENGRIN, en el Teatro Real

lohengrin(Esta crítica fue publicada en la web de cultura Notodo.com con motivo del estreno de Lohengrin en el Teatro Real de Madrid. Para más información podéis hacer clic aquí y ver la reseña en la web de Notodo.)

LOHENGRIN, el canto del cisne.
Reseña por Miguel Gabaldón

“¡Mirad, mirad!, ¡qué extraño milagro!. ¿Cómo? ¿Es un cisne?. ¡Un cisne arrastrando una barca!. ¡Un caballero va en ella de pie!” A Gerard Mortier seguro le habría gustado que le compararan con el caballero del cisne. Llegó, luchó dejando una marca indeleble y completamente personal en la programación del Teatro Real y se ha vuelto a marchar. La primera ópera estrenada después del fallecimiento de más polémico director artístico que ha pasado por allí, Mortier, se trata del Lohengrin de Richard Wagner. A ex-director artírtistico le amaban igual que le odiaban (curiosa es la vida, que ahora parece que le adoraba todo el mundo), pero desde luego consiguió insuflar de vida al Real y logró que la prensa internacional fijara sus ojos en él. Y ahora se ha vuelto a marchar, cual Lohengrin, y todas las representaciones de este montaje serán en su honor.

Hay que decir que esta ópera no es uno de sus proyectos más arriesgados. La historia protagonizada por el caballero del Grial y su enamorada, la inocente dama Elsa, y su lucha contra la malvada Ortrud se ha enfocado desde un punto de vista eminentemente estético pero que no distrae de la música. La experiencia es espectacular, y parece que ha convencido a la mayoría del público del Real, algo que hace tiempo no pasaba. La verdad es que, si se quiere ver una ópera grandiosa, ésta sin duda es una oportunidad perfecta, ya que además por lo visto ésta de Wagner es la ópera con una presencia de coro más importante. Cierto es que, aunque no se haga ningún experimento (como esa Lady Di rediviva de Alceste), resulta lo suficientemente alejada del cartón piedra como para resultar atractiva a nivel estético para los fans de Mortier.

Y es que al fin y al cabo Lohengrin es una leyenda como dios manda, una historia en la que el componente mitológico adopta un papel primordial y traslada al espectador a un mundo de caballeros, damas virginales, brujas (o casi), cisnes voladores (que no se ven, menos mal, pero se imaginan) y magia. La lucha del mundo de la luz, encarnado por la inocente Elsa, contra la oscuridad (la muy malvada Ortrud) tiene lugar en esta ocasión en una especie de cueva atemporal. La escenografía ha sido concebida por el artista plástico Alexander Polzin (La conquista de México). Un impresionante cubo del tamaño del escenario del Real que acoge la acción. Se transforma así la escena en una especie de caverna subterránea de piedra basáltica, con vetas y orificios a través de los cuales entran y salen los personajes y los haces de luz. Una luz que tiñe las paredes y a los intérpretes de múltiples colores a lo largo de las más de cuatro horas de representación (que se ven con gusto). La propuesta estética es en cierto modo feísta, pero resulta absorvente. El juego lumínico, en colaboración estrecha con la escenografía y el vestuario conforman un todo de grises, morados y ocres en mutación permanente. El coro se empasta con el fondo pétreo y los personajes se mueven envueltos en unos ropajes (que bien podrían ser pijamas, la verdad, para qué vamos a engañarnos) muy poco espectaculares a primera vista, pero que con el uso del color y su combinación en el todo de la puesta en escena resultan mucho más que interesantes. Quién lo iba a decir.

El cisne no es un cisne, sino un cubo lumínico con una figura que se avista en su interior. Una de las pegas que podría ponerse a este Lohengrin es que el final despista ligeramente, ya que no se sabe muy bien quién o qué es exactamente esa escultura que una vez estuvo en interior del cubo/cisne, si Gottfried, Friedrich o un alien escuchimizado al que a partir de ahora deberán empezar a adorar todos (al friki de Iker Jiménez seguro que le encantaría esta versión de Lohengrin). Algunos se miraban en la sala con cara de “que alguien me explique esto, se lo ruego”. El caso, que la solución del cubo lumínico es bastante interesante (y logra esquivar el peligro de mostrar un plumífero en escena, que no es baladí) convirtiéndolo en algo mucho más simbólico y elegante. Asimismo la interpretación y el enfoque del director de escena Lukas Hemleb consiguen evitar que el relato se transforme en un cuento infumable, y por ejemplo la encargada de poner piel y voz a Elsa (Catherine Naglestad, quien se alternará en el papel con Anne Schwanewilms) consigue no caer en la cursilería más absoluta, con una evolución en su interpretación digna de elogio. Hartmut Haenchen dirige la orquesta y está recibiendo halagos por todas partes. Escuchar una música de tamaño magnitud (el adjetivo wagneriano existe por algo) en un decorado así es una experiencia tremenda (dejando aliens aparte). El caso es que este impresionante Lohengrin, telúrico y mítico, consigue trasladarnos con su canto del cisne (y en cierto modo el de Mortier) a su universo cavernoso, poético y fantástico. “¡El cisne! ¡Mirad cómo se acerca de nuevo…!”

M.G.

ALCESTE, dirigida por Krzystof Warlikowski. ¿Lady Di en el Teatro Real?

alceste(Esta crítica fue publicada en la web de cultura Notodo.com con motivo del estreno de Alceste en el Teatro Real. El director de escena Krzysztof Warlikowski la volvió a liar en el coliseo madrileño con una adaptación de la ópera de Glück en la que la protagonista era un trasunto de las mismísima Ladi Di. Para más información podéis hacer clic aquí y ver la reseña en la web de Notodo.)

ALCESTE. reseña por Miguel Gabaldón

An Interview with H.M. Alceste, Queen of Phères: Una proyección gigante con una recreación de la famosa entrevista que concedió Lady Di hablando sobre el fracaso de su matrimonio inunda la escena. Después, la obertura de Alceste, la ópera de Christoph Willibald Glück que ha vuelto a dividir al público del Teatro Real (tan aficionado a pataletas y abucheos varios, lo que siempre me parecerá, cuanto menos, llamativo). La culpa de los pitos: el director de escena Krzysztof Warlikowski, que la ha vuelto a liar. Después de su polémico Krol Roger (en mi opinión harto fascinante) y una viciosilla Poppea e Nerone de estética nazi, ahora nos presenta una tragedia de Eurípides haciendo de la protagonista un trasunto de Lady Di. Toma Jeroma pastilla de goma. ¿Cómo os habéis quedado? Muertos en la bañera. Pues sí. El polaco ha decidido añadir enjundia al asunto remodelando el retrato psicológico de la protagonista de esta ópera del s. XVIII con el drama interno de la princesa del pueblo (y no estamos hablando de la Esteban, que eso sí que sería de traca). Cierto es que en unos momentos funciona mejor y en otros peor este paralelismo inmolador, pero desde luego tiene mérito. La historia: Alcestes, esposa del rey Admète, decide sacrificar su vida a cambio de que el marido sobreviva. Una historia de amor que si se quedara en eso bien es cierto que podría resultar algo simplona, pero sin embargo en las manos de este malvado geniecillo polaco se convierte en el reflejo escénico de una mujer sola, muy sola, atada a su complejo de culpa y responsabilidad no escogida y en perpetua lucha consigo misma. Warlikowski convierte así esta ópera en un drama psicológico cantado. Y hay que reconocer que la soprano Angela Denoke echa los restos en escena dejándose la piel en una intensísima interpretación, demostrando sus dotes como actriz aparte de cantante (ahí ya que entren los expertos). Brava bravissima.

La puesta en escena se apoya en unas enormes proyecciones (les han cogido gustito en Real últimamente a las proyecciones, oye), explicitando el conflicto de esta buena mujer con unas muy potentes imágenes. La dramática música de Glück (dirigida por el que a partir de la temporada que viene será el director musical titular del Real, Ivor Bolton) se llena de contenido con estos personajes reales elegantemente vestidos, y transita entre el hospital donde Ladi Di/Alceste reparte su bondad (después de una rueda de prensa, mientras llora de dolor sabiendo que su marido está a punto de morir), una espléndida recepción real o esa polémica morgue en la que Warlikowski ha decidido situar el Hades. Un infierno repleto de muertos que se levantan con espasmódicos movimientos mientras intentan darse un poquito de amor. Pero el director no se contenta con esto, sino que ataca al padre de Admète en un sorprendente momento dialogado (en sintonía con la tragedia original) en el cual el rey reprocha a su padre el no sacrificarse por su propio hijo (habiendo obligado así a la mujer a hacerlo), convierte al héroe Hércules en un payaso (a quien por cierto se le recuerda el haber asesinado a su mujer e hijos) y al dios Apolo en una ridícula figura llena de purpurina. Es la degradación de los héroes y los dioses. Y puesta en escena deja así al descubierto la falsedad de un supuesto final feliz para acabar más trágicamente que nunca.

Y bueno, y antes de acabar, capítulo especial merece ese delirante momento en el cual la madre de Admète se pone a bailar flamenco (¡¡!!). Así, de repente, en el banquete en el que la pobre Alceste desvela que va a morir en el lugar de su esposo. Evidentemente la protagonista la mira con una cara que es un poema. Pero es que a partir de ese momento y durante un buen rato la buena señora no para de danzar. La mala leche de Warlikoswski se intuye aquí meridianamente. ¿Quiere decir que la Reina de Iglaterra podría haber sentido en su cuerpeciilo unas irrefrenables ansias de bailar sobre la tumba de Lady Di? Hagan sus apuestas. El caso, que este Alceste de influencias pop resulta lo suficientemente potente, original, freak, y polémico como para ser una propuesta muchísimo más que recomendable. Y es que parece increíble que meter a Lady Di en una ópera funcione. Pero oye, muy grande idea la de mezclar una tragedia clásica con otra contemporánea (aunque no sea una opinión generalizada). “¡Llora, oh nación! ¡Oh Thessalía! ¡Alceste va a morir…!

M.G.

LA CONQUISTA DE MÉXICO, en el Teatro Real. Artaud, Rihm y la colisión de culturas

Foto: Javier del real
Foto: Javier del real

 

 

Podéis encontrar mi crítica del espectáculo La conquista de México, que se ha estrenado en el Teatro Real de Madrid, en la web de cultura NOTODO.COM. En este enlace.

Foto: Javier del Real
Foto: Javier del Real