BABEL, en el Teatro Marquina. Infidelidades comunicadas

 

Para leer la crítica sobre el espectáculo Babel que se representa en el Teatro Marquina de Madrid, remito a mi reseña publicada originariamente en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar pinchando aquí.

Babel, un thriller emocional de Andrew Bovell, llega al Teatro Marquina

Hace unos años estrenaron una estupenda película australiana sobre las formas de la traición y la soledad de las parejas (como diría Dorothy Parker) llamada Lantana, dirigida por Ray Lawrence. Esa película se basaba en un obra de teatro, Speaking in tongues, del autor Andrew Bovell. Y ahora la adaptación al castellano (obra de Pedro Costa) llega con el nombre de Babel al Teatro Marquina de Madrid. El espectáculo se compone de dos partes diferenciadas pero interrelacionadas: la historia de dos parejas que se engañan a la misma hora el mismo día y las consecuencias de este hecho, y la historia de la desaparición de una mujer. Dos arcos argumentales fundamentales que marcan a nueve personajes interpretados por cuatro conocidos actores.

Tamzin Townsend (artífice de algunos de los últimos éxitos del teatro reciente, como Un dios salvaje o El método Gronholm) dirige el juego. En él, lo más llamativo es la estructura del texto: un puzzle con vasos comunicantes que trabaja en diferentes tiempos, en el que hay que estar ojo avizor para no perder los detalles que se van sembrando. La escenografía, con dos niveles y proyecciones (como imágenes de cámaras de seguridad que roban imágenes de la intimidad de los protagonistas) es estética y funciona bien. Pero, a pesar de estos elementos positivos, hay un problema fundamental: y es el ritmo. Porque se empieza potentísimamente con los cuatro actores en escena en un juego dialéctico de repetición y superposición de réplicas, un ejercicio tremendamente difícil y original que parece un mecanismo de relojería. Pero el ritmo decae de forma dramática en las intervenciones de a dos que siguen a continuación y algunas escenas se alargan en exceso. Hasta que cambiamos de bloque, de personajes y de tercio (ya que la primera parte posee puntos cómicos que la segunda no), con la historia de la mujer desaparecida, en la que de nuevo vemos a los cuatro actores juntos en escena. En este nuevo comienzo el intercalado de las réplicas de los personajes ayudan a dinamizar la narración de nuevo, y el suspense funciona como motor que despierta el interés. En este momento la función se convierte en ese thriller que se anunciaba.

Pero hay otro detalle a destacar, y es que, a pesar de que todos son buenos actores, las parejas no llegan a cuadrar. Pilar Castro y, en especial, Aitana Sánchez-Gijón hacen un recital interpretativo bastante interesante y se lucen más que sus compañeros, todo hay que decirlo. La mujer insatisfecha de la primera mitad de la función que interpreta Pilar Castro opuesta a su fría e inquietante mujer fatal que evita el compromiso de la segunda parte son interesantes caras de la misma moneda. Mientras que la elegancia de Aitana Sánchez-Gijón es perfecta para la exitosa pero frustrada esposa del inicio y explota un dramatismo estremecedor para la psicoanalista de la segunda parte que consigue impactar. Sin embargo, Pedro Casablanc y Jorge Boschresultan algo más planos en comparación con sus partenaires, y no logran dotar a sus personajes de las aristas y profundidad necesarias para que funcionen. Que, todo sea dicho, todo puede ser problema de una función en concreto o que con un poco más de rodaje se consiga superar estos problemas. El caso es que, partiendo del mismo material (el espectáculo es muy interesante para recuperar Lantana y hacer un ejercicio de comparación entre medios), al final del film uno acababa absolutamente destruido. Las situaciones e interpretaciones eran tan sutiles y creíbles que provocaban un terremoto emocional. Sin embargo, esta Babel no llega a esa intensidad. Cierto es que a nivel de estructura, la obra es mucho más interesante que la película. Pero tal vez esta apuesta apela más al cerebro que al corazón. Cuando podía acertar en ambos órganos.

A pesar de todo, el espectáculo sigue conservando su potencial como reflexión sobre la incapacidad de comunicación de muchas parejas, la frustración y la traición, con unos cuantos elementos muy interesantes. En palabras de Pedro Costa: Babel es una historia de parejas que se aman y matrimonios que han dejado de amarse, de personas que se quieren pero que se hacen daño, de hombres y mujeres que en bares de solteros buscan “sentir algo”, de mujeres que desaparecen y hombres sospechosos, de maridos adúlteros y esposas insatisfechas, de mujeres que bailan solas y hombres que ahogan su soledad en el mar. Todo ello material suficiente como para salir dándole vueltas a la cabeza.

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Nombre del montaje: Babel

Disciplina: Teatro contemporáneo

Director: Tamzin Townsend

Autor: Andrew Bovell

Adaptaci�n: Pedro Costa

Reparto: Aitana Sánchez Gijón, Pedro Casablanc, Jorge Bosch, Pilar Castro

Aydte. dirección: José Luis Sixto
Escenografía: Eduardo Moreno
Espacio Sonoro: Sandra Vicente
Vestuario: Nereida Bonmatí
Una producción de LAZONA, PEDRO COSTA, BITO PRODUCCIONS, MARCUS TEATRAL, PTC Y LA MANCUERNA TEATRO

D�nde: Teatro Marquina

Direcci�n: Prim, 11. Madrid

Hasta: Noviembre

Horario: De martes a jueves a las 20.30h. Viernes y sábados a las 20 y 22.30h. Domingos a las 19 horas

Precio: A partir de 2 0€

Venta de entradas: www.entradas.com

BORIS GODUNOV, en el Teatro Real. Un zar de segunda mano

Foto: Javier del Real

CRÍTICA

¿Por qué esa obsesión de modernizar sin venir a cuento? La intención de crear paralelismos con la sociedad actual, por otra parte absolutamente innecesaria (hay historias en las que salta a la vista sin necesidad de vestir de traje a los protagonistas), está creando una uniformización de las puestas en escena realmente peligrosa. Peligrosa por aburrida. Las características específicas de cada montaje, cada historia, cada ópera, que se ubica en un espacio-tiempo concretos, acaban confluyendo en un único concepto de vestuario único y propuestas terriblemente similares, que en ocasiones funcionan, y en ocasiones no. Como por ejemplo en este Boris Godunov que se acaba de estrenar en el Teatro Real. La historia de Boris Godunov, alzado zar después de la muerte de Iván el Terrible, sus conflictos internos por haber mandado asesinar al zarevich Dmitri para poder asumir él el poder, y la historia paralela de un hombre que decide hacerse pasar por el heredero muerto para derrocar a Boris, está considerada como una de las grandes óperas del repertorio internacional. Maravillosa a nivel musical por la espléndida partitura de Modest Musorgski, y especial por el hecho de que los verdaderos protagonistas son bajos y barítono.

Pero en esta ocasión, aun siendo musicalmente espléndida, en especial gracias a la dirección musical de Harmut Haenchen (quien dirigió hace poco también en el Real la brutal Lady Macbeth de Mtsenk) y a la labor del coro dirigido por Andrés Máspero, a nivel de puesta en escena deja bastante que desear, como han demostrado los abucheos en el estreno de hoy dirigidos al director de escena Johan Simmons. Una estructura inspirada en los edificios comunistas, de varias plantas y desconchada, es el escenario en el que se desarrolla toda la acción. Lo malo es que recuerda además a otro escenario visto hace poco, el de Elektra. En la segunda parte se cubre con unas inmensas telas y se agradece no ver esa estructura horrible por un rato. Hay una intención feista casi continuada que incide en la desesperación del pueblo ruso, su hambre y su pobreza, pero tal vez es excesiva. Además tampoco se aprovecha en exceso la estructura de varias plantas, excepto en determinados momentos que aparecen asomados los miembros del coro, o en el último acto de la revolución (ahí es bastante potente como imagen de destrucción). Una pasarela con particiones en su parte inferior se eleva o desciende a ras de suelo en determinados momentos del espectáculo y funciona para dar algo de animación al asunto, pero poco más hay. Hay especialmente algo que chirría, y es el movimiento del atrezzo por parte de los utileros en medio de las escenas (que son los utileros porque llevan las camisetas del Teatro Real, vamos), que, aunque los chicos hagan movimientos coreografiados y suficiente tienen ya con que les hagan salir a escena, queda muy fuera de lugar. La iluminación es bastante poco llamativa, y el vestuario es algo aparte: y es que hay un batiburrillo de estilos que no se sabe muy bien qué es lo que se pretende. En algunas declaraciones, Johan Simmons dice que no querían ubicar la acción ni en los 50 ni en los 80 ni en niguna época determinada porque era una historia universal. Cierto, muy bien. Pero realmente parece que viene dado por necesidades que van más allá de intereses artísticos. El presupuesto del Real se ha visto reducido de forma drástica desde que se decidió programar esta ópera hace tres años, y dado que aparecen 400 trajes para 82 cantantes, han tenido que recurrir a tiendas de ropa de segunda mano. Y la verdad es que se nota. Y a aquellos que hayan pagado 200 euros por su entrada para ver este espectáculo, pues lo mismo no les sienta muy bien porque se esperaban algo más.

El caso es que, en esta ocasión, no se ha logrado hacer de la necesidad virtud, como se suele decir. Y es una pena. Porque lo que podía haber sido un espectáculo grandioso se queda en algo que no llega a convencer. No quiero ni imaginar lo que podía haber sido esto con una puesta en escena en condiciones. Porque a nivel musical no hay pega ninguna, con mención especial, en cuanto a los intépretes, para el monje Pimen del bajo Dmitry Ulyanov (aplaudidísimo en el estreno), el estremecedor inocente de Andrey Popov y, por supuesto, el espectacular Boris del protagonista, Günther Groissböck. Además de la gran labor, como ya se ha dicho antes, del coro (también el de pequeños cantores de la Jorcam), que tiene una presencia fundamental a lo largo de esta ópera, como figura del pueblo, manipulado por unos y otros hasta su rebelión (aunque no se tenga muy claro de si sirve para algo o no). El inocente al que todos maltratan ya lo dice al final: Brotad, lágrimas amargas… Pronto vendrá el enemigo y caerá la oscuridad… Llora, hambriento pueblo ruso. El tonto es el único que ve la realidad: por mucho que cambien los dirigentes, todo seguirá igual. Algo que suena a conocido, ahora y en la Rusia zarista, por lo visto. El caso es que tal vez, si no se podía hacer en condiciones, se tenía que haber recurrido a otra pieza menos ambiciosa a nivel de medios para abrir la temporada y esperar a que pasen las vacas flacas para montar una ópera de este porte. Pero claro, según vamos, lo mismo las vacas, de flacas, desaparecen… Y ni Boris de época, ni actual, ni nada de nada…

 FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA:

Ópera en diez escena de Modest Musorgski. Libreto del compositor basado en el drama histórico homónimo de Alexander Pushkin y el libro de Nikolai Karamzin “Historia del imperio ruso”
FICHA ARTÍSTICA
Director musical: Hartmut Haenchen
Director de escena: Johan Simons
Escenógrafo e iluminador: Jan Versweyveld
Director del coro: Andrés Máspero

REPARTO
Boris Godunov: Günther Groissböck (barítono)
Fiódor, su hijo: Alexandra Kadurina (mezzosoprano)
Yenia, su hija: Alina Yarovaya (soprano)
La nodriza de Yenia: Margarita Nekrasova (mezzosoprano)
El príncipe Chuiski: Stefan Margita (tenor)
Andrei Chelkalov: Yuri Nechaev (barítono)
Pimen, monje historiador: Dmitry Ulyanov (bajo)
Grigori (el falso Dimitri): Michael König (tenor)
Marina Mnishek: Julia Gertseva (mezzosoprano)
Rangoni, jesuita: Evgeny Nikitin (bajo)
Verlaam, monje: Anatoli Kotscherga (bajo)
Misaíl, monje: John Easterlin (tenor)
La tabernera: Pilar Vázquez (mezzosoprano)
El idiota: Andrey Popov (tenor)
Nikitich, un oficial de policía: Károly Szemerédy (bajo)
Mitiushka: Fernando Radó (bajo)
Un boyardo de la corte: Antonio Lozano (tenor)
El boyardo Kruschov: Tomeu Bibiloni (tenor)
Levitski: Ángel Rodríguez (bajo)
Chernikovski: Rodrigo Álvarez (bajo)
Pequeños Cantores de la JORCAM

LOS CONSERJES DE SAN FELIPE, en el Teatro Español

 

Para leer la crítica sobre el espectáculo Los conserjes de San Felipe que se representa en el Teatro Español de Madrid, remito a mi reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar pinchando aquí.

El Teatro Español acoge al CDN con la obra Los conserjes de San Felipe

Da algo de perecilla acercarse al teatro a ver esta obra. Sí, hay que reconocerlo. El título no es demasiado atractivo y el tema (ambientado en Cádiz durante la elaboración de la Constitución de 1812) no parece que vaya a ser demasiado animado. ¡Error! ¡Total! Los conserjes de San Felipe, obra de José Luis Alonso de Santos, parte de la programación del Centro Dramático Nacional (pero que se estrena en el Teatro Español), es un espectáculo realmente muy recomendable, ágil, divertido, fresco, y que nos hace ver que las cosas no han cambiado tanto en doscientos años.

La historia es un mural de personajes entremezclado con el conflicto de la guerra contra los franceses y la Constitución de Cádiz. Los protagonistas, los conserjes y mujeres de la limpieza de San Felipe Neri, donde se encuentra el citado texto constitucional, deciden secuestrar el librito de tapas rojas en cuestión para pedir a los diputados que les paguen lo que se les debe desde hace año y medio. También nos encontramos con una historia de amor entre la hija de un diputado y un guerrillero (del cual a la vez está enamorado otro guerrillero aficionado al cante) o con una mujer encantada de que el obispo de Orense le haya dejado embarazada. Todo salpicado con números musicales carnavalescos y/o copleros que amenizan el transcurso de la representación. Doce actores interpretan más de cuarenta personajes en un ir y venir de pelucas y cambios de vestuario que no dan respiro, entre chanza y chanza. Un joven grupo de actores que sale del nuevo espacio de creación teatral que el CDN ha puesto en marcha esta temporada, La vía del actor del Laboratorio Rivas Cherif, en el que los intérpretes colaboran activamente (y con tiempo, eso en ocasiones tan escaso) en el proceso de la puesta en pie de la obra. Y la verdad es que, visto lo visto, parece que el método funciona. Porque los doce actores que se ven sobre las tablas forman un conjunto realmente efectivo y transmiten una energía, ilusión y ganas de trabajar tremendas.

En cuanto a la temática, realmente toda la obra gira alrededor de la importancia del pueblo y de cómo es ninguneado sistemáticamente (os suena, ¿no?). Las alusiones a la actualidad vestidas de época no son baladí. Por ejemplo los momentos en que una de las intérpretes se arranca a cantar casi en plan saeta cómo sobran diputados, ministros, asesores y asesores de los asesores no tiene precio. Todo está recubierto de una pátina cómico-absurda que funciona realmente bien y hace ágil y dinámico un tema que, tratado de otra manera, podría resultar soporífero hasta extremos espeluznantes (imagino una chapa histórica, con lo poco aficionado que soy, y se me ponen los pelos como escarpias). Sin embargo, el texto de Alonso de Santos (artífice también de, por ejemplo, Bajarse al moro) confeccionado para el aniversario de los doscientos años de La Pepa, la puesta en escena de Hernán Gené (que deja el entramado teatral a la vista) y la colaboración de este estupendo grupo de jóvenes actores consiguen una velada realmente entretenida. Una forma diferente de ver la historia. Como dice el autor “los protagonistas de San Felipe son seres humildes a los que de pronto se les cae la Historia encima”. Pero que no pierden el buen humor. Una excusa perfecta para, de paso, lanzar unas cuantas pullitas a la política actual.

Los conserjes de…
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Nombre del montaje: Los conserjes de San Felipe

Disciplina: Teatro contemporáneo

Director: Hernán Gené

Autor: José Luis Alonso de Santos

Reparto: Esther Acevedo, Juan Ceacero, Beatriz Dávila, Óscar de la Fuente, Miguel Ángel Jiménez, Carlos Martos, Francisco Pacheco, Jorge Quesada, José María Sánchez Rey, Belén de Santiago, Genoveva Santiago, Rebeca Valls

Escenografía y vestuario: Pepe Uría
Iluminación: José Manuel Guerra
Música y sonido: Juan Bellia
Movimiento escénico: María Cabeza de Vaca
Una producción del CDN

D�nde: Teatro Español

Direcci�n: Príncipe, 25. Madrid

Hasta: 14.10

Horario: De martes a sábado 20h. Domingos 18h.

Precio: De 4 a 22 €. Martes, miércoles y jueves 25% dto.

Venta de entradas: www.telentrada.com

¿QUIÉN TEME A VIRGINIA WOOLF?, dirigida por Daniel Veronese. El gran juego del dolor marital

 

Para leer la crítica sobre el espectáculo ¿Quién teme a Virginia Woolf? que se representa en el Teatro La Latina de Madrid, remito a mi reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar pinchando aquí.

Llega la magnífica ¿Quién teme a Virginia Woolf? al Teatro La Latina

Who’s afraid of the big bad woolf, the big bad woolf, the big bad woolf…? ¿Y si el lobo feroz estuviese en casa? ¿Justo enfrente de ti? Señores y señoras, ha llegado al Teatro de la Latina el montaje ¿Quién teme a Virginia Woolf?, el brutal texto de Edward Albee dirigido por Daniel Veronese. Y es que es un acontecimiento, porque todo hijo de vecino debería ver esta obra por lo menos una vez en su vida para sufrir un poquito. Y ésta es una oportunidad perfecta. Es imposible olvidar la película de Mike Nichols con Elisabeth Taylor y Richard Burton(no les valía con tener sus trifulcas fuera de la pantalla y necesitaban despellejarse también dentro), obra cumbre cinematográfica del patetismo marital. También recuerdo la última vez que se vio sobre las tablas en nuestro país, en el 99, en un montaje del desaparecido Adolfo Marsillach. Con él y Nuria Espert como protagonistas, acompañados por Pep Munné y Marta Fernández-Muro (que, casualidades del destino, estaba sentada justo delante de mí en el día del estreno de esta versión, qué cosas). Aquella era una adaptación diferente de la que nos encontramos ahora. Era más fría y cerebral, en la que además influía la edad de los protagonistas. Y ahora tenemos ésta, que viene desde Barcelona, con el cambio del catalán por el castellano y de Emma Vilasarau por Carmen Machi. Me habría gustado ver esta anterior, porque Vilasarau me parece una actriz espléndida. Pero el caso, y centrándonos en la que nos ocupa: se puede decir que nos encontramos ante uno de los montajes de la temporada. Qué tendrán estos textos americanos, que saben sacar lo peor de la humanidad de forma tan perfecta. Tennessee Williams, Eugene O’Neill… O la misma Tracy Letts, cuyo Agosto maravilló la temporada pasada (también con Carmen Machi, por cierto). El caso es que son textos en los que las miserias de los personajes salen a la luz de la forma más horrible, en forma de diálogos mordaces que se clavan como puñales y se lanzan unos personajes a otros hasta que el escenario acaba cubierto de sangre (a veces metafóricamente, a veces no). Hasta que acaban extenuados y vacíos. Y esto es ¿Quién teme a Virginia Woolf?

La obra comienza en una noche ambientada en los años sesenta, con un matrimonio de mediana edad, George y Martha, cínicos amantes de las discusiones y los juegos crueles, que reciben a otra pareja más joven (y en apariencia inocente) después de haberse conocido en una fiesta organizada por el padre de Martha, rector de una universidad y jefe de ambos maridos. Los cuatro pasarán juntos toda la madrugada, hasta los primeros rayos del sol. El alcohol regará sus venas, su hipocresía y sus penas. El humo de los cigarrillos cegará sus ojos para poder atacar a diestro y siniestro sin remordimientos. Y las palabras volarán como armas arrojadizas. Y se descubrirá la verdadera cara de todos ellos.

La puesta en escena de Veronese (uno de los directores argentinos de moda) es naturalista a más no poder, desde la interpretación de los actores hasta el decorado de la casa o el ese atrezzo que están continuamente arrojando y tirando por el suelo los actores. Todo respira realismo. Incluidas las caídas o conatos de violencia. Los personajes se pisan los diálogos, se gritan y hacen todo lo que tiene que hacer para que resulten creíbles. Dentro de lo extremo, extremísimo de la situación, y de que a algunos pueda resultar extraño que la pareja visitante no salga corriendo como alma que lleva el diablo. Pero la verdad es que no pueden. Están encerrados allí y hasta que no termine esta ceremonia catártica no podrán escapar. Además de que están borrachos como cubas, que la anfitriona es la hija del jefe y que cualquiera intenta irse con lo bestias que son los otros dos, claro. Ivan Benetinterpreta a Nick, el marido de la pareja visitante, un joven apuesto y trepa que poco apoco irá desvelando su verdadera personalidad. Mireia Aixalá es Honey, una inocente y frágil chiquilla que no puede parar de vomitar, una dolorosa imagen peterpanesca. Y ellos dos son machacados (tal vez necesariamente) por la pareja protagonista: un inmenso, absolutamente fantástico Pere Arquillué que interpreta a George, y una no menos maravillosa Carmen Machi (hiperactiva laboralmente hablando y ya imprescindible de la escena actual). Los dos (bueno, los cuatro, espléndidos todos) regalan una lección de interpretación que hace pasar de la carcajada al estremecimiento de forma magnífica en esa vorágine de alcohol, cinismo, ironía y verdad que se ve sobre las tablas. Tal vez esta adaptación haya aprovechado más que otras la vertiente cómica, encontrando muy efectivos puntos de (incómoda, dolorosa) risa. Y así el ritmo del espectáculo no decae en ningún momento. Todo lo contrario, es como una locomotora. Y es que el inteligentísimo texto de Albee ya de por sí es magistral, lleno de réplicas y frases demoledoras. Una radiografía de los problemas de una sociedad en decadencia, reflejados en una relación podrida. ¿Pero podrida por qué motivo? La comprensión final tal vez hace todo más duro todavía. Y es que, a pesar de todo, los personajes son dolorosamente humanos (aunque de repente suene Sigur Rós y nos despiste ligeramente con un etéreo tema). El caso es que con un texto así es muy difícil defraudar, pero se necesitan unos pedazo de actores que se dejen la piel en el escenario para lograr elevarlo al nivel que se merece. Y en esta ocasión lo han conseguido. Sin duda. Así que corriendo a por la entrada, que no estará en cartel durante mucho tiempo. Que luego vendrá el llanto y el crujir de dientes por no haber podido verla. Dicho queda.

¿Quién teme a…
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Nombre del montaje: ¿Quién teme a Virginia Woolf?

Disciplina: Teatro contemporáneo

Director: Daniel Veronese

Autor: Edward Albee

Reparto: Carmen Machi, Pere Arquillué, Mireia Aixalá, Ivan Benet

Ayte de dirección: Raimon Molins
Escenografía: Sebastiá Brosa
Vestuario: Mercé Paloma
Iluminación: Txema Orriols
Espacio sonoro: Damien Bazin
Caracterización: Toni Santos
Una producción de Teatre Romea

D�nde: Teatro La Latina

Direcci�n: Pza. de la cebada, 2

Hasta: 12.10

Horario: De martes a viernes a las 20.30h. Sábado a las 18.30 y 21.30h. Domingo a las 19h.

Precio: 18 a 28 €

Venta de entradas: www.telentrada.com

GAVIOTAS SUBTERRÁNEAS, de Alfonso Vallejo, en el Teatro Español

 

Para leer la crítica sobre el espectáculo Gaviotas subterráneas que se representa en la sala pequeña del Teatro Español de Madrid, remito a mi reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar pinchando aquí.

El juego psicológico Gaviotas subterráneas, de Alfonso Vallejo, llega al Teatro Español

En el mercado de la vida, la inmoralidad cotiza alto. ¿Por qué no traficar también con la muerte? Es una frase del director Carlos Vides que establece el punto de partida de la obra Gaviotas subterráneas, de Alfonso Vallejo, que podemos ver en la sala pequeña del Teatro Español. La obra de Vallejo pone frente a frente a dos amigos de la infancia. Nino, un hombre al que le gustan los negocios turbios propone a su antiguo compañero Mario un plan infalible: desenterrar un cadáver que podría ser el doble de Nino para simular su muerte y cobrar así el dinero del seguro de vida que luego repartirán.

Traición, venganza, hipocresía, mentiras y más mentiras son el caldo de cultivo de este texto en el que el grupo de Teatro Zascandil pone sobre un ring (simbólica escenografía que representa la casa en la que sucede toda la acción, un cuadrilátero con un fondo de bolsas de basura humeante) a los dos actores: Chema Adeva (a quien hace poco pudimos ver en la fantástica Elling) y Fernando Romo. Romo hace una caracterización que inmediatamente repele al espectador, un granuja bravucón del que no te puedes fiar. Algo totalmente contrapuesto al personaje de Mario, al que la quebradiza fisonomía de Adeva le va al pelo. Eternamente pisoteado y humillado por Nino, aún así presta atención a este plan demencial. Entonces asistiremos a un juego psicológico lleno de puntos de giro en que nada es lo que parece. Los dos actores hacen buen trabajo (con mención especial para Adeva, aunque también es cierto que es con quien se identifica el público, que quieras que no, ayuda) y con la dirección de Carlos Vides se transforma en una dinámica lucha continua en la que nunca se pierde el interés.

Los actores se pisan los diálogos continuamente, y eso es un detalle que ayuda a dinamizar el juego de réplicas. Un texto heredero de historias clásicas de novela negra, tipo la hitchcockiana Extraños en un tren, pero que también es una reflexión sobre dónde están los límites, personales y sociales, en un momento en el que todos somos depredadores. O no. Porque aparte de una crítica social y una historia de suspense, Gaviotas subterráneas también es (y ante todo es) una historia de amistad. De esas amistades que no llegan a ser buenas del todo. Inconvenientes pero inevitables, que cualquiera podría tener (salvando las distancias, claro). Que, por unos motivos o por otros, no es fácil apartar de tu vida y siempre tendrás la esperanza de que cambien, que resurja disparada desde el subsuelo esa amistad, superando todos los obstáculos, como esas gaviotas subterráneas a las que hace referencia el título.

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Nombre del montaje: Gaviotas subterráneas

Disciplina: Teatro contemporáneo

Director: Carlos Vides

Autor: Alfonso Vallejo

Reparto: Chema Adeva y Fernando Romo

Ayte. dirección: Marta P. Luis
Vestuario y Espacio escénico Curt Allen Wilmer
Imagen Fernando Suárez
Iluminación y sonido Toni Sánchez
Una producción de Grupo Teatro Zascandil, S.L.Unip. y ayuda a la producción Comunidad de Madrid

D�nde: Teatro Español. Sala Pequeña

Direcci�n: Príncipe, 25. Madrid

Hasta: 28.10

Horario: De martes a sábado 20.30h. Domingos 19h.

Precio: Martes, miércoles y jueves 13 €. Viernes, sábados y domingos 18 €

Venta de entradas: www.telentrada.com

 

SHIRLEY VALENTINE, con Verónica Forqué, en el Teatro Maravillas

 

Para leer la crítica sobre el espectáculo Shirley Valentine que se representa en el Teatro Maravillas de Madrid, remito a mi reseña publicada originariamente en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar pinchando aquí.

Verónica Forqué es Shirley Valentine en el Teatro Maravillas de Madrid

Verónica Forqué o la eterna sonrisa. ¿Alguna de nuestras actrices tiene una sonrisa más característica? ¿Y más permanente? ¿Cómo puede ser eso? ¿Acaso es un experimento genético? El caso es que la actriz de la eterna sonrisa protagoniza la obra Shirley Valentine, que después de más de cien representaciones por toda España ha llegado al Teatro Maravillas de Madrid. Y el caso también es que, aparte de enseñarnos ese gesto tan característico suyo, nos regala un catálogo de recursos maravilloso que hace que caigamos rendidos a sus pies sin poder evitarlo. Porque la Forqué es Shirley Valentine y Shirley Valentine es Verónica Forqué. Una delicia de espectáculo. Un monólogo en el que este personaje, una ama de casa frustrada de Liverpool (que igualmente podría ser de Moscú o de Cuenca) va desgranando sus historias con infinita ternura, hablando con la pared de su casa (¿Verdad, pared?) porque no tiene nadie más con quien conversar. Una mujer súbitamente ilusionada como un niño con zapatos nuevos ante la posibilidad de un viaje a Grecia con su ultrafeminista amiga Joana.

El marido que una vez fue un compañero pero ahora es un bestia, la hija insufrible, el hijo okupa, las vecinas cotillas… Todos los personajes van pasando por escena sin necesidad de más actores, sólo gracias a la carne y la voz de la Forqué, que se transforma en unos y otros en un maravilloso trabajo de interpretación con el que la actriz se mete al público en el bolsillo. Una labor magnífica, que logra transformar la complejidad en naturalidad apabullante y la tristeza en risa. El descubrimiento del clítoris (“por culpa de Sigmun Frou llevamos toda la vida cogiendo un autobús que creíamos que llevaba a Manchester… ¡pero no llevaba a Manchester!“) u otras frases míticas como “el sesso es como las rebajas: mucho empujón, mucho sudar, pero al final lo que te llevas pues tampoco era para tanto” convierten las frustraciones vitales de esta mujer en chistes. Porque sobre todo hace reír, pero también emociona. Siempre hay un poso de tristeza en el fondo, aunque poco a poco y gracias a un viaje físico y emocional va desapareciendo para descubrir una protagonista nueva: que ya no quiere ser más Shirley Smith (su apellido de casada) sino Shirley Valentine de nuevo. La obra de Willy Russell, que fue llevada al cine en los ochenta, nominando a su actriz protagonista Pauline Collins al Oscar, es adaptada por Nacho Artimeintroduciendo algunos elementos actualizadores (internet y demás) que cuadran bien y dirigida por Manuel Iborra (esposísimo de la protagonista y del que hace poco pudimos ver su agradable Orquesta Club Virginia) de forma sencilla y clásica para que todo el peso caiga (y en este caso es sin duda la opción correcta) sobre la actuación de la Forqué. Da un toque de realismo absolutamente fantástico, por ejemplo, el que la protagonista cocine unos polémicos huevos con patatas en directo, llenando la sala de un olorcito rico rico a comidita buena. Y es que en esencia lo que nos dice la obra es que hay que vivir la vida y aprovechar las oportunidades que se nos pongan por delante.

Shirley Valentine es cualquier ama de casa frustrada de cualquier rincón del mundo. Seguro que hay identificaciones a cascoporro en el patio de butacas. Pero no solo de amas de casa, sino de cualquiera que crea que está desperdiciando su vida. El mayor logro de este espectáculo es que, a través de la sencillez y la sonrisa (sí, gracias a esa sonrisa de la Forqué), llega al corazoncito de los espectadores y se queda ahí durante un buen rato. Que toca la patata, vamos.

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Nombre del montaje: Shirley Valentine

Disciplina: Teatro contemporáneo

Director: Manuel Iborra

Autor: Willy Russell

Adaptaci�n: Nacho Artime

Reparto: Verónica Forqué

Música: Luis Mendo y Bernardo Fuster
Diseño de vestuario: Juan Ortega
Diseño de iluminación: Nicolás Fischtel
Diseño de escenografía: Andrea D’Odorico
Producción
: Carlos Lorenzo

D�nde: Teatro Maravillas

Direcci�n: Manuela Malasaña, 6. Madrid

Hasta: Noviembre

Horario: De miércoles a viernes a las 20h. Sábados 19h y 22h. Domingos 20h.

Precio: 25 € / Miércoles (día del espectador) 20 €.

Venta de entradas: www.entradas.com

NADIE VERÁ ESTE VÍDEO, en el Teatro Valle-Inclán. Preguntas sin respuesta

 

Para leer la crítica sobre el espectáculo Nadie verá este vídeo que se representa en el Teatro Valle-Inclán, remito a mi reseña publicada en la web de cultura NOTODO.COM, que se puede encontrar pinchando aquí.

El Centro Dramático Nacional abre temporada con Nadie verá este vídeo, de Martin Crimp

-¿Me está grabando? -Sí, pero no se preocupe, nadie verá este vídeo, dicen una mujer, entrevistada para una encuesta sobre los hábitos de consumo, y el responsable de la entrevista. Esta frase es la que da título a la obra Nadie verá este vídeo de Martin Crimp, que abre la temporada del Centro Dramático Nacional en el Teatro Valle-Inclán. El texto, con tintes a lo Harold Pinter, es una mezcla entre drama y comedia, de estructura fragmentada y cierto aire extraño e inquietante en la que los personajes hablan y hablan, desvelando sus intimidades sin querer. La obra, una crítica a la sociedad de consumo, ambientada en el Londres de 1991 (época de cambios sociales que iban introduciendo de forma inexorable el capitalismo más feroz), trata sobre nueve personajes (interpretados por seis actores) cuyas vidas se entrecruzan directa o indirectamente a causa del tema de estas encuestas.

La puesta en escena de la directora Carmen Portaceli (cuya última obra en este mismo teatro, Prometeo, no llegó a convencer) incluye proyecciones que funcionan bastante bien para este mundo tan visual en el que nos movemos, y apuesta por un minimalismo y escenografía conceptual, con seis cabinas de teléfonos que los personajes utilizan a veces como entradas y salidas, a veces como cárceles, que ponen sobre la mesa la idea de la incomunicación de estos personajes y de la sociedad en general. Un paso de cebra cruza el escenario, imagen de tránsito, de cruces de destinos sin pararse a ver quién se tiene enfrente en realidad. Un sofá, una cama y algunas sillas son los otros únicos elementos escenográficos con los que juegan los personajes. Unos personajes representados por unos actores que son lo mejor de la función, con mención especial para la pareja de más peso: Gabriela Flores, con una evolución bastante interesante dentro de la obra, y Francesc Garrido que se luce en su personaje de inquietante entrevistador. También se desenvuelven realmente bien las dos componentes más jóvenes del reparto, María Rodríguez y Diana Torné. Pero aunque los actores hagan bien su trabajo y el espectáculo en sí sea entretenido, no se puede evitar acabar con una sensación de que hay algo que no ha funcionado. El texto parece que no llega a ningún lado, a pesar de (o precisamente por) querer reflexionar sobre temas profundos y de calado como la lucha entre la cara pública y la íntima de las personas, la incomunicación o el consumismo. Además la conceptualidad de la puesta en escena tal vez resulte demasiado obvia. Ésta supuestamente es una obra en la que las palabras pretenden no decir lo que en realidad está sucediendo por dentro, no desvelar la tristeza de los personajes. Pero parece que esa tristeza se ve y se explicita (por el autor, realmente) desde el minuto uno. El principal problema es un texto que, aunque bien elaborado en cuanto a diálogos y escenas, esperas que acabe de alguna forma que te sorprenda o que le dé coherencia y mayor sentido al conjunto. Pero esto es algo que nunca llega. Haciendo memoria, la verdad es que otro texto de Martin Crimpque se pudo ver hace un tiempo también en el Valle-Inclán, Cruel y Tierno, tampoco llegaba funcionar del todo. El caso es que este Nadie verá este vídeo deja algo frío, y los tibios aplausos del estreno dieron muestra de ello. Aún así, da para hacer un debate interesante post-función y reflexionar sobre la sociedad en la que nos movemos. Que nunca viene mal.

Nadie verá este vídeo

+ INFO

Nombre del montaje: Nadie verá este vídeo

Disciplina: Teatro contemporáneo

Director: Carme Portaceli

Autor: Martin Crimp

Adaptaci�n: Joan Sellent

Reparto: Gabriela Flores, Francesc Garrido, Albert Pérez, María Rodríguez, Martí Salvat, Diana Torné

Espacio escénico: Paco Azorín
Vestuario: Marta Rafa
Iluminación: María Domenech
Música y espacio sonoro: Jordi Collet “Sila”
Coreografía y movimiento escénico: Ferran Carvajal
Audiovisuales: Pedro Chamizo
Caracterización: Toni Santos
Una coproducción del CDN, Grec 2012 y FEI

D�nde: Teatro Valle-Inclán

Direcci�n: Hasta el 14.10
Teatro Valle-Inclán. Madrid

Hasta: 14.10

Horario: De miércoles a sábado a las 20.30h. Domingos 19.30h.

Precio: De 16 a 20 €. Día del espectador: 50% descuento

Venta de entradas: www.entradasinaem.es